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Juan Cruz

TRIBUNA

Juan Cruz

La razón abrumadora de la cantante Shakira

Lo abrumador anula el periodismo, e incluso la razón. Tú disparas en medio de una multitud en la que se está celebrando una misa y ya todo es el disparo, los periodistas nos olvidamos del Papa, aunque haya muerto o haya sido malherido, y vamos detrás del turco, como aquella vez que atentó un loquinario contra Juan Pablo II, el de la sonrisa enfadada. Ahora ha perdido Nadal al tenis en Australia y nadie sabe nada del que le ganó la partida.

El periodismo tiene siempre el ojo desviado hacia el que se atreve a disparar o al que pierde, si éste es famoso. Con la canción en la que la colombiana Shakira pone de vuelta y media al futbolista Piqué, y no es símil sino consecuencia del asombro, ha pasado que todo el mundo se fija en la letra, y no tanto en la música (que es básicamente de un argentino de veinticuatro años que sabe más que Frank Sinatra) que explica el drama que la artista ha decidido contar en versos quebrados, y tampoco en lo que pudiera decir, si dice algo, el supuestamente agraviado, esa “rata inmunda”.

El periodismo (nosotros mismos) está oponiendo el dedo a la Luna. Al pobre multimillonario que recibe el insulto, que le den morcillas, como se suele decir. Él se ha defendido, de momento, regalando el reloj que su exmujer le adjudica en la melodía y haciendo gracietas televisivas. De igual casta que su ex. Él se fue de casa, la dejó con los niños, se acabó el amor, o el interés, pero la voz cantante es sobre todo la de Shakira, Piqué no canta, le cantan, su propia madre forma parte de la canción, la cantante le reprocha al hijo que se la haya dejado en el rellano. Y él mismo forma parte de la corte de quienes pudiendo ser mejores es peor que, repito, una “rata inmunda”, una denominación de carácter que le puso en bandeja una colega de la cantante colombiana, la mexicana Paquita la del Barrio.

En España, y en cualquier parte donde haya llegado esta letra y esta música de impresionante tirada, Shakira gana la partida, Piqué la ha perdido, está perdido. Ese aire de culpable que se fabrica en las películas para que en seguida se sepa quién va a ser el bandido de la trama ya lo tiene dibujado en su rostro como si se lo hubieran pintado con canciones. El periodismo, y la sociedad, tiene ojos para Shakira, para la descarga multimillonaria de la canción. Por mucho que ahora el futbolista regrese al campo, ya tiene todos los apodos puestos en esa canción que ahora es más famosa que cualquier cosa que diga defendiendo el derecho, ay, de enamorarse de otra. No se sabe, por cierto, si la madre del excapitán del Barça se ha cambiado de casa, en esto tampoco hemos andado finos los periodistas.

Esta vez la canción, es decir, la historia, tiene más que ver con la mísera vida terrena, y no con lo celestial, de modo que la letra mezcla la vida cotidiana, el hecho de que la suegra siguiera viviendo en su propio rellano, mientras él, un futbolista famoso, se iba con una chica a la que le dobla la edad, dejando atrás una vida de honores y de coches de lujo para pasar a vivir en una vida que incluye coches modestos y relojes baratos poco después de que el Barça, su equipo, lo bajara de la alineación, de la plantilla y, por supuesto, de la capitanía. No aparece la palabra fútbol, pero lo cierto es que Shakira dispara a gol todo el tiempo, pues, como mandan las canciones, la portería de enfrente está totalmente vacía.

Es un drama que en novela rosa hubiera tenido autores, o autoras, con seudónimo, y que en el mundo de la canción ha tenido a la más popular de las voces hispanas, que además le dio voz e himno al Mundial de fútbol que hubo en Sudáfrica cuando su marido, por cierto, era central de la defensa española, ganadora de ese campeonato de los campeonatos. Shakira cuenta ahí, y esto lo sabe hasta el papa, la rabia que marcó su vida y su imaginación cuando supo que el futbolista Piqué empezaba a salir con una muchacha de poco más de veinte años y la abandonaba por ella. Shakira, en la canción, dice que la que le robó el marido, aunque no la inspiración, era un Twingo, mientras que ella, la abandonada, andaba en Ferrari. Y que la otra lleva Casio mientras que ella, más potente, adorna su noción del tiempo con el uso de un Rolex.

Por cierto, la casa Casio se ha congratulado con la cita, y lo mismo ha hecho la inventora de Twingo, a cuyos representantes he visto en la televisión lanzando cohetes a favor del supuesto gusto de la nueva compañera de Piqué. Éste apareció en un programa de televisión alternativa regalando casios a todos los presentes, y argumentó, seguramente de broma, que había llegado a un acuerdo con esa marca de relojes para promover la marca. Si todo no desembocara en una de las más imponentes tiradas musicales de la historia desde los Beatles, todo parecería un espectáculo de feria tras cuya exhibición los contendientes salen a la calle dándose la mano y riéndose del éxito de la pantomima.

Cuando todas estas bromas y veras empezaron a ser más potentes que la música propiamente dicha, la canción ya había vendido millones de copias, Shakira había lanzado su mensaje de despecho con enorme eficacia. Paquita la del Barrio, la famosa cupletista mexicana, que canta con enorme eficacia el otro himno histórico del despecho, Rata inmunda, le regaló a Shakira su solidaridad, y su verso, y se solidarizó con su rabia, le mandó un abrazo y la esencia de su letra más famosa.

“Rata inmunda. Animal rastrero. Escoria de la vida. Adefesio mal hecho. Maldita sabandija. Cuánto daño me has hecho. Rata de dos patas”. Nunca una letra de Shakira ni de nadie estará a la altura de este ciempiés oscuro de metáfora subterránea. A ver cómo Piqué lleva el desmentido de esa contundente diatriba a la televisión a la que llevó el Casio. Se hizo tan famoso este apoyo de la mexicana a Shakira que la televisión nacional catalana, TV3, llevó la melodía sin freno a sus emisiones más importantes. Se dio la circunstancia de que en esa cadena estaban hablando del expresident Carles Puigdemont, que vive en Bruselas, y al término de ese exordio político sobre la imagen se coló la canción picuda de Paquita en el instante en que la mexicana entonaba lo principal de su famosa letra, Rata de dos patas, que atrajo a primer plano la consiguiente disculpa de una locutora abrumada por la coincidencia.

En El País de hace unos días Manuela Carmena, exalcaldesa de Madrid, jurista de larga experiencia, feminista desde antes de que esa palabra sea parte tan crucial de nuestras vidas, subrayó su opinión acerca de este fenómeno que desune al cantante y al futbolista: “Se acepta como normal que si te dejan lo pongas verde, pero en el fondo esas críticas van contra ti mismo: hace nada querías a esa persona”.

Así es si así os parece, que diría Shakespeare, que tanto explicó la naturaleza humana del dolor, capaz de lo mejor y de lo peor también, aunque en ambos casos se manifieste cantando.

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