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El vapor que no se ve: lo que sabemos del vaper en 2026
Una de cada dos personas jóvenes en España ha probado el cigarrillo electrónico. El debate sobre su riesgo real sigue abierto, pero los datos de consumo ya no dejan margen para la indiferencia.

Una persona sostiene cuatro cigarrillos y un vapeador. / APAAC
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Llegaron al mercado presentados como una herramienta para dejar de fumar. 20 años después, los vapers se han convertido en el producto de inicio al consumo de nicotina para millones de adolescentes en todo el mundo. España está por encima de la media europea en consumo juvenil y el debate científico sobre su toxicidad sigue sin resolverse del todo. Este artículo recoge lo que la evidencia disponible dice, desde ambos lados del argumento.
Un invento chino con 60 años de prehistoria
El cigarrillo electrónico moderno tiene un padre conocido: Hon Lik, farmacéutico chino que en 2003 patentó un dispositivo que calentaba un líquido con nicotina para producir aerosol sin combustión. Su motivación era personal: había perdido a su padre por cáncer de pulmón atribuido al tabaco y él mismo fumaba más de dos paquetes al día. La empresa Ruyan comenzó a comercializarlo en China ese mismo año.
A finales de los años 2000, el invento de Hon Lik llegó a Europa. En España comenzaron a conocerse alrededor de 2009. El boom llegó en la primera mitad de los años 2010, con cientos de vapeshops abriendo por todo el país. En 2017 entró en vigor la regulación europea mediante la Directiva 2014/40/UE (TPD), que estableció límites de nicotina, normas de etiquetado y requisitos de seguridad.
La última generación del producto son los pods desechables: dispositivos del tamaño de un USB, con más de 16.000 sabores identificados por la OMS, que se venden entre seis y diez euros y se desechan cuando se agotan. Son los que han conquistado a los adolescentes.
¿Qué contiene exactamente un vaper?
La composición básica del e-líquido está regulada en la Unión Europea desde 2017: propilenglicol, glicerina vegetal, aromas y, opcionalmente, nicotina (con un máximo legal de 20 miligramos por mililitro). Lo que cambia al encender el dispositivo es lo que ocurre cuando ese líquido se calienta.
Los principales ingredientes —propilenglicol y glicerina vegetal— se consideran seguros por vía oral, pero su inhalación repetida es una vía de exposición diferente. Investigadores de la Universidad de Carolina del Norte comprobaron que, incluso en ausencia de nicotina o saborizantes, pequeñas dosis de ambos compuestos reducían el crecimiento celular en las muestras analizadas. Los saborizantes, en particular, acumulan evidencias de daño en las vías respiratorias pequeñas.
El Ministerio de Sanidad de España señala expresamente que los vapeadores «contienen sustancias químicas que pueden resultar perjudiciales para la salud humana» y que «los efectos a largo plazo de la inhalación de estos compuestos no están suficientemente estudiados». La FDA estadounidense, que ayudó a financiar el estudio de Carolina del Norte, regula los cigarrillos electrónicos como productos de tabaco desde 2016.
Vaper vs. tabaco: la comparativa que divide a la ciencia
El tabaco es causa directa de 13 tipos de cáncer (IARC) y responsable de unas 50.000 muertes anuales en España. La pregunta relevante no es si el vaper es peligroso, sino cuánto lo es comparado con él. La respuesta está en la física: el tabaco se quema a más de 800 grados y genera más de 4.000 compuestos, incluyendo alquitrán, monóxido de carbono y más de 70 carcinógenos. El vapeador calienta el líquido entre 180 y 250 grados sin combustión, lo que elimina esas sustancias, pero produce un aerosol cuyos efectos a largo plazo siguen sin estar suficientemente documentados. Según Public Health England, los niveles de carcinógenos son entre 9 y 450 veces inferiores a los del tabaco —aunque esa cifra, ampliamente citada, proviene de un trabajo de 2014 basado en opinión de expertos, no en evidencia experimental directa.
La cifra que más circula en el debate público es que el vapeo es «un 95% menos dañino» que fumar. Proviene de un trabajo publicado en 2014, encargado por Public Health England, cuya metodología ha sido cuestionada por no basarse en evidencia experimental directa, sino en la opinión de expertos. El NHS británico y el Royal College of Physicians la han utilizado en sus comunicaciones institucionales.
En el lado opuesto, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) advierte que múltiples estudios independientes demuestran que los líquidos del vaper generan «daño respiratorio y exacerban enfermedades respiratorias que pueden producir deterioro de la función pulmonar». El Ministerio de Sanidad español señala que la eficacia del vaper como herramienta para dejar de fumar «no ha sido demostrada» y la OMS lo clasifica como producto dañino que debe regularse de forma estricta.
La revisión Cochrane de 2024 —considerada el estándar de oro en síntesis de evidencia médica— concluyó que los cigarrillos electrónicos con nicotina ayudan a dejar de fumar con mayor eficacia que la terapia de sustitución convencional (parches, chicles) en adultos fumadores ya motivados para abandonar el hábito. El ensayo aleatorizado publicado en New England Journal of Medicine en 2019 (Hajek et al.) obtuvo un 18% de abstinencia al año en el grupo de vapers frente al 9,9% en el grupo de terapia sustitutiva.
Un estudio prospectivo de 3,5 años de la Universidad de Catania no detectó cambios significativos en la función pulmonar de usuarios diarios de vaper que nunca habían fumado —aunque con solo nueve participantes. El mismo grupo publicó en 2025 mejoras en capacidad aeróbica en exfumadores que cambiaron completamente al vaper en doce semanas. Datos prometedores, pero aún con seguimientos cortos para extraer conclusiones definitivas.
Las dos posiciones del debate
El debate tiene dos polos institucionales bien definidos. El NHS británico utiliza el vapeo en clínicas de cesación tabaquítica para fumadores que no pueden abandonar el hábito; la revisión Cochrane 2024 respalda esa posición al concluir que los vapers con nicotina son más eficaces que los parches o chicles en adultos motivados para dejarlo. En el polo opuesto, la OMS lo clasifica como producto dañino que requiere regulación estricta y el Ministerio de Sanidad español no avala su uso como herramienta de reducción de riesgo. Hay un punto en el que ambas posiciones coinciden: el uso dual —vaper y tabaco simultáneamente, el patrón más frecuente en adolescentes españoles— no es una opción intermedia, sino un riesgo acumulado: el riesgo de ictus en usuarios duales es 2,91 veces mayor que en no fumadores.
El problema que no tiene debate: los adolescentes
Hay un punto en el que las dos posiciones convergen: los vapers no deberían llegar a quienes nunca han fumado, y menos a menores de edad. El problema es que lo están haciendo, a una escala que supera todas las proyecciones anteriores.
Los datos de la encuesta Estudes 2025 del Ministerio de Sanidad —realizada entre 35.256 estudiantes de enseñanzas secundarias en España— son los más recientes. El 49,5% de los jóvenes de 14 a 18 años ha utilizado cigarrillos electrónicos alguna vez en la vida; el 27,1% los ha consumido en el último mes. España supera la media europea (44% y 22%, respectivamente), según el análisis del Grupo Español de Cáncer de Pulmón (GECP) comparado con los datos Espad.
La encuesta Edades 2024 del Plan Nacional sobre Drogas amplía el marco a la población adulta: el 19% de personas de 15 a 64 años ha consumido cigarrillos electrónicos alguna vez en la vida y el consumo se ha duplicado en siete años. El grupo de 15 a 24 años es el de mayor prevalencia. «Estamos viendo cómo el vapeador, con su apariencia inofensiva, se ha instalado como dispositivo de inicio al consumo de nicotina entre los adolescentes. La evidencia muestra que los adolescentes que vapean tienen hasta tres veces más probabilidades de convertirse en fumadores en el futuro». — Dra. Virginia Calvo, oncóloga del Hospital Puerta de Hierro de Madrid (declaraciones al marco del Día Mundial Sin Tabaco 2025).
El mecanismo de atracción está documentado. La OMS ha identificado más de 16.000 sabores comercializados. El 57,2% de los adolescentes reconoce que «vapear está de moda porque lo hacen personas famosas» y el 91,3% ha estado expuesto en el último mes a contenidos sobre vapeo en redes sociales o plataformas de vídeo, según el estudio del Observatorio del Cáncer de la AECC (2025).
El 93% de los jóvenes que vapean también consumen cigarrillos tradicionales, según datos de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC). Ese consumo dual —que combina los riesgos de los dos productos— es el patrón más frecuente entre los adolescentes españoles.
Cuánto cuesta: tabaco y vaper en 2026
La diferencia de coste es real, pero depende del dispositivo y del canal. Un fumador de un paquete diario gasta entre 150 y 188 euros al mes en estanco (Fortuna a 5,95 euros y Marlboro a 6,25 euros). Un vapeador con pod recargable gasta entre 15 y 25 euros al mes en consumibles, mientras que quien usa desechables de gama media en estanco —el canal habitual entre adolescentes sin tarjeta bancaria— puede llegar a entre 360 y 450 euros al mes con uso diario, más que cualquier fumador. El vaper no es barato por naturaleza; es barato en la primera compra, que es exactamente lo que lo hace accesible como producto de inicio.
El impuesto: real, pero insuficiente
Desde abril de 2025, la Ley 7/2024 grava los líquidos de vapeo con nicotina en España: entre 0,15 y 0,20 euros por mililitro según concentración. En la práctica, eso supone entre 0,30 y 0,40 euros extra por desechable estándar. Separ y otros colectivos médicos llevan años reclamando la equiparación fiscal completa con el tabaco —que tributa muy por encima de esas cifras— al considerar que el gravamen actual no desincentiva el consumo juvenil. La hoja de ruta fiscal prevé incrementos: se apunta a tasas de 0,30 euros por mililitro para 2027.
El cerebro adolescente y la nicotina: un riesgo específico
El Ministerio de Sanidad señala que la nicotina «afecta especialmente a adolescentes y jóvenes cuyo cerebro aún está en desarrollo». El córtex prefrontal, responsable del control de impulsos y la toma de decisiones, no completa su maduración hasta aproximadamente los 25 años. La exposición temprana a la nicotina altera ese proceso y aumenta la probabilidad de dependencia a largo plazo.
La edad media de inicio al consumo de tabaco en España se sitúa en torno a los 14 años. El 80% de los fumadores adultos se inician antes de los 18, según datos de la AECC. El patrón no es nuevo, pero el vaper ha abierto un canal de acceso que parecía estar cerrándose: el consumo de tabaco tradicional en adolescentes cayó al 15,5% mensual en Estudes 2025 —el nivel más bajo desde 1998— mientras el consumo mensual de vapers en ese mismo grupo alcanza el 27,1%.
¿Qué dice la evidencia, en síntesis?
Para un fumador adulto que no puede dejar de fumar, la evidencia apunta a que el vaper reduce la exposición a los compuestos más dañinos del tabaco. Eso no lo convierte en inocuo, pero la diferencia de perfil tóxico con la combustión es real. Organismos como el NHS lo utilizan como herramienta de cesación dentro de programas con apoyo conductual.
El debate científico seguirá años más, porque el producto tiene poco más de dos décadas de historia. Lo que ya no admite debate es que uno de cada cuatro adolescentes españoles de entre 14 y 18 años vapea cada mes, y que buena parte de ellos no habría consumido nicotina de ninguna forma si el vaper no existiera.
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