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SALUD MENTAL

Tengo ansiedad, qué bipolar: el 'boom' del lenguaje del trauma (también) banaliza la salud mental

Casi la mitad de los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años consideran que han tenido algún problema de salud mental | El 'efecto contagio' de las redes y la intolerancia a la frustración multiplican las consultas por malestar emocional, según los expertos

El ’boom’ del lenguaje del trauma banaliza los trastornos mentales. ANDREA HERMIDA

En TikTok, la red social de cabecera de la generación Z, las cuentas asociadas a la palabra 'trauma' contabilizan 17.100 millones de visualizaciones –el Barça, 5.000 millones–, y en el motor de búsqueda de pódcast Listen Notes aparece en 10.000 archivos. Los 'tengo ansiedad', 'me hacen luz de gas', 'eres un TOC' o 'soy bipolar' salpican la conversación. Son datos que hablan de: 1/ la (muy positiva) desestigmatización de la salud mental entre los jóvenes, y 2/ el (arriesgado) salto de la órbita sanitaria a la cultura pop.

Durante años, psiquiatras y psicólogos animaron a las Selena Gomez del mundo a contar sus trastornos como cebo para atraer enfermos a los recursos sanitarios. El problema es que, a través de las redes, la explosión de series –de 'Los Soprano' (HBO Max) a 'Terapia sin filtro' (Apple TV+)– y los libros testimoniales ('Por si las voces vuelven', de Ángel Martín, va por la 15ª edición), el 'lenguaje de diagnóstico' se ha extendido como mantequilla sobre la tostada social, hasta llegar a ser una marca de 'prestigio' que incluso se monetiza (la salida de Laura Escanes de Instagram durante dos semanas por problemas de "salud mental" le agenció un buen puñado de seguidores).

"Da la sensación, sobre todo en el mundo virtual, de que si no has tenido una enfermedad mental, no eres nadie", evalúa Óscar Pino, coordinador de Salut Mental Benito Menni de L'Hospitalet y vocal de la junta de gobierno del Col.legi Oficial de Psicologia de Catalunya.

Nicholas Haslam, profesor de Psicología de la Universidad de Melbourne, ha bautizado el fenómeno como 'concept creep': la expansión gradual que han experimentado conceptos como 'trauma', 'abuso' o 'bullying'. "La gente utiliza 'bienestar' y 'salud mental' como sinónimos –señala el académico–. Y si pensamos que la 'ausencia de bienestar' es una enfermedad se corre el riego de patologizar las experiencias ordinarias de infelicidad. Y aun más: según un estudio realizado en Harvard [Payton Jones y Richard McNally], las personas que tienen un concepto más amplio de 'trauma' y que lo integran a su identidad, reaccionaron desmesuradamente ante una película en la que aparecía un cadáver mutilado y manifestaron más tarde síntomas de estrés postraumático.

Cuentas de TikTok centradas en explorar traumas individuales. TIKTOK

7,3 millones de jóvenes

Lo cierto es que casi la mitad de los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años –7,3 millones– consideran que han tenido algún problema de salud mental. "Ha aumentado el malestar emocional y los trastornos leves de ansiedad y depresión en el segmento de la población joven, especialmente entre las chicas", constata Joan Vegué, responsable del Pla Director de Salut Mental de la Generalitat, desde donde se han presupuestado 10 millones de euros adicionales para crear mecanismos de actuación en el ámbito infantojuvenil.

Al presidente de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental, Víctor Pérez Solá, desde hace años uno de los principales 'instigadores' del paso adelante de los famosos, le preocupa que "el malestar acabe psiquiatrizándose o psicologizándose y que, si no se criba bien, se limite el acceso a los dispositivos de salud mental a quien realmente los necesita" (se ha visto que más de la mitad no acuden o llegan demasiado tarde).

Un joven espera a ser atendido en el CAP. ARCHIVO

Esa 'criba' la hacen los (sobrecargados) centros de atención primaria. "Tras la pandemia, sobre todo en gente joven, vemos una oleada de consultas por problemas de adaptación a acontecimientos vitales, que en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) no se registran como patología", señala Alberto Barroso, médico de familia del CAP Sant Martí de Provençals. "Muchos entran a consulta y dicen: ‘Buenos días, vengo a que me vea el psicólogo’ –relata–, y acaba siendo un problema de la vida. Los médicos y enfermeras de primaria hacemos un papel que antes hacía el mosén". Eso, cuando se dispone de 7 a 10 minutos por visita. Solo el 24% de los casos se derivan a centros de salud mental.

La falta de tiempo (y la presión del consultante también) les ha empujado a menudo a la sobreprescripción de psicofármacos, aupando a España en el podio de la medicalización del malestar. "Estamos percibiendo una falta de sentido de la realidad, de entender que la vida da disgustos y que hay que aprender a tolerarlos". Desde hace un año, los CAP catalanes han encontrado cierto alivio con la aparición de la figura del referente en bienestar emocional comunitario (REBEC) –400 en total– para manejar el asunto. "Prefiero que haya falsas alarmas", valora Alexandra Ducà, la referente del CAP Ramon Turró. "Se trata de prevenir, de fortalecer a la población –explica–. Nuestra labor es hacer un abordaje grupal, trabajar con recursos del barrio y hacer talleres en escuelas sobre autoestima y autoimagen, entre otros, para que no se llegue a la medicalización".

Y en primera línea también están los psicólogos. Pocos, indica el Col.legi Oficial de Psicologia de Catalunya: la media de profesionales que trabajan en la red sanitaria pública en Europa es de 18 por cada 100.000 habitantes (incluidos los países del Este), mientras que en Catalunya son 9 por cada 100.000. Están ahí para reducir la brecha entre los que tienen las puertas abiertas de la industria de las terapias y los servicios de 'coaching' –las consultas más baratas cuestan 50 euros la sesión– y los que no.

Tengo ansiedad, qué bipolar: el 'boom' del lenguaje del trauma (también) banaliza la salud mental.

El porqué del malestar

El psiquiatra Pérez Solá suele acabar sus conferencias con una diapositiva de 'Los Simpson' y pregunta al auditorio cuál de los miembros de la familia creen que gastará más en psiquiatras. Lisa gana por goleada. "Hemos creado una generación de 'lisas' y les hemos exigido que sean felices toda la vida". O en palabras de Óscar Pino, del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya, "en plena construcción de su identidad, cuando necesitan la aprobación de sus iguales, se ven presionados a través de las redes a una autoexigencia para estar siempre perfectos; mientras todo va bien, no hay problema, pero cuando se tuerce, no dan una respuesta resiliente".

Desde las 'conselleries' de Salut y Educació –las escuelas también están desbordados con el malestar de los jóvenes– están montando un programa de alfabetización emocional para incluirla el año que viene en el currículum de Secundaria. Pero los expertos van más allá. El médico de familia Alberto Barroso reclama mejorar los recursos comunitarios (bibliotecas, espacios deportivos). Y el psicólogo Óscar Pino considera que hace falta mejorar los condiciones sociales: "trabajos que no sean precarios, viviendas dignas, tiempo para hacer deporte" son los que, finalmente, son los que ponen en riesgo la salud mental de la población.

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