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Cuando Ibiza era otra fiesta

Joaquín Sabina 'pinchó' en su debut en Ibiza

Su actuación en el ‘Estiu Jove’ del verano de 1997 resultó un fiasco por sus pésimas condiciones vocales, que deberían haber motivado la suspensión del esperado concierto

Sabina durante su actuación en el Estiu Jove. Moisés Copa

Ya se veía venir, pues en esa gira veraniega de 1997 tuvo que suspender sus conciertos previstos en el Festival Grec de Barcelona por una afección de garganta. Y es lo que debería haber hecho en su esperado primer concierto en Ibiza, dentro del ciclo ‘Estiu Jove’; porque fue una actuación más bien calamitosa, salvada a medias por el buen grupo que le arropaba, pero que sus admiradores de la isla no le perdonaron. Y es que la velada de aquel 20 de agosto, en un recinto ferial hasta la bandera, fue decepcionante hasta para el sabinero más incondicional: “El cantante tuvo que abandonar el escenario en volandas, tras haber sufrido un golpe en una rodilla antes de interpretar el último tema, ‘Y nos dieron las diez’”, contaba Mar Serra en la crónica del concierto en este diario, añadiendo que Joaquín Sabina, finalmente, “salió del recinto en ambulancia por una lesión de ligamentos”. Vamos, un desastre, la verdad, pues uno también fue testigo de cargo.

Y eso que, por mi parte, no cargué mucho las tintas en la columna de opinión que le dediqué en el periódico en el que uno trabajaba entonces; acaso por algún tipo de complicidad generacional y territorial con el cantautor andaluz: “Dos horas de un concierto en el que agradecimos su esfuerzo para sobreponerse a la faena que le han hecho sus castigadas cuerdas vocales, sí, pero que no sé hasta qué punto hubiera sido preferible cancelar cuando uno no está en condiciones físicas. Menos mal que los colegas de la banda le arroparon con arte y talento, dejando que saliera de escena en tres ocasiones para tomarse un descanso y refrescar la garganta; pues en caso contrario, la esperada velada podría haber terminado en fiasco”. Que terminó en fiasco, según apunta Mar Serra en su crónica, que comparada hoy con la mía, me parece más certera y fiable: “Sus seguidores se desgañitaron pidiendo otro bis al grito de ‘Eh, Sabina, así no se termina’.

Muy buen ripio para dedicar al cantautor de Úbeda, tan aficionado a ellos; y que no sé cómo no recogí yo en mi columna; pues, precisamente, ese gusto abusivo por la rima consonante en los versos de sus canciones me molestaba, y molesta, bastante. Como destaco al principio del texto que le dediqué: “No lo puedo evitar, pero la afición al ripio de Sabina me da grima. Y es verdad que el cantautor tiene talento para pergeñar unos versos cargados de emoción, que cuentan historias de la vida con acierto y gracia. Como es verdad que el personal se engancha a su estilo de abanderado de las causas perdidas. O, desde luego, que el andaluz trasterrado a los madriles es un lince a la hora de sacarle el jugo a los conflictos emocionales de los insatisfechos de toda laya que en el mundo somos. Pero esa manía de la rima ripiosa, ay, resulta tan cargante como un anuncio con pretensiones líricas que se te pega como una lapa a las neuronas”, ironizaba uno.

Sabina a su llegada al servicio de urgencias de una clínica tras su actuación. VICENT MARÍ

Trece años grabando a Sabina

Que me acordase ahora de Joaquín Sabina para traerlo a esta serie tiene mucho que ver con lo pesaditos que están algunos medios en promocionar el documental que le ha dedicado Fernando León de Aranoa, ‘Sintiéndolo mucho’. Toda una muestra de entrega y devoción por él, ya que ha estado siguiéndole y grabándole unos 13 años. Buff, hace falta valor. Y pensándolo bien, no creo que me apetezca mucho verlo, a pesar de ser uno un fiel seguidor del director de ‘Los lunes al sol’. Pero ya veremos cuando lo pasen por la tele. Si me lo encuentro de paso, igual le echo un vistazo tangencial. Es que (y vuelvo a aludir en esta serie al paso, y peso, de los años) en el tramo de edad en el que me encuentro no suelo gustar ya casi de las canciones de Sabina. Vamos, que me suelen aburrir. Por predecible y hasta por hartible. Sin quitarle su mérito, por supuesto. Hay que ser muy bueno en lo tuyo para mantenerte en lo alto de la popularidad tras varias décadas de hacer más o menos lo mismo. Aunque también influye en su persistente éxito el que sepa unirse a otras voces líricas más jóvenes, como la de su amigo y poeta Benjamín Prado; y a otros músicos lo mismo, como lo es Leiva. Porque listo lo es un rato el ya abuelo, por edad al menos, pues tiene justo un año menos que yo. Pero qué biografía la suya, dioses. Si entras en wikipedia y la miras, aunque sólo sea por encima, tal ha hecho uno, te quedas patidifuso. Qué cantidad de cosas, gente, discos, giras, iniciativas, colaboraciones, altibajos, depresiones, libros, drogas y excesos varios figuran en su vida. Comparado con su currículum, el mío parece un aperitivo descafeinado. Bueno, y el de casi todos , la verdad. Por eso creo que, a pesar de tantos achaques como esgrime de vez en cuando, y que le han provocado algunos disgustos profesionales y personales, Joaquín Sabina debe tener una genética y un cuerpo a prueba de lo que le echen.

El cantante en el aeropuerto de Ibiza en 1972. JOAN COSTA

Periodista accidental en Palma

Una biografía, curiosamente, que tiene algún punto en común con la mía, aparte de su clara vocación poética: como uno, el de Úbeda también pasó un tiempo de emigrante laboral en Gran Bretaña, allá por los primeros años 70; y trabajó por unos meses de periodista accidental en Palma, mientras hacía el servicio militar; precisamente en el mismo periódico que lo hizo uno más tarde en Ibiza. O desde hace algunos años tiene casa y estudio en Rota, mi pueblo adoptivo; justo cerca de la casa de una de mis hermanas. Y es amigo de mis amigos poetas Felipe Benítez Reyes y Luis García Montero, además del mencionado Benjamín Prado, que también tiene un piso roteño. Pero nunca he coincidido con Sabina cuando bajo a mi querido Sur; porque uno no suele moverse de la isla en verano, que es cuando más bajan ellos a Rota. Pena, porque creo que tendría su gracia (para mí, al menos) tomarme unas copas y echar un ratito de charla con el personaje. O igual no, claro. Dependería de factores varios; que ambos estamos ya muy rodados para entrar fácilmente a cualquier ruedo. Aunque las amistades comunes ayudarían lo suyo. En fin, no sé.

Bueno, dejo las elucubraciones y vuelvo al pretexto de este capítulo de la serie, aquel lejano primer concierto de Joaquín Sabina en Ibiza, el 20 de agosto de 1997. Por cierto, ahora que lo pienso: ¿hubo alguno más o quedó tan chafado con el fiasco de velada que se le quitaron las ganas de volver? Pues no estoy seguro del todo, pero me parece que no ha vuelto a actuar aquí. Tendré que mirarlo con más detalle. De lo que sí puedo dar fe es de que su penosa actuación fue registrada con creces por los medios de la isla. Sin ir más lejos, en este mismo diario he encontrado tres crónicas del evento; eso sí, en diferentes fechas: la ya apuntada de la amiga Mar Serra, de quien hace tiempo que no tengo noticias, por cierto; la del poeta y colega cómplice Toni Roca, y la del también amigo José Manuel Piña, que en paz descanse. Lamentándose, como todos, del fracaso, Piña se hacía eco “de la frustración que sentimos alrededor de las tres mil personas que asistimos en la explanada del recinto ferial del Consell a disfrutar de la primera actuación ibicenca de Joaquín Sabina; con ganas de darle una pastillita de algo de potasio, un té con miel o cualquier otro remedio que aliviase esa afonía que lleva arrastrando durante todo el verano y que le impide desarrollar su trabajo en plenitud de facultades. La gran pregunta es qué hubiésemos preferido sus seguidores: que Sabina hubiese cancelado la gala por no poder cumplir su compromiso o pasar, como pasamos, dos horas sufriendo porque el artista no daba la talla y en cualquier momento podía quedarse literalmente sin voz en medio de una canción”. Pues ya está todo dicho.

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