Acróbatas en el cielo de Ibiza

Se trata de estorninos pintos que migran en otoño a la isla desde el norte de Europa

Sus acrobacias en el aire, esas gigantescas nubes oscuras (y ruidosas) que cambian de forma en cuestión de segundos, no pasan inadvertidas. Gavin Pretor-Punney decía que no hay nada más aburrido que un cielo sin nubes; en otoño, no hay nada más entretenido que ver las bandadas de estorninos que, como si fueran un único ser, son capaces de crear esferas perfectas o bailar en el aire en perfecta sincronía, como se puede apreciar en las fotos que ilustran este artículo, captadas por Sebastián Candela, exjefe de Deportes de Diario de Ibiza y fotógrafo cuyas imágenes sobre lagartijas pitiusas le han valido el Premi 8 d’Agost.

Candela capturó las imágenes en el Parque Natural de ses Salines, junto al aeropuerto de es Codolar. Lo primero que se piensa al verlas es cómo los estorninos crean (y por qué) esas formaciones geométricas en el cielo: «Sus acrobacias, esos efectos de bola, son una estrategia de protección, de defensa, por ejemplo contra los ataques de los halcones», cuenta Esteban Cardona, agente de Medio Ambiente del parque y experto en ornitólogía.

«Es así como consiguen desorientar al cazador, incluso si se trata de los veloces halcones, que así no logran concentrarse en un ave en concreto. Se trata de una estrategia muy parecida a la que siguen los bancos de peces en el mar», según explicó José María de la Peña, de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), a este grupo editorial. Estas grandes bandadas «se forman únicamente en invierno, que es cuando los estorninos no tienen que cuidar de sus pollos y pueden dedicar más tiempo a su propia supervivencia», añade, al tiempo que señala que uno de los factores que emplean esas aves «es la comunicación en pleno vuelo: hacen mucho ruido, de modo que informan al resto de miembros de la bandada sobre cuál es su posición. Es la forma que tienen para no chocar entre sí ni obstaculizarse». Durante el vuelo en grupo tienden a seguir las siluetas oscuras de sus compañeros y evitan las zonas con claros. Eso es lo que crea esos movimientos rápidos y permite los cambios bruscos de dirección», una sincronía espectacular y cautivadora, detalla.

Según Esteban Cardona, «parece que últimamente se ha incrementado la afluencia al atardecer de los estorninos a los dormideros, que suelen ubicarse en zonas urbanas y periurbanas porque allí se sienten más seguros, además de que en esas áreas hay más calor». Los cañizales de ses Salines, en las proximidades del aeropuerto, «también son una zona periurbana». El agente de Medio Ambiente indica que en s’Albufera de Mallorca se juntan millones: «Son tantos que llegan a transcurrir 15 minutos hasta que pasan todos en vuelo. Verlo es un espectáculo. Aquí no llega a tanto, pero tenemos nuestras bolitas de estorninos».

En el Parque Natural han detectado que «cuando se agrupan tantos ejemplares, sufren problemas de estrés. Algunos mueren por ese ajetreo, por ese movimiento continuo». También se dan, a veces, «episodios de mortandad masiva por algún virus», tras el cual llegan a encontrar decenas de esas aves muertas bajo el árbol que tienen de dormidero: «Sabemos que les afecta un virus, pero no sabemos cuál, aunque descartamos la gripe aviar». En el caso de las tórtolas turcas, que también nos visitan por esta época, sí saben que les ataca el virus del Newcastle: «Mueren a veces en pleno vuelo, paralizadas, de repente. Salen volando, mueren y caen. Es fulminante, con picos de mortandad altos. Ahora está pasando».

Acróbatas en el cielo de Ibiza

Un estornino en el alambre de la valla del aeropuerto. | / Sebastián Candela

Los estorninos que, mayoritariamente, crean esas formas espectaculares en los cielos de Ibiza proceden del Norte y Centro de Europa: «Los que hacen estos espectáculos acrobáticos -cuenta Esteban Cardona- son los migrantes hibernantes, los estorninos pintos (Sturnus vulgaris). Luego está el negro (Sturnus unicolor), que cría desde hace unos años en la isla y que es sedentario. Del negro tenemos localizados tres puntos de cría: una pequeñita en un transformador de Sant Llorenç; otra en la torre de ses Salines, Can Toni Rei [pegada a la pista del aeródromo]; y una tercera población en el propio aeropuerto, que vive en oquedades del edificio». Precisamente, en el aeropuerto «usan halcones» para espantarlos y que no se acerquen a las pistas: «Cualquier cosa que se meta en el aeródromo les supone una molestia, de manera que intentan minimizar las incidencias para evitar choques. También disparan para ahuyentarlos».

Los pintos, mayoritarios

Los negros «se mezclan» con los pintos cuando estos migran a Ibiza y comienzan a ejecutar en el aire sus espectaculares danzas, «pero los mayoritarios son los pintos». Creen que algunos se desplazan desde Valencia: «O desde Mallorca: una vez se quemó un dormidero en esa isla y se trasladaron hasta aquí miles. No sabíamos de dónde salían tantos».

Son omnívoros: «Es decir, les gusta todo, insectos, frutas, semillas. Si pillan un campo de olivas…». Lo dejan fino. Quizás perjudiquen algunas plantaciones, o alfombren el suelo con sus detritus, pero qué placer verlos en el aire.