Ibiza Medieval: Los repetidores del mercado

El acto inaugural de la Fira Eivissa Medieval partirá hoy desde Es Martell a las siete de la tarde. En esta edición, 206 puestos también ocuparán Vara de Rey y el puerto de Vila.

Ayer en todas las calles había movimiento de cara al gran comienzo. Los comerciantes, a pesar de la dificultad para alojarse en la isla, deciden volver un año más.

Estela Torres Kurylo

Estela Torres Kurylo

La decoración que cuelga en las calles de Vila era ayer solo un pequeño aviso de lo que hoy empieza. Habrá quienes se lo podían imaginar, y habrá quienes, como la mayoría de turistas que paseaban entre el puerto de Ibiza y Dalt Vila, desconocían que en esas calles pronto iba a primar un ambiente que trasladará a todos los transeúntes, por lo menos, a seis siglos atrás.

En Vara de Rey la atmósfera medieval estaba en plena ebullición. Sacar las mercancías de los vehículos, preparar los puestos y dejar todo colocado. En ello se encontraba Sebastián, que viene desde Valencia y participa por octava vez en el medieval. Que este año haya cambiado la empresa que organiza y desarrolla la feria no influye en que muchos puestos repitan. Él trae en una furgoneta las plantas de Verdearte, que vende sin maceta gracias a la «técnica japonesa» que utiliza y permite que sobrevivan de este modo. Su puesto solía ubicarse en los callejones de la ciudad amurallada, pero no está descontento con el lugar que le ha tocado este año, todo lo contrario: «Mucho mejor», asegura sobre su localización en el paseo, donde espera a todo tipo de usuarios, pero, con especial interés, al público local.

El mismo medio que utiliza Sebastián para traer el material, es el que habitualmente le da cobijo durante su estancia en Ibiza. Trae una cama para dormir y todo lo necesario para asearse, mientras que para comer o desayunar acude a algunos locales cercanos. A pesar de estas circunstancias, «claramente» repite año tras año porque las ventas «se dan bien», señala antes de apuntar que hay lugares mejores que otros, pero la isla siempre está entre sus «elegidos».

De los diferentes mercadillos medievales de la península, Azadine también escoge el de Ibiza, en su caso por cuarto año consecutivo. Su presencia no se debe tanto a las ventas como a la satisfacción que le genera aprovechar para visitar la isla cuando no está trabajando. Venir a Ibiza conlleva «un poco de gasto, porque hay que coger ferry, hotel, son muchos días...», cuenta, aunque, por los gastos, define el de Vila como un «mercadillo normal».

Azadine vive en Madrid y normalmente participa en otros mercadillos con el mismo producto que trae a Ibiza: minerales y fósiles de Marruecos. El año pasado estaba en el zoco árabe, pero prefiere Vara de Rey, porque se ahorra la «subida» del material. Su horario suele ser de diez de la mañana a una de la madrugada: «Cansa mucho, pero también se disfruta».

Diversión asegurada

Más para el disfrute de los pequeños que para el propio, Javier monta junto a sus compañeros Daniel y Alejandro unas camas elásticas en la plaza del Parque. Él será el encargado de dar vueltas a una noria medieval que forma parte de las diversas atracciones de locomoción manual con las que cuenta la empresa en la que trabajan. Ésta también trae algunos puestos con plata e inciensos, y aproximadamente nueve personas los cubren. Vienen desde Alicante y se les facilita alojamiento: «Lo que mejor se adapte a las circunstancias en ese momento», indica Javier, antes de señalar que su trabajo es algo que tiene que gustar: «Es una pasada ver las sonrisas de los niños».

Para los adultos y su ánimo, Jorge y Laura utilizan una «pócima secreta». Preparan los mojitos que venden en el baluarte de Santa Llúcia desde hace nueve años, tras una idea que nació en una fiesta en casa. Entonces, Jorge ya preparaba mojitos y, ahora, continúa allí arriba, por «trabajo y diversión», señala. Para él, es un esfuerzo «que tiene recompensa si hace buen tiempo», apunta, mencionando a la meteorología como un condicionante para que las personas se acerquen al baluarte.

No a mucha distancia de Jorge y Laura (en ese momento, porque por el gentío de los próximos días parecerá lejos), la Asociación de Vecinos de Es Pratet, repite por tecer año cerca de la estatua de Isidor Macabich, con productos y precios que les han «dado a conocer», según señala Pedro, presidente de la Asociación.

Deleite para el paladar

Queso traído desde un pueblo de La Mancha, pan llonguet, jamón y carne de producto local y, como novedad de este año, hamburguesa de vaca española. Estos son algunos de los alimentos que ofrecen «a un precio popular», cuenta Pedro, que ayer, junto a dos vecinos, sacaba material de una furgoneta para colocarlo en su puesto: «Todo el que pasa por aquí y ve los precios, siempre para y siempre repite», sentencia.

Ahora sí a más distancia, con un puesto en la plaza de Sa Font, Manuel es gerente de la empresa que participa desde hace más de diez años en el medieval. Vienen desde Galicia y ofrecen pulpo y otros productos. Algunos los traen en un camión frigorífico y otros los consiguen a partir de proveedores de la isla. Aquí le acompaña un equipo de diez personas, para los que resulta «fatal» encontrar alojamiento: «Nos tenemos que ir a Sant Antoni porque aquí es inaccesible el precio y la ocupación», comenta sobre el lugar por el que suelen optar durante su estancia en la isla. La empresa participa en otros «muchísimos» mercadillos de España, como el de Alcalá de Henares o el de Valencia y aquí les frecuentan «más extranjeros».

Con el mismo tipo de clientela usual, cerca del Mercat Vell, Jim colocaba joyas en el puesto para el que trabaja, que se mantiene allí, independientemente del medieval. Sin embargo, le «encanta» y el año pasado le trajo buenas ventas. Estas son, sin duda, un incentivo para quienes deciden repetir, y la oferta, unida al ambiente, no dejará de sorprender a aquellos que, aún desconociéndola, puedan visitar la Ibiza Medieval.

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