Una tabla para igualarlos a todos

Los alumnos del colegio Can Misses participan en un taller de surfskate de deporte inclusivo dentro del programa PROA+

Marta Torres Molina

El reto no es nada sencillo. Descubrir, entre las decenas de escolares que participan en una sesión de surfskate en el patio del colegio Can Misses, cuáles son los que tienen necesidades especiales. O diversidad funcional. «Encima de la tabla no hay diferencias, todos son iguales, no puedes descubrir quiénes son esos alumnos», apunta Pol García de Armengol, quien durante los últimos tres días ha estado enseñando a los alumnos del centro esta disciplina. Unos talleres englobados en el programa PROA+, financiado con fondos europeos, que tiene como objetivo fomentar el deporte inclusivo. Unas subvenciones a las que, explica, a muchos centros les cuesta llegar por lo enrevesado de la tramitación.

Entre el miércoles y ayer alumnos del centro de Infantil y Primaria se subieron a las tablas de surfskate. Sentados, eso sí. Ahí está el truco. Eso es lo que les iguala a todos. «El surfskate es el deporte más inclusivo que hemos encontrado», destaca Judit Blázquez Navarro, coordinadora PROA del colegio, que destaca cómo actividades como ésta sirven para «darle la vuelta a la tortilla». En este sentido, recuerda que el centro tiene un proyecto de patio inclusivo (con antifaces, muletas y sillas de ruedas) que tuvo que suspender durante la pandemia y que recuperará ahora y un programa para niños vulnerables en el que se fomentan mediante el juego «las ganas de aprender». «Ahora a estas clases quieren venir todos, a eso me refiero con darle la vuelta a la tortilla», indica antes de señalar que la semana que viene continuarán con una gincana deportiva por la diversidad a la que están invitadas las familias, con las que el centro busca, también, la plena inclusión.

Aunque no usa la misma expresión que Judit, Pol también hace referencia a eso de darle la vuelta a la tortilla. Sentados sobre la tabla de surfskate, un niño con diversidad funcional puede mostrar sus habilidades mientras que otro niño que siempre destaque puede necesitar ayuda. «Cambian por completo los roles», explica el joven, licenciado en ciencias de la actividad física y el deporte y que descubrió el skate de pequeño. «Era muy malo en fútbol y el skate fue mi vía de escape», confiesa antes de afirmar que se le pone «la piel de gallina» al pensar que, en aquel momento, nunca habría creído posible entrar así, con sus tablas de skate, en un centro educativo. De hecho, lamenta que para los colegios e institutos sea tan complicado poner en marcha esta iniciativa. Precisamente por cómo vivió él su etapa escolar asegura que está «muy atento» siempre a las expresiones de los niños, para detectar a aquellos que se frustran o que sienten miedo y estar pendiente de ellos y acompañarlos hasta hacer que disfruten como los demás. Ver las caras de alegría de los pequeños, especialmente de aquellos que los maestros de Educación Física le explican que disfrutan menos o se sienten más excluidos en las clases, es lo que más le gusta de su trabajo. Le llena, por ejemplo, ver que sobre la tabla un niño al que siempre pillan en los juegos de carreras porque tiene un problema de movilidad tiene las mismas opciones de huir que los demás.

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