Opinión

Escondida primavera

Trituramos días del calendario y ya es primavera. Dos años de pandemia y la muerte de este invierno no da tregua. La destrucción de las vidas, de las ideas, de la razonabilidad, quiere imponer su ley en Ucrania, en las guerras olvidadas del mundo, en las esquinas de casa que no queremos ver. Recuperé el otro día el InfoK especial dedicado a la guerra de Ucrania, para ver si me ayudaba a entender algo. Se lo recomiendo, está muy bien explicado el conflicto, y está muy bien adaptado a nuestra realidad. Con recursos gráficos, testimonios, explicaciones sencillas pero eficaces y sin condescendencia (los niños son pequeños, no idiotas).

Pero si me preguntan ahora qué es lo que más recuerdo, es la frase de una psicóloga que ante la angustia que provocan en los niños (¡ay, si solo fuera en los niños!) las imágenes en bucle de la guerra, les animaba a que pidieran a los adultos que apagaran la tele, que tenían derecho, que si las imágenes y los programas no eran para ellos no tenían por qué aguantarlos. Lo he comentado estos días con amigos que tienen hijos y todos se sentían interpelados. Una amiga me dijo que su hija el otro día le había pedido que «apagara la guerra».

Tenemos información de sobra para saber que lo que ocurre en Ucrania no debería ocurrir en ninguna parte, no quiero entrar en el marco mental de los nacionalismos y las banderas, sino en el de las personas. Tenemos información de sobra para sentirnos aliviados por quienes han podido huir y encontrar acogida en nuestra casa, y avergonzados por los que no dejamos ni acercarse a nuestras costas. El derecho a la información debería ir acompañado del deber de hacer algo o acabaremos mirando el dedo y no la Luna, huyendo del espejo de nuestra hipocresía. Acusaciones de atrocidades cruzadas, ligereza en los calificativos: información e intoxicación, la base de cualquier guerra y en crecimiento tecnológico exponencial. Estoy enfadada con el mundo y conmigo misma. Tengo miedo. Bienvenida primavera. Escondida primavera.

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