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Tensión entre socios

ERC muestra su hastío con Junts y le exige que aclare su posición

Los republicanos se mantienen firmes y no piensan ceder ante las demandas "de consumo interno" de los posconvergentes

Pere Aragonès, en el Parlament. Ferran Nadeu

Vuelta a las andadas de los socios de Govern. El debate de política general iniciado el martes, y que tendrá su continuación el viernes, ha vuelto a demostrar la fosa abisal que separa ERC de Junts. Mientras Pere Aragonès empleaba su tiempo en dar a conocer su plan de choque anticrisis y su apuesta por la vía canadiense (la propuesta de los 'comuns' del 2017), Junts se ancló en las tres condiciones que exigió hace un mes cuando lanzó el ultimátum al que luego los propios posconvergentes pusieron sordina. La gota que colmó el vaso de la paciencia republicana fue la nueva amenaza lanzada por Junts, a través de su presidente de grupo parlamentario, Albert Batet: O Aragonès satisface sus tres demandas o forzarán una moción de confianza.

El nuevo órdago despistó en primera instancia a los republicanos. Básicamente porque es una amenaza sin efecto por cuanto solo el 'president' puede solicitar una moción de confianza, es decir, Junts no le puede forzar a ello. Segundo porque Batet se cuidó muy mucho de mencionar que pasaría si Aragonès rehúsaba a someterse al 'juicio político' del Parlament.

Con todo, el 'president' respondió de manera contundente. Primero rechazó responder a Batet de inmediato, pero en la réplica a su correligionario Josep Maria Jové, el líder del Executiu mostró a los posconvergentes poco menos que la puerta de salida, si es que ello es lo que desean. Aragonès no se someterá a ninguna cuestión de confianza, para "no poner a las instituciones de este país en un juego peligroso a causa de las tensiones internas en Junts". y no solo eso, exigió a sus socios "celeridad" en la toma de decisiones. La situación es insostenible.

Las opiniones de todos los altos cargos republicanos consultados por este diario desde la medianoche del martes son coincidentes: "¡Dentro o fuera del Govern, pero qué se aclaren ya!", apunta una de estas voces, pero que expresa el sentir generalizado en la sede de la calle de Calàbria.

Inicio de hostilidades en agosto

El día clave en este último episodio entre socios es el 23 de agosto pasado. Ese día, por la mañana, se hace pública una entrevista grabada días atrás a Aragonès en la que anuncia que, en el debate de política general, él hará una "propuesta amplia para la autodeterminación". Por la tarde del mismo día, Laura Borràsen loor de multitudes, interviene en la Universitat Catalana d'Estiu y en un discurso de tono muy anti-partidos lamenta y critica que el Govern no esté "avanzando hacia la independencia" y señala que la mesa de diálogo ha pasado de ser algo "estéril" a algo "contraproducente" para lograr la secesión.

Seis días después, en el lunes en que se iniciaba el curso político, la propia Borràs y Jordi Turull lanzaron el ultimátum de tres puntos. O se crea un 'estado mayor; se coordinan los grupos parlamentarios en Madrid y se ciñe la mesa de diálogo a la amnistía y la autodeterminación o Junts preguntará a sus bases si salen del Govern.

El ultimátum posconvergente se produce con un partido dividido entre 'moderados' y 'activistas'. ERC, molesta porque entiende que el ultimátum oscurece el lanzamiento del plan de choque anti-crisis y de la propuesta de vía canadiense, se indigna, asevera que esas condiciones no pueden ser causa de una ruptura del Executiu, entre otros motivos porque son de "consumo interno de Junts", apunta un a voz, y clava los pies en el suelo lanzando un mensaje claro: no cederán.

El inmovilismo republicano desgasta a JxCat con los dos polos del partido (los favorables y los contrarios a permanecer en el Govern) cada vez más tensos hasta que Turull y Borràs pactan aligerar la presión y guardar el ultimátum en un cajón.

Y llega el debate de política general del martes con Junts esperando de Aragonès un guiño, la generosidad del vencedor, tras haberse 'olvidado 'del ultimátum. Y este no llegó.

Es más, cuando Batet le reiteró las tres demandas y le exigió una respuesta, Aragonès le replicó que el pacto de investidura debe cumplirse en su totalidad, en referencia a la ausencia posconvergente de la emsa de diálogo con el Estado, a pesar de que en el plan de Govern se explicita que en este foro acudirán representantes del Executiu. Es decir, 'consellers'.

"LLevábamos tres semanas diciéndoles que no íbamos a ceder, y no cedimos. Se 'comieron' su ultimátum porque era un bumerán contra su propia estabilidad. ¿Y ahora esperaban un gesto? ¡Venga ya!" De esta guisa se despachaba un distinguido republicano. Y sentenció con el ya detallado: "¡Que se aclaren ya!".

Por tanto, en las próximas horas (Aragonès ha suspendido su agenda para tomar las riendas de la crisis) se esperan reuniones varias. ERC afirma que no va a ceder y exige celeridad a Junts. Junts tiene entre manos un segundo ultimátum que no puede hacer cumplir, solo puede abandonar el Govern. Y, contra lo que pudiera parecer, ERC no teme, o más bien deja en un segundo plano, que si la posconvergencia abandona el Executiu el de Aragonès será el Gobierno más minoritario de la historia catalana.

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