Premios Diario de Ibiza | Premi la Trajectòria de Servei Públic
Isidor Torres Cardona: «El interés general tiene que estar, siempre, por encima del particular»
Escuchar a Isidor Torres es recorrer la historia reciente de Formentera en todas sus facetas, entender el alborotado presente y asomarse por una ventana al incierto futuro de la isla

Isidor Torres Cardona en su domicilio / Sergio G. Cañizares

El Premi a la Trajectòria de Servei Públic de Diario de Ibiza se suma a la Medalla de Alfonso X el Sabio, el Premi Sant Jaume y el Premi Ramon Llull que ya tiene, entre otras condecoraciones. ¿Qué significa para usted este nuevo reconocimiento?
Aparte de una enorme sorpresa, me ha hecho muy feliz este premio porque se menciona expresamente el servicio público que es, en realidad, el objetivo que siempre he perseguido y que engloba todo lo que he hecho en mi vida.
Su biografía muestra facetas muy diferentes. Ha sido maestro, político y todavía participa activamente en iniciativas sociales y culturales. ¿Con qué papel se queda, si es que se pueden separar?
Todo está relacionado, como ya he dicho, con el servicio público. Creo que me quedo con el activismo social y cultural. Siempre he pensado que Formentera tenía que recuperar el sentido de isla, de pueblo, de sociedad con derechos. Sin victimismos y sin esperar a que los demás nos solucionaran los problemas. Los formenterenses teníamos que tomar la iniciativa, reclamar lo que merecíamos y también ofrecernos a trabajar para sacar adelante nuestras demandas. Los beneficios de esta nueva forma de pensar se vieron claramente entre 1999 y 2007, cuando la isla vivió un cambio sustancial a nivel social, económico y sobre todo, político. Formentera necesitaba más poder para decidir por ella misma sin depender de otras administraciones y eso se consiguió con la constitución del Consell de Formentera.
Retrocedamos un poco hasta sus tiempos como maestro, su primera ocupación. ¿Lo suyo fue vocación o el destino?
Más bien lo segundo. No tendría más de 13 años cuando Vicent Graó, un maestro un poco visionario que vino a Formentera, consiguió una beca para que unos cinco o seis jóvenes de la isla fuéramos a Ibiza a estudiar el Bachillerato. Fue una decisión difícil para nuestros padres, primero por los problemas de logística, porque estamos hablando de 1963-64 y teníamos que estar en un piso solos en Ibiza. Segundo porque tuvieron que aguantar muchos comentarios negativos de la gente de Formentera, que les decían que nos íbamos a echar a perder allí. La tía de uno de los alumnos se comprometió a estar en el piso con nosotros y cuidarnos. Fue un pequeño milagro que nos dejaran ir, pero nos cambió la vida.
Después estudió Magisterio casi por inercia. ¿Llegó a sentir aprecio por la profesión?
Poco a poco me cautivó y me he dedicado 36 años a la docencia, como maestro o en la formación del profesorado. Empecé a conocer el mundo de los niños y me di cuenta de que podía trabajar, formales y añadir nuevos conocimientos a los que ya sabían. Cogí mucho cariño a mis alumnos, especialmente a los más problemáticos, porque me di cuenta de que solo molestaban en clase porque necesitaban que alguien les hiciera caso, les viera y les escuchara. Entendí que siempre aparece un momento en el que un niño te va a abrir una ventana. Si estás ahí y sabes aprovechar ese momento, te hablará, te explicará cómo se siente, qué es lo que necesita. Entonces puedes aprovechar para hacerle ver las posibilidades que tiene para cambiar de actitud. Pero para aprender es básico partir de los conocimientos que todos los niños ya tienen y, sobre todo, ganarte su confianza, que sepan que no les vas a traicionar.
Antes de iniciar su carrera institucional, ya estaba implicado en la Obra Cultural Balear, la Asociación Cultural es Pastorells, las primeras asociaciones de padres de alumnos de la isla, y un montón más de iniciativas educativas, sociales y culturales, especialmente las relacionadas con la defensa del territorio. También formó parte de un grupo de música llamado Zénit en el que tocaba la batería. ¿De dónde le viene esa necesidad de poner cosas en marcha?
Muy sencillo: porque en Formentera no existía nada. Regresé de estudiar y hacer mis prácticas en Barcelona en 1975 para empezar a trabajar en la escuela de es Cap. Allí había asociaciones de padres, de maestros, de alumnos... En Formentera lo tuvimos que montar desde cero entre varios, no fui yo solo ni mucho menos. Una de las entidades que surgieron en ese momento y que tuvo mayor importancia fue la Associació sa Miranda. Hizo posible cosas hasta el momento impensables, como que se vieran los partidos del Barça por TV3. También está en el origen de Ràdio Illa y de las sesiones de cine en el colegio de Sant Francesc.
De todas las entidades en las que ha participado como impulsor o directamente como fundador, ¿alguna tienen un lugar especial en su memoria?
Por la trascendencia y el éxito que ha tenido, me quedo con la creación de la Escuela Municipal de Música y Danza de Formentera, en 1999, cuando era alcalde y senador por Ibiza y Formentera. También estoy orgulloso de la apertura de la Biblioteca Marià Villangómez.
¿Qué otras mejoras se han producido en Formentera en las que haya participado usted?
La obra política más importante en la historia reciente de Formentera ha sido la creación del Consell Insular en 2007, sin duda. Y como aportación social, que lleva detrás también un importante trabajo político, como casi todo, el Hospital de Formentera, inaugurado el mismo año. Poder nacer y morir en tu propia isla es algo que me sigue agradeciendo la gente pasados los años.

Manifestación contra el proyecto de un camping en Formentera / Archivo personal de Isidor Torres
Tras estos hitos, sin los cuales no se entiende la Formentera actual, ¿cómo ve el presente de la isla, qué más le falta?
A nivel cultural Formentera necesita recuperar institucionalmente lugares emblemáticos, como el cine de Sant Francesc. Ese lugar debería convertirse en una sala intercultural que acogiera con más frecuencia actividades y obras en diferentes formatos. Y hay una cosa que no entiendo: el empeño en construir un museo con tres sedes que supone una inversión inasumible al tener que multiplicar por tres el dinero necesario, no solo para su construcción, sino también para su gestión y mantenimiento posterior. Se puede tener un solo museo fantástico, donde la gente pueda conocer todo nuestro patrimonio histórico y cultural. Y luego un segundo museo, que no puede esperar más y tiene que hacerse ya: el museo de la sal. No puede ser que nuestra historia, nuestra vida durante siglos, haya estado ligada a la producción de la sal y que este hecho caiga en el olvido.
¿Ve a la gente joven interesada en mantener la cultura y el folclore de Formentera?
Que Es Pastorells acabe de celebrar los 50 años de su creación demuestra, como mínimo, una cierta continuidad y un cierto amor hacia nuestra música, nuestro baile y nuestra cultura. Pero me preocupa más el tema de la economía y el territorio. No veo un futuro claro, no creo que la juventud de Formentera sepa lo que quiere en ese sentido. No me creo y no acepto que la isla necesite el mismo tipo de ocio que hay en Ibiza o en cualquier otra ciudad de la costa. Tampoco necesitamos este turismo de un día que no llega a apreciar lo especial que es esta isla. Somos un lugar único con muchas cosas únicas: las playas, la posidonia, los bosques, las higueras, los campos... Esto es nuestro futuro y lo que tenemos que saber vender. Pero es más fácil seguir la corriente y parecernos a Ibiza copiando quioscos, beach clubs y restaurantes.
Veo que vamos derivando hacia la siguiente faceta de su vida: la política. Su carrera institucional lo llevó al Parlament balear y al Consell Insular d’Ibiza i Formentera en 1987; al Senado entre 1999 y 2000 y a la alcaldía de Formentera entre 1999 y 2003 y nuevamente entre 2005 y 2007. Pero ¿por qué se decidió a dar ese paso?
Quería cambiar Formentera, que fuera reconocida, respetada y tratada a nivel de Balears como la isla que es y no como un municipio. Solo a través de la política se podía obtener ese reconocimiento. Quería que los formenterenses tuvieran más oportunidades económicas, culturales y sociales en su propio territorio. Entré en política porque, para mí, el interés general de la isla debía estar por encima, siempre y en cualquier circunstancia, de los intereses particulares.
¿Cuáles de sus logros en este terreno destacaría?
No creo que la gente lo recuerde, pero en mi primera intervención en el Parlament balear, en 1987, defendí la declaración de s’Estany des Peix y Punta de sa Pedrera como Áreas Naturales de Especial Interés (ANEI). Fue difícil, tuve que explicar a todos los partidos los beneficios de esta declaración y los perjuicios para Formentera si no se hacía. Poco a poco fui ganando adeptos a la idea, que es como hay que hacer las cosas: haciendo amigos paso a paso, despacio, pero sin hacer enemigos. Fue una gran satisfacción que se tomara en consideración por unanimidad, aunque en la votación ya hubo más problemas.
¿Qué parte de la labor política le resultaba más difícil como persona?
Tuve que aprender a decir que no. Simplemente porque la ley no permitía lo que me pedían. En 1999, cuando entré en el Ayuntamiento de Formentera, la gente acostumbraba a venir a ver al alcalde con sus peticiones, sobre todo por temas de construcciones. Yo les remitía al departamento de Urbanismo, donde les explicaban las leyes y que nadie estaba por encima de ellas. Fue difícil y me dolió personalmente porque muchas veces la población no lo entendía. Pero yo tenía clara la importancia de seguir las leyes y, una vez más, la prevalencia del interés general sobre el particular.
¿Se ha arrepentido alguna vez de aquella decisión?
Nunca. Porque siempre he mirado hacia el futuro y sabía que lo que hacía, a la larga, se iba a entender porque era positivo para la isla. Cambiar la forma en la que la gente miraba al Ayuntamiento, hacer cumplir la ley, me trajo problemas, pero no me he arrepentido y no he perdido nunca ni una noche de sueño. Además, utilizaba la pedagogía para explicar las cosas a la gente lo mejor que podía y, al final, creo que lo entendían. Una de las cosas de las que me siento orgulloso es de que nunca me han cerrado ninguna puerta, ni he tenido que bajar la cabeza al cruzarme con alguien por la calle.

Isidor Torres durante una de sus intervenciones en el Senado / Archivo personal de Isidor Torres
Usted ha estado en formaciones tan dispares como el Grupo Parlamentario Socialista, la Coordinadora d’Entitats Cíviques de Formentera, Ibiza i Formentera al Senat y la Coalició d’Organitzacions Progressistes (COP).
Mi activismo siempre ha sido desde el socialismo, desde la izquierda, pero nunca he tenido carnet de ningún partido. He tenido la suerte de que los partidos me han aceptado en sus propuestas como independiente. Para mí esto era importante, porque quería tener a mi lado a los mejores para hacer de Formentera un lugar único, no me importaban las siglas ni las etiquetas.
¿Qué haría ahora mismo si siguiera en la política?
Hay una herramienta urbanística propia, que no se está utilizando y sería muy efectiva y positiva para atajar problemas como las fiestas ilegales en las casas: cambiar el PlanTerritorial Insular (PTI). Sería relativamente sencillo limitar la superficie máxima de las construcciones nuevas para que no existan esas mansiones enormes, y prohibir la construcción de más piscinas.
Por último, ¿a qué dedica sus días ahora, además de seguir presente en la vida social y cultural de la isla?
A disfrutar de los nietos y nietas y a recopilar mis vivencias y ordenarlas. Estoy escribiendo mis memorias.
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