Comunidad Valenciana

Compromís, de rozar el cielo al barro de reconstruirse

Las batallas internas y la competencia merman a la federación valenciana

Oltra, Baldoví, Colau, Iglesias, Sorlí y Montiel en el cierre de campaña en València de 2015 en la Fonteta.

Oltra, Baldoví, Colau, Iglesias, Sorlí y Montiel en el cierre de campaña en València de 2015 en la Fonteta. / EFE

Diego Aitor San José

"Quiero mandarle un mensaje a Mariano Rajoy: tic-tac, tic-tac". Es enero de 2015 y la Fonteta de València, abarrotada, se vuelca con Pablo Iglesias, líder de un joven partido, Podemos. A final de año el recinto deportivo se volvió a llenar para cerrar la campaña de la coalición És el moment entre los morados y Compromís para las elecciones generales donde fue la segunda fuerza más votada. "Sí se puede", cantaba el público. "Era un momento ilusionante, de todo lo que pudo haber sido", recuerda el entonces líder de Podem, Antonio Montiel, que añade: "Pero todo eso se diluyó".

Podem rozó los cielos y ahora vive en el barro terrenal de tener que reconstruirse. Lo harán siguiendo la estela del último giro de Podemos en el Congreso tras salirse de Sumar e iniciar su andadura en el Grupo Mixto, algo que, a su manera, ya vivió Podem cuando, según denunció la formación, se había vetado a sus candidatos para entrar en las listas de Sumar en la Comunitat Valenciana. Sea veto o acuerdo, lo cierto es que los morados no tuvieron nombres propios en las papeletas de la coalición en Alicante, Castelló y Valencia.

La federación valenciana encara su futuro sin representación parlamentaria, sin llegar a la decena de concejales y con un pasado que en ocasiones ha parecido una profecía de lo que le ocurriría a la formación a nivel estatal. En 2015 entró en las Corts antes que en el Congreso y dio su apoyo a un gobierno socialista mucho antes de que ocurriera a nivel estatal igual que también se adelantó unos meses a compartir gabinete con los del puño y la rosa.

No era el asalto de los cielos, pero los 13 diputados de Podem fueron decisivos para lograr el gobierno del cambio tras 20 años del PP en la Comunitat Valenciana. "Podemos fue algo revulsivo, supo leer el malestar ciudadano y darle una representación", recuerda Montiel que lideró la formación hasta 2017 cuando las batallas entre el pablismo y el errejonismo y su traslación a la Comunitat Valenciana acabaron por dejarle fuera de la lucha por la reelección de la secretaría general.

"Es un momento de profunda decepción, nos faltó altura de miras desde ambas partes", expresa ahora, seis años después, el exdiputado autonómico. "Fue el principio del fin", cuenta Montiel, no por la derrota del bando errejonista del que formaba parte sino porque "no se supo integrar a la minoría". También lamenta la "falta de autonomía" de los territorios, tanto para sus procesos internos como para las alianzas.

Le siguió al frente del partido Antonio Estañ, joven diputado alicantino quien, no obstante, se apartó de las listas para las siguientes elecciones. El cabeza de cartel fue Rubén Martínez Dalmau. "Me llamaron y mi única condición es que hubiera consenso entre todas las sensibilidades", indica. Fue candidato en 2019 y logró 8 escaños necesarios para, esta vez sí, entrar en el Consell. Los morados, con Iglesias a la cabeza, no pisarían el Consejo de Ministros hasta cinco meses y una repetición electoral después.

Dalmau, entonces vicepresidente segundo y conseller de Vivienda, recuerda aquel tiempo como un "tándem ganador" con Naiara Davó como síndica del grupo parlamentario. Sin embargo, el triunfo de Pilar Lima al frente de la secretaría general del partido acabó con el cambio en la portavocía en el grupo en manos de la propia Lima. Ocho meses después, Dalmau, enfrentado con la dirección, dimitió de sus cargos en el gobierno.

"Empezaron a exigirme condiciones que no podía aceptar, intenté mediar con Ione Belarra [secretaria general de Podemos], pero dijo que el partido es el partido, y al final, salí", rememora el catedrático de Derecho Constitucional. "Podem fue una profecía para Podemos en crear una partitocracia y una oligarquía dentro del partido", añade al tiempo que reflexiona, con el futuro conocido como ventaja, que Podemos "es el partido más atacado de la democracia, pero ha habido demasiados errores internos".

El "difícil" futuro de la marca

un 3,5%, con la posterior dimisión de la dirección

Semanas después, cuando se negoció la candidatura de Sumar, Podem no tuvo representación en las listas. También ha perdido su presencia en el Gobierno de España que tenía en Rita Bosaho, quien fue directora general para la Igualdad de trato en el ministerio de Irene Montero. La salida al Grupo Mixto no afecta a representantes valencianos, pero sí permitirá a la federación distanciarse de Compromís, a quien Pérez, convertida en referente autonómica, critica por tener un "discurso más servil" y cercano al PSOE.

El próximo paso para Podem será convocar una asamblea ciudadana autonómica y elegir una nueva dirección. Eso será a nivel orgánico porque a nivel político el trabajo será mayor. Montiel considera que será una tarea "difícil" en una situación de "polarización" y "bronca en la izquierda", aunque insiste en que los electorados de Compromís y Podem son complementarios, "uno más identitario, el otro de una izquierda más transversal que ahora ha acabado escorado en una izquierda gruñona como la antigua IU". Para Dalmau, por su parte, Sumar es el "nuevo rostro del proyecto Podemos" por lo que su futuro pasa no por competir, sino "por colaborar".