El nuevo ministro de Exteriores chino, Qin Gang, ha advertido este martes de un choque inminente si Estados Unidos no frena, ha identificado Taiwán como el fundamento básico de las relaciones bilaterales, ha defendido el eje Pekín-Moscú y ha denunciado una "mano invisible" que dirige la guerra de Ucrania con intereses espurios. No hay cambios de fondo ni se pronosticaban pero se esperaba con ganas el estreno de Qin por dos razones: el reciente discurso del primer ministro, Li Keqiang, racaneó en alusiones a la cargada agenda internacional, y se deducía que el tono de su primer día en la oficina fijaría el de la diplomacia china en un futuro próximo. Ha hablado claro el nuevo ministro, con retórica más combativa que la acostumbrada durante su paso por la embajada en Washington.

"Si Estados Unidos no pisa el freno y continúa acelerando en la dirección equivocada, no habrá suficientes vallas de contención que puedan impedir el descarrilamiento y llegamos al conflicto y la confrontación", ha alertado Qin durante la Asamblea Nacional Popular, el legislativo chino, que se celebra esta semana en Pekín. También ha hablado de "consecuencias catastróficas" si Washington continúa con "sus juegos irresponsables".

China asiste con inquietud a lo que intuye como un desprejuiciado rumbo de colisión fijado por Washington. Con las líneas rojas ignoradas en Taiwán, la guerra tecnológica o las alianzas militares en su patio trasero está pisando todos los callos chinos. Se intuyen ya en el horizonte sanciones por su papel en la guerra de Ucrania a pesar de que China no ha enviado, ni se plantea enviar, las armas a Rusia que Estados Unidos ha anunciado en varias ocasiones. "Parece que hay una mano invisible que busca prolongar y agravar el conflicto", ha afirmado sin necesidad de más concreciones. Es habitual que la prensa china aluda a las ventas estadounidenses de armas y de gas.

Juego de suma cero

En la rueda de prensa del nuevo titular de la cancillería se han percibido las antiguas líneas maestras. El cinismo de Washington es una. "Dice Estados Unidos que busca competir con China pero no el conflicto. Pero, en realidad, esa supuesta competición consiste en contención y supresión, un juego de suma cero donde uno vive y el otro muere. Esa contención no hará más grande a Estados Unidos", ha pronosticado Qin.

También ha trazado los paralelismos entre la expansión militar estadounidense que, a su juicio, causó la guerra en Ucrania, y su atosigante presencia en el Pacífico. Esa estrategia, juzga Qin, sólo pretende embridar a China. "No podemos permitir que la guerra fría se repita en Asia y que aquí se produzca una crisis del estilo ucraniano". Ha pedido.

Qin ha regresado a Pekín tras dirigir la embajada china en Estados Unidos. Su estancia en Washington le valió una reputación de tipo sosegado y ecuánime, con la cabeza fría incluso en los picos de tensión bilateral, más proclive a apagar incendios que a avivarlos. Su nombramiento, y la jubilación de voces fragorosas, siguió la senda ordenada meses atrás por Pekín para construir "una imagen más amorosa" y ampliar su círculo de amistades. Parecía una admisión implícita de que crecía el aislamiento chino y de que la reciente diplomacia de los "lobos guerreros", instaurada para combatir la hostilidad estadounidense, estaba condenada. "Debemos ser modestos y humildes", había pedido el presidente, Xi Jinping.

Nueva hornada de diplomáticos

Los "lobos guerreros", bautizados así por una estruendosa película propagandística, aludía a una nueva hornada de diplomáticos más beligerantes y activos en redes sociales que, paradójicamente, China censura. Funcionan para contentar a la audiencia interna, que comprueba que el país ya no se achica como antaño, pero perjudican la imagen en el exterior. Qin se refirió a ese discutido fenómeno que jubiló la secular prudencia china. "En la diplomacia china no escasea la amabilidad ni la benevolencia, pero tiene que lidiar con chacales y lobos, y no hay más remedio que enfrentarse a ellos. Esas alusiones a los lobos guerreros son una narrativa tramposa y los que la utilizan no entienden a China o tienen intereses ocultos", ha terminado. Será necesario más tiempo para comprobar qué tono fija Qin a la diplomacia china.