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Crisis sanitaria

Se busca en Ibiza piso con vistas al mar y buena conexión a Internet para teletrabajar

Holandeses, alemanes y peninsulares adquieren o alquilan segundas residencias en Ibiza cercanas a la playa, con vistas despejadas, terrazas amplias y un pequeño jardín: el objetivo, trabajar telemáticamente en un entorno menos hostil que el urbano

Teletrabajar en Ibiza, incomparablemente mejor que en una ciudad. | J.A.RIERA

Teletrabajar en Ibiza, incomparablemente mejor que en una ciudad. | J.A.RIERA

La compraventa de viviendas en las Pitiusas no atraviesa uno de sus mejores momentos debido a la crisis sanitaria, pero se está produciendo un fenómeno que ha animado el negocio: el interés de peninsulares y extranjeros por adquirir una segunda residencia en Ibiza que tenga vistas al mar y buena conexión a la red para poder teletrabajar. Los deprimentes confinamientos en grises urbes están detrás de esta tendencia.

El duro confinamiento domiciliario al que la población se vio sometida durante de la primera ola y el tsunami de sucesivas restricciones a la movilidad decretadas posteriormente han tenido efectos inmediatos en nuestra manera de ver tanto la vida como el entorno laboral. Muchos urbanitas han dirigido su mirada hacia entornos más luminosos, cálidos y amables tras verse obligados a teletrabajar durante meses enclaustrados en pisos lúgubres, rodeados por edificios de 14 plantas que les robaban los rayos de sol y en los que el único contacto directo con el exterior era una minúscula terraza con vistas a un inmundo patio interior o a una ruidosa avenida. No son pocos los que, tras barajar localizaciones, se han fijado en Ibiza, de la que se tiene una visión idílica y cuyo clima es mucho más agradable que el de Frankfurt, Eindoven o Madrid, según cuenta José Alarcón, propietario de Ses Pedretes, empresa ibicenca dedicada a promociones y gestión inmobiliaria.

El teletrabajo ha aumentado con la pandemia. Jorge Alió

«A raíz de la pandemia y tras los sucesivos confinamientos, ahora hay mucha gente interesada en tener una vivienda como segunda residencia en esta isla», asegura Alarcón. Pero no cualquiera. Nada de cutreces: «Desean que cuenten con ciertos requisitos: principalmente, que tenga vistas al mar, pero también que disponga de una buena conexión a Internet para poder teletrabajar». El objetivo es llevarse la oficina de la gris ciudad a la luminosa residencia ibicenca en la costa. Y a poder ser, cerca de un chiringuito y de una cala de aguas turquesas. «No compran como inversión», recalca, sino para vivir y trabajar mejor.

De Hamburgo a la playa

Los clientes interesados son tanto «extranjeros como peninsulares, estos de Madrid o Barcelona, que quieren tener una segunda residencia como alternativa por todo lo que han pasado con el covid». Se trata de personas que, de la noche a la mañana, «se vieron confinadas en París, Hamburgo o Londres trabajando encerradas en un piso. Con el tiempo se han dado cuenta de que para teletrabajar así, mejor hacerlo desde Ibiza con vistas al mar y cómodas».

Porque esa ha sido una de las consecuencias de esta pandemia: el trabajo telemático ha dejado en evidencia el presentismo. Se puede rendir a distancia, sin estar anclado obligatoriamente a la silla de la oficina durante horas.

Y buenas escuelas

Entre los extranjeros, Alarcón destaca que «hay muchos holandeses interesados; son la mayoría, aunque también hay alemanes». Y no es gente que busque casas valoradas en millones de euros: «Son de clase media-alta interesados en un adosado o en un piso como segunda residencia por si vuelve a pasar otra vez lo mismo o porque se han dado cuenta de que teletrabajando pueden rendir igual allí que aquí... pero con sol y playa. Muchos nos dicen que, teniendo una buena conexión a Internet, para qué estar en la gris La Haya cuando desde la soleada Platja d’en Bossa pueden desarrollar la misma actividad laboral». Adquieren viviendas «por debajo del millón de euros». «Deben cumplir determinados parámetros de calidad, pero no necesariamente deben estar enclavadas en la bahía de Talamanca: pueden estar en Cala Tarida o en Platja d’en Bossa».

Otra de las ventajas que ven en Ibiza «es que pueden llevar a sus hijos a buenas escuelas privadas»

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El acceso a Internet es, eso sí, fundamental a la hora de la elección, por lo que se decantan por entornos próximos a las urbes pitiusas, mejor conectadas que las rurales: «De ahí -explica Alarcón- que busquen pisos o adosados, pues estos se encuentran en áreas que ya cuentan con una buena conexión a la red. Cuando buscan casas de campo ya hablamos de otro perfil de cliente, más elevado, que a lo mejor no está teletrabajando… o que teletrabaja para sí mismo». Otra de las ventajas que ven en Ibiza «es que pueden llevar a sus hijos a buenas escuelas privadas», pues la mayoría de los interesados tienen familias.

En un contexto de crisis en el que las ventas están de capa caída (en enero, los últimos datos de los que se dispone, cayeron un 35% respecto a 2020), «este fenómeno está moviendo» el negocio, admite Alarcón, que detalla que «también hay muchos que sólo tantean, pues buscan también en Mallorca y en Menorca; pero el perfil de Ibiza está gustando».

Alquiler un año, de momento

Jeffrey Fernández, delegado en Ibiza y Formentera del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria (API), confirma el auge de esa tendencia. «Se ha notado -explica- ese tipo de demanda desde que empezaron los confinamientos. Buscan casas y apartamentos para teletrabajar. Hemos tenido varias operaciones con gente que viene a la isla para teletrabajar desde aquí; de momento para un año, luego quizás se queden más tiempo, dependiendo de cómo evolucione la pandemia». No tienen interés en comprar, sino en alquilar: «Pagan de 1.300 a 2.500 euros de alquiler al mes. Algunos se interesan por las villas, pero pocos».

En su caso, los interesados también tienen «un poder adquisitivo medio-alto; suelen ser autónomos o profesionales que trabajan para grandes empresas que les permiten esta forma de trabajo a distancia». Y generalmente «quieren vistas al mar o despejadas, y que la vivienda tenga una terraza amplia, un solárium o un jardín. Lo fundamental es que, además, disponga de una buena conexión a Internet».

Activación de las ventas tras acabar el cierre perimetral

Una de las consecuencias inmediatas del fin del cierre perimetral tanto de la isla (primero, a mediados de marzo) como de Balears (esta misma semana) ha sido el impulso de las ventas inmobiliarias, según señala Jeffrey Fernández, delegado en Ibiza y Formentera de los API: «Se han activado porque ya han podido venir los clientes extranjeros, especialmente en las pasadas vacaciones de Semana Santa. Muchos estaban interesados, pero se encontraban a la espera, desde diciembre, de poder viajar hasta aquí para poder visitar los inmuebles que deseaban adquirir. El confinamiento perimetral de la isla o el de su propio país impedían que pudieran trasladarse hasta aquí. Los que no han podido venir aún son los compradores nacionales». Respecto a los locales comerciales, siguen en estado catatónico. Decenas de espacios comerciales han tenido que cerrar y no encuentran quien los adquiera, alquile o acepte un traspaso. La demanda «es aún cero», asegura Fernández: «Con la incertidumbre que hay, que no se sabe si se abrirá en junio o julio o ve a saber cuándo, la gente aguarda».

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