Opinión | Tribuna

Manifiesto contra la mediocridad

El reciente informe Pisa 2023 nos ha confirmado lo que para algunos era ya una evidencia: el deterioro más que patente de los niveles educativos en las aulas españolas, donde la excelencia (si algún día la hubo) ya no es una prioridad y donde la relajación de la exigencia es la tónica habitual consentida y promovida por quienes tienen el poder absoluto de influir en el sistema educativo.

Algunos, y al parecer no muchos, somos conscientes de que la educación concede poder, y el poder te convierte en dueño y señor de tu destino, al permitir que el individuo y la sociedad en general avancen con ello, hacia la excelencia, fomentando el pensamiento crítico. Porque es más inteligente a largo plazo, enseñar a pescar al necesitado, que darle el pescado.

Últimamente, observo con tristeza y cierta impotencia cómo algunos poderes fácticos, con extraordinaria habilidad, mueven los hilos, con un objetivo muy claro: atontar a la sociedad española, hacerla vulnerable, inválida y totalmente dependiente del Estado en todos los sentidos. Mientras, España permanece dormida, aletargada, inconsciente frente al patíbulo porque la estrategia del “pan y circo” a algunos les funciona perfectamente. Conocida en su locución latina como “Panem et circenses”, es decir “pan y espectáculos de circo”, esta frase acuñada por el poeta romano Juvenal en la Sátira X, definiría despectivamente nuestro actual “clientelismo”. La práctica habitual de algunos gobiernos de apaciguar a las masas y ocultar hechos ciertamente controvertidos, creando una columna de humo, una distracción (circo) y procurando alimento (pan) a las masas. De esta forma, el gobierno de turno obtiene el beneplácito del pueblo, y lo desposee de su espíritu crítico, agradecido por la falsa generosidad de su gobernante. Este fenómeno, muy propio de estados autoritarios, presenta como máxima aspiración el control de los individuos, manipulando su pensamiento, la esfera más íntima y personal de todo ser humano.

La historia ha contado con verdaderos expertos en esta materia. Seguro que a todos nos vienen a la cabeza muchos personajes, actuales o no, como Goebbels, que estableció con gran maestría e inteligencia los principios de la propaganda nazi que llevaron a Hitler a alcanzar, por la vía democrática, el poder absoluto en Alemania en 1933. Quiero hoy reseñar brevemente, por su similitud con la actualidad a la que nos enfrentamos, estos once principios de Goebbels: el principio de la simplificación y del enemigo único (adoptando una única idea o símbolo, individualizando al adversario en un único enemigo común), principio del método de contagio (reuniendo a diversos adversarios en una única categoría o individuo), principio de la transposición (cargando sobre el contrincante los propios defectos o errores, respondiendo al ataque con otro ataque, porque si no es posible negar los hechos, se inventan otros que distraigan la atención del pueblo), principio de la exageración o desfiguración (convirtiendo cualquier simpleza en una amenaza grave), principio de la vulgarización (adaptando el mensaje al nivel menos inteligente de los individuos a los que va dirigida la propaganda, lo que implica menos esfuerzo para comprender y gran facilidad para olvidar), principio de la orquestación (limitando la propaganda a un número reducido de ideas, repitiéndolas incansablemente, aunque sean inciertas, hasta que se acaben convirtiendo en una verdad), principio de renovación (emitiendo de forma constante nuevos argumentos, acusaciones e ideas a tal ritmo, que al adversario no le dé tiempo de responderlas y defenderse, porque la atención del público ya está puesta en otra cuestión), principio de la verosimilitud (construyendo argumentos a partir de informaciones fragmentadas, fuentes diversas o globos sonda), principio de la silenciación (acallando cuestiones incómodas de las que no se dispone de argumentos o silenciando informaciones que favorecen al adversario contraprogramando con la ayuda de los medios de comunicación afines), principio de la transfusión (difundiendo argumentos que puedan arraigar en un odio primitivo previo, o en prejuicios enraizados en la sociedad) y el principio de unanimidad (creando una falsa impresión de unanimidad, al llevar al convencimiento de que todo el mundo piensa igual). Estos once principios son la piedra filosofal con la que se está atontando a la sociedad actual, eliminado cualquier espíritu crítico que nos permita ser libres y dueños de nuestro propio destino.

El pensamiento crítico, la cultura del esfuerzo y la educación, sin adoctrinamientos, orientada hacia la excelencia, son las únicas armas que pueden contrarrestar la desinformación y la manipulación, en esa búsqueda de la verdad, que nos liberará de la mediocridad.

«La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo». Nelson Mandela

Alicia Reina Escandell  | Doctora en Turismo