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Obituario

Último adiós a Álex Casademunt, "el niño grande"

El autor recuerda su amistad con el desaparecido cantante y presentador, al que conoció cuando ambos trabajaban en ‘Los Lunnis’

Álex Casademunt. Europa Press

Álex Casademunt. Europa Press

No hacía falta que te fueras, con una sonrisa de las tuyas hubiera bastado para retomar la complicidad que la distancia y el tiempo no pueden apagar. La noticia de tu muerte, Alex… me sume en ese silencio donde se agolpan los recuerdos de una amistad tan corta como intensa que perduró más allá de cualquier encuentro o desencuentro, estos últimos no están en mi vieja memoria (será que no los hubo).

Eres la personificación de una vitalidad desbordante. Seguramente descontrolada, me dijeron muchos a la hora de llevarte a ‘Los Lunnis’ como contrapunto a una sosegada Lucrecia que aportaba la sensatez, que ni tú, ni yo, teníamos. Quizás tú por joven y seguramente yo por viejo… Cuántas horas de conversación, cuántas horas de risas, de reproches entre esas risas y ese cariño de nuestra relación de mayor a menor (los dos entendimos que no podía ser paternalismo, porque en nuestra forma de ser no se estila). Eres, y lo digo con el corazón, un chiquillo bueno, travieso, de amores de quita y pon, pero con la fidelidad del que no puede mentir, porque le traiciona la verdad de su mirada. 

Álex Casademont. Europa Press

Maduro allí donde se cruzan los caminos del que soy y lo que quisiera ser. Supongo que por lo que fuiste antes de ser tú…

«Cuántas casas hay en Mataró sin ascensor y todas con frigorífico», me dijiste un día donde las confesiones no tenían ni confesionario, ni cura; solo un ayer, quizás un entonces y sí un futuro, que nunca es mañana, sino el olvido del ayer. 

«Un niño grande»

Déjame que llegue tarde a una cita donde estás tú ahora, aunque tengas un cielo azul, un mar transparente, una palmera y mil amigos. A mí me hubiera gustado quedar contigo en ‘La Morera’, degustando la vida en un plato de jamón de los que corta Juan y ahogando penas si las hubiere (lo dudo en ti) en una buena copa de vino (tú elijes). O contándonos un paseo por la madurez donde las anécdotas siempre afectan a aquellos terceros que nos importan. Pero no, la maldita suerte ha querido que te vayas siendo ‘un niño grande’. Cerrando algunas puertas que nunca podrán abrirse, porque detrás ya no estás tú… o no las queremos abrir, también porque no estás tú. 

No voy a pronunciar ese ‘pobre’ compasivo, ni hoy, ni cuando más allá de un futuro sin ti, me acuerde de Álex Casademunt. No creo en los fue… solo en los hasta luego. Ojalá este silencio del folio en blanco se haya roto con los sentimientos de una amistad que no puede romper ni la distancia, ni el tiempo, ni siquiera un desgraciado accidente… 

Aunque no quieras para todos nosotros (y mira que somos muchos) estás ahí con una sonrisa de las tuyas.

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