Opinión | Para empezar

Un poco de circo no mató a nadie

Si me dan a elegir entra la oscuridad y los colorinchis, yo elijo lo segundo. Y en estas fechas, más todavía. Recuerdo cuando en 2012, en plena crisis económica, en Sant Antoni las políticas de austeridad redujeron el alumbrado navideño a la mínima expresión; en esas fiestas, una noche andaba yo por el Passeig de ses Fonts, inmerso en mis pensamientos -es Navidad y uno recuerda a los que faltan- y encontrarme esa oscuridad y ese árbol escuálido, fue como una bomba atómica de depresión y mal rollo. A causa de estos antecedentes, el impacto de la primera feria de Navidad de Sant Antoni en 2019 fue enorme y supuso un chute de autoestima en el pueblo. Quizás exagero, pero creo que ahí se empezó a cimentar la mayoría absoluta de Marcos Serra. Que ahora Vila se apunte a este carro me parece estupendo. Un espacio donde los peques puedan patinar o jugar mientras los adultos nos tomamos un vermú o un vino caliente, ¿quién puede estar en contra de eso? A favor de los espacios que generen alegría y que te salvan el día. Ojalá sigan por este camino en las Festes de la Terra y que, por favor, programen conciertos un poco más potentes y terminen con la apatía y el sopor de los últimos años. Y un último deseo es que ojalá la izquierda de esta isla sea un poco más disfrutona, que falta nos hace.