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Pilar Ruiz Costa

Una ibicenca fuera de Ibiza

Pilar Ruiz Costa

¿Y si?

¿Y si fueran ellos y no ellas los de correr a esconder los libros, títulos y diplomas para que no sospechen que leen, que han estudiado? ¿Y si fueran ellos los de quedarse en casa mientras sus hermanas estudian y trabajan, presos, sin permiso para salir a la calle o asomarse a una ventana sin la tutela omnipresente de una hembra?

¿Y si los padres entregaran a sus vástagos, varones, aún pequeños y no a sus hijas, para que hagan con ellos los que quieran y así evitar que quemen sus casas cuando los monstruos vengan a buscarlos? ¿Y si fueran los niños y no las niñas los vendidos porque la familia necesita comprar una lavadora o una cabra? ¿Y si fueran ellos los obligados a vestir ocultando cualquier atisbo de cabello, piel y forma masculina para no provocar la lascivia incontenible de las miradas femeninas sobre el sucio cuerpo del hombre?

¿Y si fueran niños los que sus propios padres mutilan para coserles los genitales dejando la apertura mínima que permita que orinen y así salvaguardarlos castos y puros, cumpliendo la voluntad de dioses que parecen demonios, hasta que su propia esposa, quizá una anciana cuchilla en mano, vuelva a abrirlos para tomar lo que ahora le pertenece?

¿Y si fueran ellos los de padecer el escarnio público de repudios, latigazos, amputaciones o morir lapidados en medio de una plaza entre los vítores de ellas y el silencio aterrador de los otros hombres? En el nombre de allah, por ejemplo. ¿Y si fueran ellos, viudos, los arrojados a la pira funeraria de la esposa porque sin la tutela de una mujer no valen nada? En el nombre del satí. ¿Y si fueran ellos las víctimas de una violación y por lo tanto, culpables de traer la deshonra a sus casas y se vieran forzados al suicidio o al asesinato en manos de sus madres y hermanas? En nombre del honor.

¿Y si fuera un niño con su uniforme camino de la escuela al que mujeres le gritaran guapo, ven, guapo, que te voy a hacer un hombre, sí, tú, pero por qué corres, puto? ¿Y si fuera un él el de salir un sábado con su pantalón nuevo y al volver a casa le acorralaran un grupo de ellas y le penetraran en todos sus agujeros haciendo turnos, una y otra vez, durante horas o días y después arrojaran lo que quedara de su cuerpo maltrecho a un contenedor y, si acaso osara denunciarlo, le esperara la otra jauría: la de si dijo que no todo el rato, qué camisa llevaba puesta o qué había bebido; la de por qué caminaba solo, no sería que lo andaba buscando; la de con lo gordo que está, vaya desagradecido?

¿Y si las familias de ellos soportaran, cuando les mataran a un hijo, la mofa de políticos de que si fuera odio a los hombres matarían a todos los hombres y no únicamente al que era tuyo o creíste que lo era, y a saber si el crimen fue por odio o por amor o si, quizá, es que la asesina estaba borracha?

¿Y si 7 de cada 10 sufriera algún tipo de violencia física o sexual en su vida? En manos de mujeres. Por ser hombres. ¿Y si fueran hombres los 80.000 esclavos sexuales que hay en España y fueran mujeres el 39% que confiesa sin pudor que alguna vez los ha consumido? ¿Y si fueran ellos los de los contratos a tiempo parcial y permisos no retribuidos para dedicarse al cuidado de niños y parientes? ¿Y si fueran ellos los de atender el 93,20% de las tareas del hogar y el cuidado?

¿Y si fueran siempre ellos los de perder las guerras, y la libertad, y la voz y el voto; los de volver a ser ciudadanos de segunda, meros productores y reproductores, humanos incompletos subordinados a los caprichos de una hembra? Por la gracia de dios y de las mujeres que gobiernan.

¿Y si fueran los hombres, solo por nacer hombres, perennes víctimas de menosprecio, humillación, discriminación, odio, violencia y crímenes; víctimas, pero también cómplices de las reglas de un sistema vil que se apodera y destruye todo lo que es justo y todo lo que es humano? En el nombre de algún hombre inventado.

¿Y si las iglesias, mezquitas, sinagogas y templos, en lugar de estar vetadas a mujeres y sus cuerpos impuros, las habitaran sacerdotisas, obispas, cardenalas y hasta papisas? ¿Y si los hombres se postraran de rodillas ante unos credos donde las mujeres protagonistas no fueran una virgen o una ramera sino una trinidad formada por madre, hija y espíritu santa?

Si les prohibieran caminar solos, leer, hablar en alto, cantar, reír, vivir; si fueran ellos los enterrados bajo hiyab, chador, niqab o burkas; si pesara sobre ellos el yugo de las sharía, purdah, namus, halajá o cualquier otra maldita sagrada escritura; si se invirtiera el prejuicio más antiguo urdido por los hombres; si fuera Prometeo y no Pandora el de abrir la caja, Adán y no Eva el de caer en la tentación de una manzana y cargara ahora sobre los hombros de los hombres el pecado y la culpa de todos los males que desde que nacen arrastran las mujeres: el trabajo, el sufrimiento y la muerte… Aunque la historia fuera la opuesta, el mundo seguiría siendo un lugar inmundo. Y habría que cambiarlo.

@otropostdata

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