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Cambio climático

Muere el 25% de la población del acuario de Cap Blanc de Ibiza por las altas temperaturas estivales

El agua llegó a los 30 grados, un registro nunca alcanzado en esa instalación de Sant Antoni desde que fue abierta hace tres décadas. El propietario ya prepara medidas por si la ola de calor se repite en 2023

Peces en el estanque grande que hay en el interior del acuario de Cap Blanc. | LORENA PORTERO

25 grados en el 2000, 26 al año siguiente. En el acuario de Cap Blanc (Sant Antoni), su propietario, Miquel Tur, anota desde hace 25 años la temperatura de la superficie del agua. 26,5º un año después, 27º, 27,5º, 28º… «Cada año medía que no pasara de los 25 grados, que era el registro habitual antes de que empezara a incidir el cambio climático». 29 grados… «Este verano vi los registros de las boyas que tiene Aemet y me di cuenta de que coincidían con los nuestros. Hace 20 años la temperatura empezó a subir a 26 grados, al año siguiente a 26 y poco, al otro a los 27 grados… Y este año ha alcanzado los 30 grados, lo cual es una auténtica barbaridad porque los procesos físico-químicos que se producen a esas temperaturas modifican totalmente el sistema».

30 grados. El «bofetón de calor» del pasado verano tuvo graves consecuencias en el acuario de Cap Blanc: «Murió alrededor de un 25% de la población del acuario por ese incremento tan elevado de temperaturas», confirma Tur. Lo nunca visto allí. «De forma natural —explica—, todos los años reponemos una parte de la población, que se mantiene de manera muy constante. Reintroducimos los que se mueren por vejez, por cuestiones naturales, que suele ser alrededor de un 4% o un 5% de los individuos. Pero este año ha muerto el 25%. Ha sido excesivo y lo único que lo explica ha sido ese episodio de calor tan bestia que hemos tenido».

En el acuario disponen de una zona que está abierta al mar: «Cada año medimos la temperatura del agua en superficie para comprobar si las condiciones para los peces son las idóneas, por si tenemos que mejorar la oxigenación, por si hay que forzar el caudal de agua dentro del acuario para que se renueve más a menudo…». Empezó las mediciones a finales de los años 90 del pasado siglo: «Lo comencé a hacer cuando, al principio, todas las peceras del acuario trabajaban en circuito abierto, es decir, cogíamos el agua del mar. Pero hubo un año en que los peces pequeños (fadrí, serrano...), que tienen un sistema inmunitario menos desarrollado que los grandes, empezaron a morir. Detectamos que se debía a la temperatura del agua del mar que entraba en el acuario, que era demasiado elevada. Decidimos a partir de ese momento que las peceras deberían tener un sistema cerrado. Allí el agua se mantiene por debajo de los 20 grados».

Oxígeno inyectado

Pero el estanque grande, que es un circuito abierto con cinco entradas de agua, «no se puede enfriar dadas sus enormes dimensiones. Lo único que se puede hacer allí es oxigenarlo lo máximo posible». Porque a mayor temperatura, «la capacidad de retención del oxígeno en el agua disminuye de manera exponencial. Se convierte en una sauna». Para paliar esa situación, inyectan oxígeno.

Siempre ponía en marcha «los enfriadores el 1 de junio y los quitaba la primera semana de octubre», pero este año los ha mantenido en funcionamiento «durante seis meses», hasta que cerró la instalación: «Casi dos meses más que de costumbre»

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Con el tiempo, Tur ha notado que el aumento de temperaturas «no es un episodio temporal». Siempre ponía en marcha «los enfriadores el 1 de junio y los quitaba la primera semana de octubre», pero este año los ha mantenido en funcionamiento «durante seis meses», hasta que cerró la instalación: «Casi dos meses más que de costumbre».

Tur anotó el primer temporal de mar «serio, que permite que el agua se pueda renovar en la bahía de Sant Antoni porque entra el Poniente», el 4 de noviembre, cuando normalmente se producía «a finales de agosto o principios de septiembre», con las primeras tormentas. Incluso en octubre «solía haber tres o cuatro días» en los que cerraba el acuario «porque las condiciones del mar no lo permitían». Este año hubo «calma chicha prácticamente hasta el 4 de noviembre».

«Ha sido un verano atípico en cuanto a las condiciones marinas y en el que las temperaturas extremadamente altas en el mar se han prolongado durante cuatro meses. Lo sucedido ha supuesto un incremento cualitativo y cuantitativo muy alto"

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«Ha sido -afirma- un verano absolutamente atípico en cuanto a las condiciones marinas y en el que las temperaturas extremadamente altas en el mar se han prolongado durante cuatro meses. Hay una tendencia al incremento anual de las temperaturas, pero lo sucedido en 2022 ha supuesto un incremento cualitativo y cuantitativo muy alto». De ahí que empiece a buscar remedios paliativos de cara a la próxima temporada, pues teme que se repita (o incluso empeore) el episodio vivido el pasado estío: «Lo que ha ocurrido nos ha dado un susto, no esperábamos ese bofetón de calor. Y veo que con el cambio climático se acelera cada vez más. Me da miedo pensar que empiece a ser lo habitual. Me asusta tanto que vuelva a ocurrir que estamos preparando ya sistemas para que en cuanto suban las temperaturas se multiplique el proceso de oxigenación del agua mediante bombas».

También de cara a 2023, «el técnico del acuario ha comprado unos suplementos alimenticios para mejorar el sistema inmunitario de los peces» y de las 40 especies que, en total, viven allí. Al marisco y pescado que les dan de comer han añadido ahora «esos suplementos vitamínicos para que estén mejor preparados de cara al próximo año».

Los mismos desde hace 31 años

En el acuario tienen especies muy longevas porque «las condiciones son muy buenas, ideales, ya que no tienen depredadores, comen correctamente y el agua suele estar muy limpia porque está alejado del casco urbano. Como consecuencia, es habitual el gigantismo y que lleguen a vivir más años que en el mar». Por ejemplo, allí siguen aún las doradas (cinco) y lubinas (tres) que hace 25 años adquirieron en la piscifactoría de Andratx. Las mismas. Algunos llevan allí «desde hace 31 años, desde el principio del acuario».

«Ya desde junio, tuve problemas para que me suministrara un agricultor de sa Vorera, al que debido al calor se le secó toda la cosecha. Se quedó sin nada, sin patatas sin pimientos sin berenjenas ni sandías». Y dejó de suministrarle

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Pero no todos los peces viejos aguantaron esta canícula los 30 grados de temperatura que se registraron en el acuario. Murió incluso un mero, que es «híper resistente», cree que al «proliferar virus y bacterias» en el mar: «Los más sensibles a las altas temperaturas son los roncaores y las roges», los que más sucumbieron este verano en el acuario».

Este verano, Tur también comprobó, en su faceta de restaurador, los estragos que ocasiona el cambio climático: «Ya desde junio, tuve problemas para que me suministrara un agricultor de sa Vorera, al que debido al calor se le secó toda la cosecha. Se quedó sin nada, sin patatas sin pimientos sin berenjenas ni sandías». Y dejó de suministrarle.

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