Opinión

Trabajo, casa, igualdad y ecología

Almuerzo dominguero en un restaurante tipo taberna, con paredes de ladrillo visto. Entre la decoración rústica, destaca un plato de cerámica con la leyenda «qui de jove no treballa quan és vell dorm a la palla» y el dibujo de un tipo tumbado sobre un montón de paja que echa humo, a punto de volverse llama. Nos hizo sonreír. Tal vez el plato fuera una digna reliquia, pero si un portazo o una repentina corriente de aire lo hubiesen estrellado contra el suelo, no habría significado una gran pérdida estética. Tampoco ética, pues el patrón conductual del refranero (esfuerzo, trabajo, ahorro, conocimiento) se ha hecho añicos, así como la idea de que el progreso es una línea ascendente. Nanay. El último informe elaborado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social refleja datos alarmantes: un tercio de las personas pobres en España tiene un empleo remunerado y 4,2 millones de ciudadanos sobreviven con menos de 560 euros al mes. Tener estudios superiores tampoco garantiza un trabajo digno.

El mundo confortable no levanta cabeza desde la crisis financiera de 2007, pero si bien la precarización laboral y vital asaetea varias generaciones, el fenómeno se ceba en los más jóvenes. De ahí que otra encuesta, en esta ocasión elaborada por el Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) de la Generalitat, subraye que a la generación Z (con edades comprendidas entre los 16 y los 26 años) le preocupan sobre todo el acceso a la vivienda, los derechos laborales, el feminismo y la ecología. El independentismo se la trae al pairo; según el sondeo, sería este un asunto ‘boomer’.

Ojo con el descontento. La extrema derecha está encontrando un caladero de votos en el descreimiento de los más jóvenes. Argentina, por ejemplo, se ha salvado momentáneamente y por los pelos del populismo de Javier Milei y su motosierra.

La frustración, la sensación de que en el modelo actual no hay salida, alimenta cierto nihilismo entre la juventud. Por eso la encuesta del CEO incluye parámetros para medir la atracción por el caos, con preguntas del tipo «a veces tengo la fantasía de que un desastre natural borrará a la mayoría de la humanidad». La fantasmagoría del borrón y cuenta nueva. A mi edad, también tengo ensoñaciones apocalípticas. Fantaseo con un terremoto que raje el planeta como una sandía o con un diluvio estilo Noé que se lo lleve todo por delante. Siempre me figuro sobreviviente, claro, y a resguardo de purgas en la nueva civilización porque sé cavar un surco recto y encañar tomateras. Otros días, con la imaginación embridada, me da por pensar en cómo nos las apañaremos con las pensiones de autónomo. En cualquier caso —perdón por el tono cenizo—, se entrevé un dormir sobre paja que arde.