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Violencias sexuales

El MeToo masculino, el escándalo pendiente de explotar

Los actores Brendan Fraser, Anthony Rapp y Harry Dreyfuss o los modelos Ryan Locke y Jason Boyce son de los pocos que se han atrevido a denunciar a sus agresores

Jason Boyce, Harry Dreyfuss, Brendan Fraser, Anthony Rapp y Ryan Locke.

Laagresiones sexuales dentro del colectivo LGTBI han permanecido hasta hace poco a la sombra del movimiento MeToo, pero comienzan a salir a la luz y probablemente se conviertan en un nuevo foco de atención hasta el momento invisibilizado y que ha tomado una relevancia inesperada después de la detención del productor Javier Pérez Santana tras acosar a varios hombres y agredir e insultar a la actriz y cantante transexual Jedet, que decidió denunciarlo in situ en la fiesta posterior a la celebración de los Premios Feroz

Detrás de este acontecimiento lamentable se esconde todo un universo desconocido que tiene que ver con la violencia sexual y el acoso intragénero. Dentro de la esfera pública han sido varios los casos que han trascendido, dos de ellos en la industria del cine, que se destaparon precisamente a raíz del movimiento MeToo. El más mediático fue sin duda el de Kevin Spacey, uno de los grandes intérpretes de su generación y ganador de dos Oscar, que supuestamente habría utilizado su situación de poder para agredir a distintos hombres a lo largo de su carrera, motivo por el que ha sido denunciado en repetidas ocasiones hasta la actualidad. Una de las acusaciones más terribles fue la que interpuso el también intérprete Anthony Rapp, cuando declaró que fue agredido sexualmente por Spacey cuando solo tenía 14 años en 1986, en una fiesta en su casa.

Este perfil de abusador se habría mantenido en el tiempo, ya que otras muchas denuncias proceden de la etapa en la que fue director del prestigioso teatro Old Vic de Londres. Siempre se trataba de chicos jóvenes que empezaban en el mundo del espectáculo y de los que se aprovechaba gracias a la figura de poder que representaba. Las incriminaciones no han parado de aparecer, tanto en los tribunales como en los medios de comunicación, configurando un patrón sistemático que abarca desde exempleados de la serie 'House of Cards', que protagonizaba antes del escándalo, hasta gente de su entorno, como el hijo del actor Richard Dreyfuss que señaló haber sido manoseado por el actor cuando tenía 18 años. 

En el caso de Brendan Fraser, él fue la víctima. Lo contó a un periodista pensando que era el momento oportuno tras haber estallado el MeToo. Si las mujeres de la industria de Hollywood se habían atrevido a hablar después de décadas de acoso sexual en el ámbito laboral, también él podría contar lo que le había sucedido. Pero no fue lo mismo. Su testimonio quedó de alguna manera ninguneado, perpetuando ese estigma que siempre ha acompañado al género femenino a la hora de denunciar y que continúa estando presente a través de la forma en la que se sigue juzgando cualquier exposición pública. El agresor era en aquel momento el todopoderoso presidente de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood, Philip Berk y ese suceso supuso, según Fraser, que se le vetara de la industria, algo que coincidió también con una profunda depresión en la que se sumió después de continuadas lesiones provocadas por los filmes de acción en los que participaba y la separación de su esposa, con la que tenía tres hijos. 

El mundo de la moda también se ha visto salpicado de continuos escándalos, el último el del diseñador Alexander Wang que ha sido acusado por un modelo masculino y otro trans de abuso sexual. Al parecer, todas las situaciones de tocamientos sin consentimiento se habrían producido en clubs o afters, al igual que el caso del productor español Javier Pérez Santana.

Por otro lado, dos míticos fotógrafos como Mario Testino y Bruce Weber también se han situado en el ojo del huracán después de que 'The New York Times' desvelara que, entre ambos, sumaban más de 28 casos de abusos a jóvenes modelos, entre ellos Ryan Locke o Jason Boyce. Los obligaban a desnudarse en sus sesiones, a tocarse los genitales hasta que ellos mismos participaban en alguna práctica no consentida. Sin embargo, ambos han seguido trabajando, como si no hubiera pasado nada, lo que certifica el doble rasero y la hipocresía del sector y la diferencia que todavía hay entre el tabú masculino y femenino. Fiestas, iniciaciones a las drogas por parte de los abusadores, obligación de desnudarse y de tocarse, vetos… todo un submundo que se mantiene a la espera de explotar dentro del colectivo LGTBI.

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