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Especial Gastronomía y Restauración - Dieta Mediterránea

Dieta mediterránea: un estilo de vida que abarca mucho más que la alimentación

La dieta mediterránea incluye una alimentación sana, ejercicio, descanso adecuado y bienestar psicológico, con énfasis en alimentos de origen vegetal y productos de temporada, lo que ayuda a cuidar del planeta

Entre los alimentos fundamentales de esta dieta están las verduras, hortalizas, frutas, legumbres, pescado, huevos, carnes blancas y cereales integrales. | GETTY IMAGES

Entre los alimentos fundamentales de esta dieta están las verduras, hortalizas, frutas, legumbres, pescado, huevos, carnes blancas y cereales integrales. | GETTY IMAGES

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Leire Rodríguez

Leire Rodríguez

Ibiza

La dieta mediterránea, reconocida por la Unesco como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, es mucho más que un conjunto de alimentos. Esta forma de vida, que ha perdurado durante siglos en los países bañados por el Mediterráneo, destaca no solo por su valor nutricional, sino también por su enfoque integral que promueve la salud y el bienestar.

«La dieta mediterránea, más que una dieta, se caracteriza por un estilo de vida saludable», afirma Irati Matas, nutricionista y triatleta ibicenca que destaca que no solo se trata de la alimentación, sino también de la práctica de ejercicio, la exposición solar, el consumo de agua, un descanso adecuado y el bienestar psicológico.

Por su parte, el también nutricionista y dietista Jordi Costa, añade que «la dieta mediterránea debe entenderse no solo en su vertiente alimentaria, sino como una forma de vida. Abarca aspectos culturales, territoriales y dietéticos propios de los pueblos situados alrededor de la cuenca del mar Mediterráneo». En su opinión, la dieta mediterránea es un verdadero «tesoro del Mediterráneo», esencial para mantener una buena salud y prevenir enfermedades.

La patata es uno de los ingredientes básicos de la dieta mediterránea. | J.A. RIERA

La patata es uno de los ingredientes básicos de la dieta mediterránea. | J.A. RIERA / Leire Rodríguez |

Ambos expertos coinciden en que la dieta mediterránea se basa en el consumo predominante de alimentos de origen vegetal. «Los alimentos fundamentales que componen la dieta mediterránea son las verduras, hortalizas, frutas, legumbres, pescado, huevos, carnes blancas y cereales integrales», señala Matas. Costa complementa esta lista mencionando el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos y los lácteos fermentados.

Una característica esencial de esta dieta es el consumo de productos de temporada, lo que no solo garantiza una mayor frescura y sabor, sino que también es una práctica sostenible. «Consumir alimentos de temporada nos beneficia de su máximo sabor, precio, vitaminas y minerales y, al mismo tiempo, cuidamos el medio ambiente», explica Matas.

Beneficios para la salud

Esta dieta es reconocida por sus múltiples beneficios para la salud. Según Costa, es eficaz en la prevención de enfermedades crónicas como la enfermedad cardiovascular, diabetes, cáncer o el síndrome metabólico. Además, «estudios recientes han mostrado que también mejora la función inmunitaria y puede ayudar en el tratamiento de trastornos mentales», añade el nutricionista.

Seguir este estilo de alimentación contribuye también a una «buena microbiota intestinal gracias al consumo adecuado de fibra mediante verduras, hortalizas, frutas y legumbres», apunta Matas.

El mar ibicenco ofrece una amplia variedad de pescados. | TONI ESCOBAR

El mar ibicenco ofrece una amplia variedad de pescados. | TONI ESCOBAR / Leire Rodríguez |

Pero no es solo lo que se come, sino cómo se come. En esta línea, la nutricionista hace hincapié en la importancia de técnicas culinarias saludables como el horno, al vapor y hervido, que ayudan a conservar los nutrientes de los alimentos.

Además de los beneficios físicos, la dieta mediterránea también promueve el bienestar emocional y social. «Compartir las comidas con otras personas nos ayuda a comer de manera más pausada y disfrutar del momento. Recordemos que el comer es también un acto social y enriquecedor», destaca Matas. Esta práctica de comer en compañía, común en las culturas mediterráneas, refuerza los lazos familiares y sociales para contribuir a una mejor salud mental.

Impacto ambiental y sostenibilidad

Una de las grandes ventajas de la dieta mediterránea es su sostenibilidad. «La producción de alimentos de origen vegetal provoca una huella ecológica menor que los productos animales», comenta Costa. Además, el enfoque en alimentos locales y de proximidad reduce la demanda de transporte y recursos, lo que contribuye a un menor impacto ambiental.

Sin embargo, ambos nutricionistas advierten sobre los desafíos actuales. «La globalización ha hecho que podamos consumir alimentos fuera de su temporada natural, lo que aumenta la huella de carbono debido al transporte», alerta Costa. Matas coincide y añade que forzar la producción de alimentos fuera de temporada no es un camino sostenible ni nutritivo.

Irati Matas, nutricionista y triatleta. | IRATI MATAS

Irati Matas, nutricionista y triatleta. | IRATI MATAS / Leire Rodríguez |

La dieta mediterránea, tal como se practicaba tradicionalmente, se basaba en el consumo de lo que la tierra ofrecía en cada estación del año. Este respeto por la temporalidad y la proximidad es clave para mantener un sistema alimentario sostenible. «La dieta mediterránea antiguamente no debía tener este nombre ni etiquetas, ya que simplemente comían lo que daba la tierra según el calor, la producción, el tiempo y las plagas», explica Matas.

Actualmente, existe un debate sobre si la dieta mediterránea es económicamente accesible para todos. «Puede convertirse en una dieta cara si queremos consumir productos fuera de temporada», señala Matas. Costa también destaca que, aunque los precios de algunos productos base han aumentado, se trata de una cuestión de prioridades. «Invertir en una cesta de la compra de calidad puede ser más beneficioso que gastar en lujos innecesarios», reflexiona.

La percepción de que la dieta mediterránea es costosa puede estar influenciada por la demanda de productos que no son de temporada o que no son locales. Sin embargo, una planificación adecuada y una mayor conciencia sobre la temporalidad de los alimentos pueden hacer que esta dieta sea accesible para una mayor parte de la población.

Ambos expertos consideran que Ibiza es un lugar privilegiado para seguir este tipo de alimentación debido a su tradición agrícola y pesquera. «Disponemos de tierras fértiles donde se cultivan multitud de frutas y verduras de grandísima calidad», afirma Costa. Sin embargo, Matas advierte sobre la pérdida de identidad de los productos locales.

El dietista y nutricionista ibicenco Jordi Costa. | JORDI COSTA

El dietista y nutricionista ibicenco Jordi Costa. | JORDI COSTA / Leire Rodríguez |

En Ibiza, como en muchas otras regiones mediterráneas, la dieta tradicional ha sido influenciada por la globalización y el turismo. «El crecimiento del turismo masivo o la globalización, unido al desarrollo de la tecnología, han hecho que este patrón esté experimentando un cambio constante», señala Costa. Esta transformación puede dificultar el mantenimiento de las prácticas tradicionales, pero también ofrece una oportunidad para revalorizar y promover los productos locales y de temporada.

Adaptabilidad

Una de las fortalezas de la dieta mediterránea es su adaptabilidad a diferentes estilos de vida y necesidades dietéticas. «Es una dieta que puede seguir cualquier persona ya que la base principal de la alimentación son las frutas, verduras, hortalizas y legumbres», afirma Matas. Costa también resalta que la dieta mediterránea puede ser ajustada para vegetarianos, veganos y celíacos, «siempre que se planifique adecuadamente».

Para los vegetarianos y veganos, por ejemplo, es posible sustituir el pescado por un mayor consumo de legumbres para asegurar un adecuado aporte de proteínas. «Es estudiar cada caso de forma individual y adaptarlo», sugiere Costa. Esta flexibilidad permite que esta dieta sea accesible y beneficiosa para una amplia variedad de personas, independientemente de sus restricciones dietéticas.

La dieta mediterránea enfrenta desafíos en el mundo moderno, donde la globalización y la inmediatez a menudo nos alejan de las prácticas tradicionales. Sin embargo, sigue siendo una de las formas de alimentación más saludables y sostenibles disponibles en la actualidad. «Es necesaria una reflexión social que analice y valore nuestro patrón alimentario actual y sus efectos en las próximas décadas», concluye Costa.

Volver a nuestras raíces, priorizando los alimentos de temporada y locales en nuestra alimentación puede ser una manera efectiva de mejorar nuestra salud y cuidar el planeta. Al adoptar este estilo de vida, no solo nos beneficiamos a nosotros mismos, sino que también contribuimos a un sistema alimentario que sea más sostenible y equitativo.

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