Entrevista

El abogado que redactó el protocolo de la jura: "Lo trascendental de la jura de Leonor es el compromiso personal y radical de la llamada a ser Reina y Jefa de Estado"

"Elaborar el protocolo para el Príncipe Felipe no fue fácil y fue delicado; el jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, tuvo un papel fundamental", cuenta Luis María Cazorla Prieto

Luis María Cazorla Prieto.

Luis María Cazorla Prieto. / Redacción

Mariola Riera

El abogado Luis María Cazorla Prieto era en 1986 letrado mayor y secretario general del Congreso de los Diputados, por lo que participó activamente en la elaboración del protocolo del juramento de la Constitución del entonces Príncipe Felipe, un texto que se utilizará de nuevo este martes 31 de octubre para la jura de la Princesa Leonor y sobre el que habla en esta entrevista con La Nueva España, de Prensa Ibérica. Nacido en Larache (Marruecos) en 1950, tiene una sólida y nutrida trayectoria profesional que se inició en 1972 cuando se licenció en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, donde se doctoraría años después. En Asturias dio los primeros pasos de una carrera que lo llevaría al Congreso en 1982, donde se jubiló hace un año. Sigue ejerciendo la abogacía, después de retirarse el pasado julio como secretario general de Bolsas y Mercados Españoles.

Si me permite, me gustaría preguntarle lo primero por esos inicios en Asturias

Mi primer paso profesional lo di en Oviedo. Llegué como abogado del Estado en 1975 y allí empecé a preparar el temario de letrado de las Cortes que con el tiempo me permitió ser secretario general del Congreso de los Diputados y letrado mayor de las Cortes Generales, y participar en el juramento de don Felipe en 1986. Después he seguido muy ligado a Asturias por vínculos amistosos y profesionales, e incluso como veraneante en Salinas. Aprendí y debo mucho a mis años asturianos.

Treinta y siete años después de la jura de la Constitución por parte del entonces Príncipe de Asturias, ¿han cambiado mucho las Cortes?

Las Cortes Generales han cambiado mucho en estos años. En algunos aspectos, como la mayor presencia de la mujer, para bien. En otros, como el mal ambiente y la casi incapacidad de llegar a acuerdos en materias fundamentales entre los dos grupos parlamentarios más numerosos, para mal. Me preocupa enormemente, entre otras cosas, el empeoramiento de las relaciones personales que va predominando.

En 1986, la Constitución española y el sistema de monarquía parlamentaria no habían cumplido ni una década de andadura y tan solo hacía siete años de las primeras elecciones generales de la democracia. ¿Cuál es su balance?

Aunque la Constitución de 1978 no vive su mejor momento, con carácter general el balance es muy positivo. Bajo ella, España ha tenido un gran desarrollo político, económico y social.

Usted participó activamente en la elaboración del protocolo de la jura. ¿Fue especialmente difícil?

La preparación no fue fácil. Era algo totalmente nuevo y los precedentes eran lejanos y no aplicables. Lo principal fue precisar inicialmente la naturaleza del acto de juramento. Con criterio acertado, que el próximo día 31 de octubre se va a respetar, se llegó a la conclusión de que era un acto de naturaleza estrictamente parlamentaria, lo que determinó los pasos subsiguientes, sobre todo los protocolarios, siempre tan delicados. A partir de ahí, la preparación fue muy minuciosa. En el plano de la ejecución, que es el que me correspondía como secretario general bajo la autoridad del Presidente, quiero destacar el papel fundamental que por parte de la Casa del Rey desempeñó su secretario general, el asturiano Sabino Fernández Campo, y por parte del Gobierno, Virgilio Zapatero, entonces secretario de Estado de Relaciones de las Cortes y ligado muchos años a Llanes y sus alrededores. En el Congreso a mí me ayudaron mucho mi compañero Alfredo Pérez de Armiñán y el entonces jefe de Protocolo, Julián Oncina. Todos actuábamos bajo la autoridad y suprema dirección de Gregorio Peces-Barba, presidente del Congreso y muy asiduo de Ribadesella, que desempeñó un papel muy activo, y de José Federico de Carvajal, presidente del Senado.

Ha dicho que no fue fácil poner de acuerdo a Cortes, Casa Real y Gobierno.

No fue fácil y fue delicado. Cada institución defendía legítimamente sus puntos de vista y había que armonizarlos arrancando de la naturaleza parlamentaria del juramento. La muy fructífera participación en los preparativos de Sabino Fernández Campo y de Virgilio Zapatero contribuyó mucho a resolver adecuadamente todos los problemas y a que el acto del 30 de enero de 1986 resultara muy bien.

Qué recuerdos tiene de aquél día?

Mantengo un recuerdo muy grato de aquel día y la sensación de misión cumplida. Destaco una anécdota muy simpática. En el saludo a las Mesas del Congreso y delSenado, que tuvo y tendrá lugar ahora, antes de entrar en el hemiciclo y cuando estaba a mi altura, don Juan Carlos se dio cuenta de que no llevaba la medalla del Congreso. "¡Cazorla, déjamela!", me dijo con tono de sorpresa. Se la dejé. La llevó durante el acto y después me la devolvió.

Ahora tienen todo el trabajo hecho para la jura de Leonor. ¿Algo mejorable o que cambiar?

Se ha dicho públicamente que el juramento del próximo martes se atendrá al de enero de 1986. A mí este proceder respetuoso con la esencia de lo que se hizo con don Felipe como protagonista me parece muy acertado. Puede que haya algún matiz o pormenor que sea distinto, pero la esencia, que es lo fundamental, se va a mantener con rigor, según los datos que tengo.

Usted ha escrito un libro sobre el protocolo y recalca la trascendencia e importancia de la jura más allá de la pompa y el boato.

Mi libro sobre el juramente nace de la lección inaugural de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España que impartí en octubre de 2021. Quiero destacar esta aportación de la Real Academia a la buena marcha de un acto de tanta importancia. Tanto en la lección académica como en el libro insisto hasta la saciedad en la hondura y la trascendencia jurídico-constitucional y política del juramento. Lo de menos es lo social, la pompa y ostentación de un acto, por cierto, contenido y austero, sobre todo si nos fijamos en el ejemplo de otros países. Lo realmente trascendental es el compromiso personal y me atrevo a decir radical de la llamada a ser Reina y Jefa de Estado de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes. Constitución democrática que se basa en el Estado social y democrático de Derecho y que consagra y defiende los derechos fundamentales y el régimen de las comunidades autónomas. Eso se hace ante testigos tan caracterizados como son los diputados y senadores, que representan la soberanía, al pueblo español.

Dos preguntas personales para acabar. Ha pasado de las leyes a las finanzas, siendo secretario general de BME. ¿No son campos muy distintos?

He tenido la suerte y todavía la estoy teniendo de disfrutar de una vida profesional que, aunque basada en el Derecho, ha sido muy variada. En el fondo ser secretario general del Congreso de los Diputados y de BME (las Bolsas y Mercados financieros españoles) no era muy distinto. La tarea era la misma en sustancia: cumplir y hacer cumplir las leyes a órganos colegiados, conciliar intereses con respeto a la ley, facilitar el buen funcionamiento de esos órganos y, por fin, estar en un sitio que exigía quedarse al margen de la política partidista en un caso y en otro de la actividad y gestión de los mercados financieros.

Aparte de bibliografía jurídica, ha escrito varias novelas históricas. ¿Algo en proyecto?

Después de "Melilla 1936", sexta de la serie de novelas históricas que, por cierto, empecé a escribir en Salinas en 2010, he terminado hace unos días la séptima de esta serie, ambientada en Las Palmas, Larache y Tetuán en los días previos e inmediatamente posteriores al levantamiento de 1936. Con personajes reales como el propio Franco, Beigbeder y Johannes Bernhardt, líder nazi en Tetuán, mezclados con otros ficticios.