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Gonzalez,-Elena

El paseo del evasor fiscal

El tipo de persona que mata elefantes por diversión. El que vuela a ‘exiliarse’ entre lujos con sus amigos sátrapas de un país que castiga con la pena de muerte la homosexualidad, asesina a opositores y justifica el maltrato del marido a la mujer, seres «inferiores», cuando, investigado por la justicia suiza por presunto blanqueo de capitales, ya ni el auxilio de los poderes del Estado español le basta para tapar las acusaciones de corrupción. El que, mientras amasaba una fortuna opaca, nos sermoneaba sobre la necesaria ejemplaridad de los «servidores» públicos con el aplauso de un lameculismo patrio rendido a su «oratoria», incluyendo por supuesto a la gran mayoría de los medios de comunicación, que censuramos mientras se pudo sus escándalos. El que, siempre tan campechano, defraudaba a Hacienda al tiempo que cobraba de nuestros impuestos, desde la asignación millonaria al pozo sin fondo de Patrimonio Nacional. El «salvador» de la democracia el 23F, como se jactaba Felipe VI dos días antes de la segunda «regularización» fiscal de su padre. Tal vez, 40 años después aún seguimos esperando que se desclasifiquen los documentos secretos del golpe, pero ni eso justificaría su hipocresía y el fraude a la ciudadanía. El rey corrupto no se merece pleitesía ni paseos y retirarle esos honores es un acto obligado de decencia política, esa que Juan Carlos I, teniéndolo todo, ni supo ni quiso tener.

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