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Educación

¿Es posible mantener la atención del alumnado adolescente en aulas con un ordenador por pupitre?

"Cuando tienes toda la mañana el portátil delante, el riesgo de perder al alumno es muy grande; no es solo el Mundial, son los juegos online o el chat de Gmail", señala la profesora Mercè Garcia

Aula de secundaria con una pizarra digita y un ordenador por niño. Josep García

El fenómeno de la cantidad de chavales 'pillados' mirando el Mundial en clase ha vuelto a poner sobre la mesa del debate educativo la conveniencia o no del uso de los ordenadores en clase. El mismo debate lo suscitó hace pocas semanas el anuncio del Departament d'Educació de la inversión de 200 millones de fondos europeos en la digitalización de las aulas en un contexto en el que uno de los principales problemas de la infancia es su dependencia de las pantallas.

La pregunta recorre claustros y pasillos de centros y ocupa más de una noche en blanco entre el profesorado: ¿Cómo mantener la atención del alumnado adolescente en una aula con una (o incluso más de una) todopoderosa pantalla por pupitre? "Cuando tienes toda la mañana el portátil delante, el riesgo de perder al alumno es muy grande. Y no es solo el Mundial, son los juegos online o incluso el chat de Gmail. Tienes que estar muy encima, y con tantos alumnos por aula es imposible, sobre todo a primera y a última hora", resume la profesora Mercè Garcia, delegada de CGT Ensenyament en Barcelona, convencida de que la bajada de ratio es una de las claves para solucionar el asunto. Con menos niños por grupo es mucho más fácil todo, también competir por su atención.

Héctor Gardó, jefe de proyectos de la Fundació Bofill, que está trabajando en equidad digital, señala que el magno reto tiene "muchas dimensiones". "Por un lado, es inevitable y deseable que tengamos pantallas en los centros. La escuela ha de ser similar a la vida, y en la vida hay pantallas; pero... ¿cómo? ¿cuántas horas sería razonable estar delante de una pantalla? ¿A qué edades?", pregunta el investigador, quien añade que la preocupación, más allá de cuántas horas, debe ser para hacer qué.

"A veces hablamos mucho de las horas frente a la pantalla y no de los usos que hacemos de esa tecnología, y esa es una dimensión muy importante. ¿Qué están haciendo los jóvenes esas horas delante de la pantalla? ¿Están viendo porno o están aprendiendo a programar?", reflexiona Gardó, quien apunta que no es lo mismo leer un PDF en pantalla que hacer una videoconferencia con la otra punta del mundo. De hecho, según añade este investigador de la Bofill, ya hay estudios que apuntan que se retiene menos lo leído en pantalla que lo leído en papel.

El espejo

A ojos de Gardó, los ordenadores en el aula son imprescindibles, pero no toda la jornada. "Queremos hacer deporte, arte, ciencia, diálogo... Las pantallas son un recurso que tiene sentido para actividades concretas", apunta el investigador, convencido de que el problema no es la tecnología. "La tecnología lo que hace es ponernos el espejo", concluye y aporta el ejemplo de que los niños de entornos desfavorecidos pasan más tiempo en casa delante de las pantallas que los que se crían en entornos más favorables.

El profesor Andreu Navarra esgrime que hay estudios que evidencian que la digitalización no solo no mejora los resultados, sino que los empeora

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El profesor Andreu Navarra, miembro de la Fundació Episteme, opina que el problema es que se está haciendo una digitalización acrítica. "Esto es una privatización. Son millones invertidos en grandes empresas, y además de una forma muy opaca", considera. "Aquí hay tres temas. El primero, ya hay estudios que confirman que la digitalización no solo no mejora los resultados, sino que los empeora. El segundo, que se hace para firmar contratos millonarios con multinacionales, derivando a empresas privadas dinero que se tendría que invertir directamente en los colegios. Y, el tercero, el problema del estándar digital; la digitalización está cambiando las culturas de cada sociedad por un estándar digital que sustituye las culturas propias por el consumismo. Es un problema de globalización", sentencia Navarra, coordinador junto a David Rabadà de 'La educación cancelada'. Este docente insiste en que él está a favor de la tecnología, pero "primero tienes que estar alfabetizado". "Una digitalización demasiado agresiva desertiza la vida", concluye.

El estudio al que se refiere Navarra sobre el impacto de las pantallas en el rendimiento escolar es una investigación de la Fundación COTEC sobre datos PISA 2018 que señala que el alumnado que hace un uso muy intensivo de tecnologías digitales en su aprendizaje obtiene peores resultados en matemáticas.

No es Navarra la única voz -son muchas en institutos de toda Cataluña- que opina que el problema es llenar las aulas de ordenadores y tablets cuando hay alumnos que tienen dificultades para leer y escribir.

Vivir en el metaverso

El jefe de proyectos de la Fundació Bofill afirma que problematizar la inversión de 200 millones de euros en digitalizar escuelas "es bastante un 'first world problem'". "Si a un país pobre le dijeran que vemos como un problema invertir 200 millones en ordenadores no lo entenderían", reflexiona antes de subrayar que lo importante ahora es centrarse en los riesgos. "No digo que nuestros hijos tengan que vivir en el metaverso, pero tienen que saber qué es. No puedes ser crítico con algo que no conoces", concluye.

En una línea parecida se expresa Maribel Tarrés, directora del instituto Jaume Cabré de Terrassa. "La adolescencia lleva implícita la tecnología. Cuando empiezan el instituto los padres les dan las llaves de casa, la tarjeta del bus y el móvil. Tenemos que trabajar con eso", expone Tarrés, quien tiene claro que los adolescentes tienen dos vidas: la presencial y la virtual, algo de lo que en el Jaume Cabré hablan muchísimo en clase para alertarles de los riesgos que comporta.

"Para los chicos es tan importante cómo les ven sus compañeros en el instituto que cómo salen en la foto de Instagram. Esto es así y tenemos la obligación de educarles para este mundo", prosigue Tarrés, que tiene muy presente que los adolescentes no tienen que perder la escritura a mano. En su centro, de nueva creación y completamente digitalizado, mantienen la agenda en papel y es la que usan, igual que usan también la libreta para preparar los textos que después entregarán por ordenador. "El proceso lo hacemos mucho a mano, y lo pasamos al ordenador cuando ya lo tenemos claro", añade.

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