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Memoria histórica

'Argentina 1985' en América Latina: las claves de una lección de historia en la región

Países como Chile, México o Brasil miran con envida el proceso judicial contra Videla y Massera que reproduce la película

Fotograma de ’Argentina, 1985’, con Ricardo Darín en el papel del fiscal Julio Césa Strassera. EFE

El estreno de Argentina 1985 ha provocado un estremecimiento que nadie esperaba en un país donde habían comenzado a escucharse voces que intentaban banalizar el alcance de las violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar (1976-83). El efecto de la película dirigida por Santiago Mitre y protagonizada por Ricardo Darín no tardó en propagarse por América Latina donde la experiencia del horror tiene puntos de similitud y diferencias con lo ocurrido en territorio argentino. La historia no solo ha puesto en escena una discusión sobre la memoria sino también acerca de problemas políticos del presente en la región.

Pensar el pasado

El juicio a los excomandantes, con el exgeneral Jorge Videla y el aún más tenebroso exalmirante Emilio Massera a la cabeza, no ha tenido antecedentes históricos en el mundo, con la excepción que representaron los procesos de Núremberg contra jerarcas nazis al finalizar la Segunda Guerra Mundial. La derrota argentina durante el conflicto bélico contra el Reino Unido por la posesión de las islas Malvinas, en 1982, abrió el camino para recuperar el sistema institucional. Durante la campaña electoral de 1983, el radical Raúl Alfonsín prometió juzgar a los dictadores. Las audiencias, que concluyeron con las condenas, tuvieron lugar en medio de una delicada transición y con el temor latente de un nuevo golpe de Estado. Ningún país vecino, que por entonces comenzaban sus aperturas democráticas, se pudo mirar completamente en el espejo de ese juicio. La película ha funcionado como un recordatorio de ese déficit. Como señaló María Rosa Jurado en La República, de Ecuador, el filme de Mitre debería ser visto por todos "porque ayuda a entender y profundizar en los complejos procesos que ha atravesado y atraviesa" la región.

El caso chileno

Argentina 1985 ha concitado un especial interés en Chile, donde numerosos oficiales de alta graduación, suboficiales y agentes de inteligencia de la dictadura militar (1973-90) fueron enviados a la cárcel por sus tropelías. Bajo la bota que impuso el general Augusto Pinochet desaparecieron unas 4.000 personas. Otras miles fueron torturadas, encarceladas o debieron partir al exilio. Pero el dictador nunca pudo ser sentenciado y terminó haciéndose pasar por senil. Luciano Fouillioux, quien se desempeñó como abogado de la Vicaría de la Solidaridad, señaló que la película plantea varias cuestiones de fondo que son comunes a los latinoamericanos: "El Derecho es el único instrumento para resolver pacíficamente los conflictos sociales, y jamás las acciones que involucran el uso de la violencia". Existe un imperativo a no olvidar lo ocurrido, entre otras cosas porque "los delitos de lesa humanidad del ayer no son una etapa superada por el tiempo, por cuanto aún se consuman en países preferentemente dictatoriales. Los involucrados deben someterse a una persecución no prescriptible". Podría hablar de Venezuela Nicaragua.

La mirada mexicana

Solo durante los tres primeros años de Gobierno de Andrés Manuel López ObradorMéxico ha registrado más de 100.000 asesinatos relacionados con la acción del narcotráfico y la respuesta estatal. En el transcurso de 2022 se han reportado 18.093 homicidios violentos. En ese contexto ha llegado la película de Mitre a las salas de ese país. "Argentina 1985 es un breve atisbo de esperanza en la justicia", dijo Vogue. "Invita a repensar la historia de América Latina, desde una mirada crítica", consideró La silla rota. El portal Común subrayó que en el propio México las "heridas del pasado continúan en el presente" y que la justicia, "en lugar de convertirse en un espacio de escucha y reparación para las víctimas, se parece mucho más a una máquina oxidada: opera lentamente, bajo circuitos conservadores y se rige por lenguajes y encuadres que alejan a las personas y benefician a los perpetradores". Por eso, el filme ofrece a los espectadores mexicanos una certeza: "Necesitamos que la justicia llegue y que lo haga a tiempo".

Darín contra Bolsonaro

La aparición de Darín en las pantallas brasileñas encarnando al fiscal Julio César Strassera coincidió con la tensa campaña electoral en la que Jair Bolsonaro, un defensor de la dictadura militar de su país (1964-85), apostó a todo o casi nada para aferrarse al poder. Para el escritor Roberto Muylaert, nadie que hubiera ido al cine a ver Argentina 1985 podría haber votado por el capitán retirado, "admirador declarado del delincuente canalla, miembro de nuestras Fuerzas Armadas, el coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra", señalado como uno de los torturadores de la expresidenta Dilma Rousseff. "Argentina torturó y mató a mucha más gente que Brasil; por eso los crímenes de este tipo perpetrados aquí son menos indecentes". En una columna publicada en Folha de Sao Paulo, Muylaert ha lamentado que la amnistía que se dieron a sí mismos los militares no haya podido ser revisada en democracia. "Vean la película y sientan envidia cuando observen que los generales allí presentes, después de agotar sus fuertes amenazas, fueron a la cárcel".

El fantasma de la muerte

El éxito de Argentina 1985 en su propio país ha sido sorprendente. La legislatura busca ahora convertir en ley un proyecto para que se vea en las escuelas. Su estreno se superpuso a un episodio que está lejos todavía de esclarecerse: el intento de magnicidio contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien acaba de pedir que se aparte de las investigaciones a la jueza María Eugenia Capuchetti. A su criterio, la magistrada "ha paralizado y boicoteado" la causa. De haberse consumado el atentado, se habría roto en este país el consenso que se forjó a partir de 1984 y, especialmente, a partir de la frase con la cual Strassera concluye su alegato frente a los jueces que condenarán a los exdictadores: "Nunca más". En ese sentido, la película es aquí una apuesta hacia el futuro: ha dejado el recordatorio de lo que ha significado la violencia política padecida décadas atrás y los esfuerzos necesarios para no quebrar los acuerdos que cimentaron la transición, actualmente en peligro.

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