Opinión

Humor, ¿excusa o escudo?

«Las redes sociales se llenaron de ‘ofendiditos’ por una broma de Ana Peleteiro sobre si hay racismo en el deporte»

El humor, como mecanismo de defensa, es de primero de supervivencia: ‘Mejor que se rían conmigo, que de mí’. La realidad, la ficción y un montón de monólogos del Club de la Comedia se han nutrido de esa premisa, aceptada tácitamente por el respetable. Sólo así se entiende a la persona con kilos de más haciendo chistes sobre gordos, a un homosexual llamándose a sí mismo, o al de en frente, ‘maricón’, con todo el desparpajo; o a una persona de color reírse de los ‘clichés’ sobre su raza. Ah, no, bueno, esperen, esto último depende del día y de la persona. Si no, que se lo cuenten a la medallista olímpica Ana Peleteiro.

La gallega participó en el podcast de la influencer Laura Escanes. Y preguntada por ésta sobre si hay racismo en el deporte, se le ocurrió soltar: «En atletismo los negros, molamos. En atletismo los blancos se visten de negros. En plan, del rollo... El pobrecito blanco que corre 100 metros es como... Cariño... No, no vengas...».

Inmediatamente después de estas palabras, vino un «Estoy de coña», pero dio igual. Sus declaraciones fueron ‘trending topic’ durante días. Las redes sociales se llenaron de ‘ofendiditos’ planteando preguntas retóricas del tipo: ¿qué pasaría si fuera un blanco el que dijera esas cosas?

La respuesta es muy sencilla. Depende. Depende del tono, del contexto, pero sobre todo de la intención. No hace falta ni siquiera ver toda la entrevista, para entender que la atleta, que volverá a competir representando a España en París este verano, estaba siendo irónica.

De hecho, sólo hay que bucear un poco en internet para darse cuenta de que está utilizando el sarcasmo para hablar de un asunto, que claramente le toca de lleno. Ella es hija de madre gallega y padre desconocido y fue adoptada de pequeña. Y siempre ha defendido que en su casa le enseñaron a entender la diferencia como riqueza y a reivindicarla. Lo dejó bien claro cuando, después de ganar el bronce en Tokio, como saltadora de triple salto, afirmó en otra entrevista que ella y otro compañero no eran personas «de color, sino negros».

Personalmente considero que si alguien debería tener ‘patente de corso’, para vacilar o hacer ‘chascarrillos’ sobre cualquier colectivo, sea el que sea, es alguien que pertenece a él. Primero, porque es sano saber reírse de uno mismo; pero también, porque no hace falta ser Marian Rojas para darse cuenta de que puede tratarse de un recurso de autoprotección, para poder lidiar con según qué temas ante según qué gente.

Otra cosa bien distinta es aquellos que pretenden disfrazar de humor el racismo, la intolerancia y la ignorancia. Y lo utilizan como escudo, no sólo para ganarse el aplauso fácil y conectar con aquellos que piensan como ellos, pero no se atreven a decirlo, por aquello de que no es ‘políticamente correcto’; sino para, además, expresar lo que verdaderamente piensan e irse de rositas.

Hace poco Alfonso Guerra, recordaba con nostalgia en el ‘Hormiguero’, nada más y nada menos, los tiempos en los que se podían hacer chistes «sobre homosexuales o enanos...», asegurando que ya no hay «libertad de expresión, sino censura» para con los humoristas, ante un empático Pablo Motos, que le daba toda la razón.

Y paradójicamente, seguramente que una parte de la audiencia que en ese momento aplaudía su alegato, in situ, y también en las plataformas, ya saben, esos que acompañan su foto de perfil con una banderita de España, son los mismos que ahora le recriminan a Ana Peleteiro una broma que ellos tildan de ‘racista’.

El racismo en nuestro país, y en todas partes, es mucho más complicado y retorcido que decir que «los negros corren más». Aunque lo mismo, la clave está en que no todos lo reconocemos en las mismas cosas y es ahí dónde nos retratamos.

Yo lo veo bastante más claro, por ejemplo, en una foto que ha circulado por redes durante las protestas previas a la investidura de Pedro Sánchez. En ella se ve a una pareja de ‘gente de bien’, que va a manifestarse a Ferraz contra la ley de amnistía, y están comprándole en un ‘top manta’ a un africano, probablemente si papeles, una bandera de España, hecha en China.

El racismo está en el ojo del que mira, como lo está todo en esta vida. Pero hay veces en las que hay que rendirse a la evidencia de la realidad, por mucho que se empeñe en llevarnos la contraria, a nosotros y a nuestras opiniones.