La otra Ibiza

El artesano sin reglas ni herramientas

‘Kbra’, o luis miguel aguirre, hizo un frutero de mimbre con seis años y desde entonces no han parado de salir de sus manos carrozas para los reyes magos, bolsos, zapatos o muebles

Un asiento de moto de cuero tras salir de las manos del artesano.

Un asiento de moto de cuero tras salir de las manos del artesano. / SUSANA ASENJO

Susana Asenjo

Susana Asenjo

Luis Miguel Aguirre, al que todo el mundo le llama por su apodo, Kbra, es un hombre que perfectamente podría haber nacido en el medievo. Le gustan los retos y es experto en crear casi de todo sin apenas herramientas. Pocas cosas se le resisten. Es capaz de restaurar un mueble, hacer una carroza para los Reyes Magos, confeccionar un bolso, montar un escaparate, forrar unas muletas con cuero, elaborar tartas con fondant, e incluso, hacer la manicura francesa a su mujer, Zaida. Cualquier cosa que se proponga lo hace con sus manos y su imaginación. Todo menos una: dar la última puntada de un balón de cuero, aunque está seguro, que algún día sabrá como desentrañar ese misterio.

Un asiento de moto de cuero tras salir de las manos del artesano. | KABRA

Cualquier objeto sirve para una nueva creación, como esta maceta. / Kbra

Cántabro, de Cabezón de la Sal, su medio de vida casi siempre fue la artesanía. Allí tuvo una tienda hasta que se cansó del carácter poco abierto de sus paisanos y decidió instalarse en Ibiza. En el año 2000 le invitaron a poner un puesto en el mercado medieval y no se lo pensó, a pesar de que solo había oído hablar de la isla por sus discotecas y poco más. La experiencia y Ibiza le gustaron tanto que no dudó en volver de vacaciones. A la cuarta vez ya no regresó a su pueblo. «Cogí una pila de cosas de cuero que había hecho para enseñarlas por las tiendas, y me viene. Creo que gustaban, porque vendía todo lo que hacía», dice. Poco a poco y por el boca a boca se fue dando a conocer en la isla. Su sueño hubiera sido montar una tienda, pero se encontró con la dificultad de vivir solo de la artesanía. «Por ahora es inviable, tendría que estar un año entero dedicado a fabricar productos». Así que todo lo que hace es bien por encargo o por amor al arte.

‘Kbra’ no utiliza nunca patrones.  yael

‘Kbra’ no utiliza nunca patrones. / Yael

La pasada Navidad decoró el balcón de su casa en Santa Eulària con un Papá Noel. Abajo, en la calle, puso un buzón para recibir las cartas de los niños. Por las tardes, se pasaba el tiempo en la terraza y cada vez que veía que un niño echaba una carta, Papá Noel le saludaba. «Me hace mucha ilusión. Espero repetirlo el próximo año». Algo parecido había hecho en Cabezón de la Sal cuando una madrugada de Navidad, sin avisar a nadie, instaló unos cuantos buzones grandes en el pueblo. El día 25, antes de amanecer, se levantó muy pronto para retirarlos y que los niños vieran que el abuelo de barba blanca había leído sus cartas. La magia de sus creaciones está en las escasas herramientas que utiliza, en que la mayoría de los materiales son reciclados y en la ausencia de patrones o planos.

CONFINAMIENTO SIN PARAR

Lo de estar sentado en el sofá viendo la tele no es para Kbra, así que los 15 días que pasó durante el confinamiento sin ir a trabajar a la obra los aprovechó para hacer decenas de carteras. «No me aburrí ni un minuto», recuerda. Ahora, se dedica a forrar imanes con cuero para las sesiones de kinesología de una amiga. También ordena los materiales recogidos tras la reforma de una casa, a los que dará una nueva vida.

«Cuando me pongo con una carroza no acabo nunca. La dejo porque tiene que desfilar con los Reyes Magos, pero si no fuera por eso, seguiría añadiendo cosas», explica. Para construirla, mira qué materiales puede rescatar de los almacenes del cliente y con ello y la ayuda de su mujer, crea los tronos de sus majestades de Oriente. «No me gusta comprar nada hecho, no tiene gracia», apunta.

Hilo, aguja y un punzón le bastan para fabricar bolsos, carteras o zapatos. En este caso sí necesita comprar el cuero, la materia prima, aunque para no ponérselo fácil a sí mismo, utiliza recortes de napa. «Me gusta trabajar a medida. He hecho muchos zapatos y bolsos a juego con vestidos, para bodas, por ejemplo».

Autodidacta, con seis años hizo un frutero de mimbre. Desde entonces, no ha parado de crear. De sus prodigiosas manos, nunca salen dos cosas iguales.

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