Patrimonio de Ibiza: Conocer el oficio de harinero en lo más alto de Puig des Molins

El Consell de Ibiza prevé licitar en 2024 el proyecto de restauración del Molí d’en Pep Joan, del siglo XVI, y de reconstrucción de sus anexos

El objetivo es convertir este espacio en un centro de interpretación y que sea lo más representativo posible de su pasado histórico

En la cota más alta del promontorio de Puig des Molins se encuentra el Molí d’en Pep Joan, que en 2002 fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por el Consell. Esta institución quiere, además, que se convierta en un centro de interpretación del oficio de harinero, tal y como explicó este jueves la consellera de Cultura y Patrimonio, Sara Ramón, acompañada de técnicos, en una visita a la zona, que actualmente se está arreglando.

Concretamente, se están llevando a cabo los trabajos de intervención arquitectónica, que son ela paso previo para redactar y licitar el proyecto de restauración como tal. Aunque se encuentra en un mejor estado que otros, lo cierto es que ya han pasado 21 años desde su declaración como BIC y el paso del tiempo se hace notar. A pesar de ello, se puede recuperar casi el 70% de la madera y muchos materiales. El objetivo es llegar a una reconstrucción lo más fiel posible a lo que fue este ecosistema molinero.

«Llevamos un año con estos trabajos. El molino lo compramos en 2021 por 148.700 euros [la propietaria no podía mantenerlo y lo ofreció a la institución] y tiene mucho interés porque es un BIC [en expediente incoado conjuntamente] junto con el Molí d’en Fèlix y el Molí d’en Toni Joan [los llamados Molins de Ponent]», señaló Ramón ante los medios, destacando, también, los anexos del molino, «que permitirán hacer este pequeño espacio de centro de interpretación del oficio de molinero». Antaño se les llamaba sa fusteria y sa botiga.

Lina Sansano, Sara Ramón, Nieves Peinado, Miquel Costa y Adolfo Marí, ayer, ante el Molí d’en Pep Joan.  | TONI ESCOBAR

Lina Sansano, Sara Ramón, Nieves Peinado, Miquel Costa y Adolfo Marí, este jueves, ante el Molí d’en Pep Joan. / TONI ESCOBAR

Siglos de funcionamiento

Todo apunta a que es del siglo XVI y, según el historiador Joan Marí Cardona, estuvo en funcionamiento hasta 1930.

Se han realizado tres estudios: uno arqueológico por parte de Jordi Vives, otro arquitectónico a cargo de Adolfo Marí y un tercero de los materiales que ha hecho Nieves Peinado. «A partir de ahí, también se ha encargado ya el proyecto ejecutivo para poder llevar a cabo, con toda esta información, la restauración del molino», agregó la consellera. Así, para el presupuesto de 2024 se han previsto 150.000 euros destinados a licitar dicho proyecto. «Una vez que se presente, que será en breve, tocará la licitación para la restauración. Tenemos el presupuesto para este año y esperamos poder iniciarlo en 2024», en palabras de Ramón. La responsable insular de Patrimonio también apuntó que «se están realizando las catas arqueológicas que dan toda la información» y que «se tapará la cubierta para que no haya filtraciones de agua» que puedan deteriorar el interior del molino.

También ha sido necesario vaciar la cueva anexa, que aparentemente serviría de almacén, y limpiar la zona, en la que se han hallado restos óseos animales y también basura.

«Hemos encontrado mucha porquería», afirmó el arquitecto técnico Adolfo Marí, que está llevando a cabo las intervenciones previas y a quien se le ha encargado la restauración del Molí d’en Pep Joan y la reconstrucción de los anexos, que se encuentran sin techo y derruidos. El arquitecto intuye que uno de estos era un porche. «Por aquí también hay una estancia que parece que es la última que se hizo y estamos intentando deducir qué es. Podría ser de uso de vivienda. Seguramente el molinero vivía aquí porque ellos trabajaban de día y de noche, cuando había viento», agregó Marí. El técnico también cree que una estancia aislada que hay en la zona podría haberse destinado a los animales.

En la visita de este jueves, aparte de Sara Ramón, Adolfo Marí y Nieves Peinado, también estuvieron el director insular de Cultura y Patrimonio, Miquel Costa, y la jefa de Patrimonio en el Consell, Lina Sansano, quien recordó que en Puig des Molins apenas hay restos de los molinos de Levante —«de los que no ha quedado casi nada más que una plataforma debajo de es Soto»—, pero que sí que ha habido una mayor conservación de los de Poniente.

Zona molinera

«De aquí viene el topónimo, porque había muchos molinos, ya que se debía considerar que era un lugar idóneo para captar el viento, la acrópolis estaba al lado y les debía venir bien venir aquí a moler harina de trigo, cebada, cereales o legumbres», detalló Sansano.

Por otro lado, al limpiar la zona (antes estaba completamente llena de vegetación) e intervenir arqueológicamente se ha confirmado que bajo tierra había dos rampas de acceso. Servía de carga y descarga del material del molino: «También vamos a hacer algunas catas en la plataforma, que está hecha de còdols. Es una plataforma que, teniendo en cuenta la época en la que se hizo y que tiene serie de dibujos y de detalles, se tendrá que recuperar en un futuro próximo», expresó Adolfo Marí.

El Consell adquirió en 2021 este molino por un precio de 148.700 euros, ya que la propietaria se lo ofreció

También se puede obtener mucha más información a partir del análisis de los materiales del molino, sus características y su estado de conservación, tal y como evidenció este jueves la restauradora Nieves Peinado, de la empresa Einam, que es la encargada de estos trabajos y de la redacción del proyecto: «Todos estos aspectos son los que facilitan el proyecto de ejecución. Hemos caracterizado las maderas, los morteros… Hemos encontrado morteros dentro del muro de mampuesto, originales del molino, similares a los que se pueden encontrar formando parte de la muralla de la Ronda Calvi».

Maderas locales

Otra buena noticia respecto a la conservación del molino es que el engranaje de madera es el original. «Se trata de encina ibicenca, de la cual quedan pocos ejemplares. En las maderas de la construcción del molino intervienen otras maderas locales como el almendro, la sabina, el pino...», subrayó Peinado, quien recalcó la importancia de «recuperar toda esa madera al máximo»: «Se puede, a pesar de la contaminación por hongos e insectos. Es una madera muy escasa en las islas y esto es un vestigio de su uso en la construcción, en este caso, del molino».

Algunas maderas de la cúpula se han volado con el paso del tiempo y pronto se instalará una protección provisional.

También se ha hecho un estudio de las piedras, de los dinteles y las jambas, tal y como señaló Peinado: «Se trata de un tipo de marés, uno de los más resistentes, que está labrado, y el dintel y la base de ambas puertas es de un material de mucha dureza que se trajo de fuera de las islas. Es el mismo que se empleaba para los elementos de molienda del grano. En el laboratorio sólo han podido asemejarla a la piedra de Montjuïc catalana». La piedra labrada, los accesos y el dibujo de còdols de la plataforma, que es estrellado, y los distintos tamaños y colores de los mismos, indica una preocupación por la estética, «no sólo por su funcionalidad».

Reconstruir anexos

‘Sa fusteria’ y ‘sa botiga’ conservan los muros, pero no el techo

En ambos espacios quedan los huecos de las vigas de sabina originales (y restos de la misma) y durante la limpieza y excavación se ha encontrado el entablillado de entre las vigas, así como los vestigios de las ventanas del anexo que al parecer se usaba como vivienda. Por otro lado, todo indica que el molino y la muralla se habrían construido de forma coetánea.