Inteligencia artificial en la clínica dental
José Luis Rull, Director del área de Odontología de la Clínica Dr. Rull. / Director del área de Odontología de la Clínica Dr. Rull.
José Luis Rull, Director del área de Odontología de la Clínica Dr. Rull.
Es imposible no haber escuchado estos meses noticias sobre la llegada a nuestras vidas de la Inteligencia Artificial o I.A. en televisión, radio, prensa o redes sociales. Un concepto que nos descubre diferentes aplicaciones para pintar, diseñar, conversar, crear desde cero un cuento o una poesía, ayudar a hacer los deberes de los más pequeños o, incluso, trabajos universitarios.
La manera en que se habla de ello nos hace pensar en una gran revolución pero, ¿realmente nos ha cambiado algo la vida estos meses? Posiblemente no, y la razón es que hace tiempo que estas dos palabras empezaron a transformar nuestras vidas.
Hace años que en medicina se usa esta tecnología que nos permite dar diagnósticos precisos y rápidos, así como tratamientos más personalizados. El procesamiento de grandes cantidades de datos de manera casi instantánea se traduce, además, en el desarrollo de mejores fármacos o vacunas.
Muchos de nosotros contamos, asimismo, con relojes o dispositivos corporales que están enviando datos constantemente a nuestro móvil, siendo capaces de procesar de manera inmediata nuestras constantes, pasos o deseos y decirnos cuánto debemos andar, levantarnos, beber agua o dormir.
El sector dental, históricamente ligado a las nuevas tecnologías, no ha sido menos. De hecho, me emociona ver cómo ha cambiado nuestra Clínica gracias a este recurso en estos años. Tratamientos como la ortodoncia y los alineadores transparentes, cuyas aplicaciones de inteligencia artificial como Invisalign nos han ayudado a ser más eficientes por una casuística de millones de casos tratados en todo el mundo, nos permite prever la duración de un tratamiento con un margen de error de menos de un mes.
La fabricación de prótesis ha sido otra de las grandes beneficiadas; bibliotecas inmensas de dientes nos permiten brindar trabajos con mejor oclusión y estética, con un menor número de visitas.
Recuerdo cuando surgió el concepto de Diseño de Sonrisa Digital allá por 2008, fue una auténtica revolución, pero requería de largas horas frente al ordenador y sus resultados muchas veces no era fácil de previsualizar por el paciente. Ahora escaneamos digitalmente al paciente y con herramientas como SmileCloud en cuestión de minutos cambiamos la forma, tamaño y color de sus dientes para que pueda ver cómo será su nueva sonrisa. Si hablamos de aplicaciones en el procesamiento de imágenes radiográficas, estas son capaces de detectar las caries más pequeñas e incluso, la inteligencia artificial que ya usamos nos guía en el diagnóstico del diente con dolor o ante una fractura o avulsión.
Son varios los pacientes que me han explicado cómo su ‘cepillo inteligente’, conectado al móvil, les dice si están ejerciendo mucha presión al lavarse los dientes, si es poco tiempo que emplean o, para los más despistados, si se han olvidado de ejercer este hábito de higiene tan necesario antes de ir a dormir.
Es nuestro deber como odontólogos abrazar toda esta tecnología y crecer con ella. La inversión puede resultarnos costosa al principio, pero el beneficio para nuestras clínicas y pacientes nos compensará enormemente, ya que en el día a día ya nos está ayudando a ser más eficientes obteniendo resultados más satisfactorios en nuestros tratamientos. Por eso, cuando miren con desconfianza o crean que la inteligencia artificial puede terminar con nuestras profesiones tal y como estaban concebidas o teman que en un futuro distópico las máquinas puedan pensar por sí mismas eliminándonos de la ecuación social, recuerden que ya están aquí, que han llegado a nuestras vidas para hacerlas mejores, y que está en nuestra mano darles un uso correcto. Sonrían tranquilos.