Entrevista | Ismael Laplaza Alastruell Exjefe de cardiología del Hospital Can Misses

Ismael Laplaza Alastruell, exjefe de cardiología del Hospital Can Misses: «Al corazón no hay que tenerle miedo, si lo cuidas no te falla»

«El corazón es la primera maravilla del mundo, pero no reconocida» | «Cuando un paciente tuyo fallece sientes mucha pena. Y carga de conciencia» | «Cardiología está sobrecargada, tenemos lista de espera»

Ismael Laplaza, en tres momentos de la entrevista en Can Misses

Ismael Laplaza, en tres momentos de la entrevista en Can Misses / Vicent Marí

Llegó al viejo Can Misses el 4 de octubre de 1990, tras estudiar Medicina en Salamanca, formarse como cardiólogo en el Instituto Nacional de México y trabajar en Jaca. Y se marcha el 10 de enero. Ismael Laplaza, jefe de Cardiología del Hospital Can Misses, se jubila siete meses después de cumplir los 65 años. Salmantino de nacimiento, llegó a la isla porque el doctor Nízar, urólogo de Can Misses, le dijo que andaban buscando un cardiólogo. «Me vine, y hasta ahora», afirma el médico, a quien la especialidad le sedujo en segundo de carrera: «Vi un electro y pensé ‘esto es mi futuro’»

«Al corazón no hay que tenerle miedo, si lo cuidas no te falla»

«Al corazón no hay que tenerle miedo, si lo cuidas no te falla» / Vicent Marí

¿Se jubila con pena o con gusto?

Con muchísimo gusto.

¿No ha tenido tentaciones de quedarse?

No, además, como los toreros, me corto la coleta. Lo dejo todo. He rendido toda mi vida personal, incluso familiar, a la cardiología y lo he dado todo aquí, en Ibiza, Ha llegado el momento de decir «ya está». Además, tengo otros proyectos. Quiero publicar un libro, que ya tengo hecho, y dedicarme a otras cosas que tengo pendientes. Mi idea es irme a Zaragoza, donde tengo mi piso. Lo tengo todo organizado para irme porque aquí no tengo a nadie de familia. Estoy solo.

¿Un libro? ¿De cardiología?

No. Una cronología de la humanidad, desde el big bang hasta el 2022. Me encanta la historia, soy un apasionado. Está terminado, pero aún no lo he publicado porque quitarme de la jefatura ha supuesto un montón de papeleos. Ahora cojo las vacaciones pendientes y me queda sólo un día de trabajo.

¿En qué situación deja el servicio de Cardiología de Can Misses?

Este año ha sido de sufrir mucho por la falta de médicos. Hemos estado muchos días sólo dos o tres cardiólogos. Afortunadamente, he conseguido que un doctor, el doctor Veloso, venga a la isla. Está pendiente de un certificado de ética y está formado en imagen y en cardiorresonancia, que es una de las cosas que nos faltan en este hospital. Y el 10 de enero se incorpora el doctor Jorge Castro, experto en arritmias. Quedarán cinco cardiólogos. Con esto he propuesto a la dirección crear unidades. Una de imagen y otra de radiología, para seguir con el TAC coronario. Ahora mismo se solicitan muchas cardiorresonancias y hay que derivar a los pacientes a la Policlínica o a Palma, algo que cuesta dinero y que podría evitarse si se compra un nuevo equipo de cardiorresonancias de tres teslas. Tenemos una sala de hemodinámica, sólo hay que comprar un software. Esa unidad de imagen se coordinaría con la UCI para el implante de marcapasos e intervencionismo de arritmias. Ahora hay muchas, sobretodo fibrilación auricular. Es una pandemia.

¿Por qué hay tantas?

Por diversos factores. Primero, porque la población envejece y la gente llega a los 90 años con mucha facilidad. Son arritmias que se dan por enfermedades cardiovasculares o por herencia. Hay factores genéticos que hacen que una persona joven, un deportista, pueda tener fibrilación auricular sin tener hipertensión, diabetes… Sin enfermedades. Genéticamente tienen esa predisposición y se necesita una unidad de arritmia. Muchas personas tienen bloqueos que dan lugar a la colocaxión de marcapasos, algo que se hace en colaboración con la UCI. Hace pocos tuvimos una reunión para crear una unidad de electrofisiología y otra de fibrilación auricular. Otro proyecto tiene que ver con el código infarto. Ha sido un beneficio enorme. Cuando llegué los pacientes se trasladaban ya no a Palma, sino a Bellvitge, Barcelona, para hacer estudios de coronografías.

Ahora hay hemodinámica.

Sí, se montó gracias al doctor Vicente Peral, actual jefe de Son Espases. Tenemos dos hemodinamistas que hacen coronografías y se encargan del código infarto. El paciente ibicenco cuenta 365 días al año con un servicio de angioplastia primaria. Si tienes dolor, llega la ambulancia y ve un infarto en el electro se activa el protocolo y hacen que el paciente llegue a hemodinámica lo más rápido posible. El tiempo desde que empieza el dolor hasta que llega al hospital es fundamental para recanalizar la arteria. Muchos antes tenían que ir a la Península.

«Al corazón no hay que tenerle miedo, si lo cuidas no te falla»

«Al corazón no hay que tenerle miedo, si lo cuidas no te falla» / Vicent Marí

Imagino que muchos ni siquiera llegaban.

No, alguno no. Cada infarto es diferente y cada paciente tiene sus factores de riesgo y sus comorbilidades. En el hospital se han hecho 340 estudios de coronariografía al año.

¿Qué se encontró al llegar?

Me integré a un servicio de Medicina Interna en el que no había cardiólogo. Ni un triste ecocardiógrafo. Luego, con el tiempo y una caña, vinieron otros compañeros, pocos, siempre hemos estado dos o tres, no más. En aquella época estaba aún pulmón y corazón, que es donde estaba integrada la cardiología.

¿Cómo fue su primer día?

Era el 4 de octubre de 1990. Venía con una formación muy alta y aquí me vi sin medios. Fue un poco lúgubre, mi llegada.

¿Pensó en marcharse?

No, no pensé irme entonces ni en ningún momento. No se me ha pasado por la cabeza. Mi idea siempre ha sido cumplir mi misión, y mi misión es para el beneficio del pueblo pitiuso. Mi empleo ha sido siempre un servicio al ciudadano, a pesar de la falta de facultativos. Si se incorporan ahora estos dos cardiólogos la idea es que se monte un buen servicio y, con la colaboración de la UCI, evitar traslados y gasto. Porque un traslado en helicóptero vale su dinero. Mi idea es que únicamente dependamos del servicio de Cirugía Cardíaca de Son Espases.

Desde que acabó la carrera hasta ahora, ¿cuál es el principal avance que ha visto en cardiología?

No te puedo decir uno porque han sido muchos. De la cardiología en la que me formé a la actual hay un abismo. Y en tecnología se han hecho muchas cosas: hemodinámica, electrofisiología... Y en técnicas de imagen: resonancia, ecos transesofágicos… Todos esos avances tecnológicos nos dan un diagnóstico más preciso y una pauta de actuación más rápida, porque con el corazón hay que ir lo más rápido posible. En la actualidad el servicio está saturado. Antes se decía que todos los caminos conducen a Roma y ahora todos los caminos conducen al cardiólogo. Todo el hospital hace interconsultas a Cardiología. Y en Atención Primaria y Urgencias el deporte favorito es la derivación a Cardiología y consulta preferente.

¿Se ha avanzado más en tecnología de diagnóstico que en asistencia?

Sí. Ahora se da un diagnóstico preciso, en cardiología siempre hay que ir a donde está el problema. Sea una arteria, una enfermedad del músculo cardíaco, dolor torácico, cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca... La insuficiencia cardíaca, para la que hay una unidad que está funcionando correctamente, es muy prevalente y la principal causa de ingreso en Urgencias.

¿En qué cree que mejorará la cardiología en los próximos años?

Se está consiguiendo que el enfermo cardiológico viva más años. Es el objetivo principal. La misión del cardiólogo es que el ser humano viva más tiempo. Últimamente están saliendo muchos fármacos para controlar el colesterol, la hipertensión, la diabetes… Ha habido unos avances terapéuticos importantes en todos los factores de riesgo. Aunque el paciente tenga que tomar mucha medicación.

¿Hay algo que le pareciera ciencia ficción cuando estudiaba y que ahora sea una realidad?

No, porque todos los avances han ido de forma progresiva. Creo que es la especialidad que tiene más desarrollo debido a que su prevalencia sigue aumentando. Se crean guías y protocolos de actuación consensuados por todos los médicos del mundo. Se sacan las pautas que nos van asesorando: tratamientos resolutivos, otros que quedan relegados, avances en campos concretos…

¿Cómo está el paciente cardiológico de Formentera?

Vamos un día a la semana y más o menos creo que la situación está controlada, aunque hay que cambiar la máquina de la prueba de esfuerzo y el ecocardiograma. Nos hacen falta ecógrafos que la antigua junta ya autorizó y están pendientes.

Siempre se ha dicho que en las Pitiusas la hipertensión es más prevalente que en otros sitios.

La hipertensión es la enfermedad cardiovascular más importante. Se origina en muchas personas con antecedentes genéticos y familiares a edades tempranas. Eso repercute en todo el sistema cardiovascular: más incidencia del infarto agudo de miocardio, insuficiencia cardíaca en mayores y da lugar a accidentes cerebrovasculares para los que, afortunadamente, el servicio de Neurología tiene el código ictus. La cuestión es que todas estas enfermedades generan consultas y Cardiología está sobrecargada.

¿Tienen listas de espera?

Pues sí. Primero por el covid, que fue demoledor. Y luego hemos estado dos o tres cardiólogos de promedio durante este año y hay la lista de espera. De ecografía y de visitas sucesivas, aunque las primeras consultas sí están más o menos al día. Tenemos consultas online, el médico de cabecera nos escribe con un caso y se hace una primera consulta. Mi idea sería fichar otro facultativo, que no tendría por qué ser cardiológico, para un preconsulting, seleccionar a los pacientes que sí son cardiológicos. Estaría cuatro días a la semana pasando consulta de primera preferente y online y el otro día iría a los centros de salud para tener reuniones con los médicos y ver casos. Hay que tener contactos con Primaria y más acción con Urgencias, que está un poco caótico. Tener buenas relaciones con ellos para que esté todo protocolarizado y haya una resolución de la patología lo más preferente posible.

¿Ha cambiado el perfil del paciente de Cardiología?

Ha cambiado porque la sociedad de hoy está muy estresada. Diría, entre comillas, que está enferma. ¿De qué? Pues de todos los conflictos personales y familiares. Divorcios, hijos, trabajo, economía… Todo eso preocupa al paciente, hace que se active el sistema nervioso simpático y llega la hipertensión, la insuficiencia cardíaca… La gente muy preocupada. Y muchas personas que han pasado el covid llegan a nosotros con cansancio, fatiga… Ya no se habla, es un fantasma, pero aún no hay un estudio internacional que analice los efectos cardiovasculares, tanto a nivel pulmonar como cardiocerebrovascular, que ha originado. No hay que relegar al covid.

¿Y la forma en la que ese paciente asume su cardiopatía?

Ahora el paciente está muy sensibilizado con las enfermedades cardiovasculares y la preocupación es máxima. Hay temor en la sociedad. Si te diagnostican de un problema de coronarias, de válvulas o de lo que sea, el paciente se queda con una marca para el resto de su vida. Va a tener que cambiar su estilo de vida, su alimentación, tomar rigurosamente el tratamiento, llevar unos controles… Lo más importante en la vida es la salud de uno mismo.

Habla del estrés…

Y de los hábitos tóxicos.

Esos hábitos igual son más fáciles de cambiar que acabar con el estrés, hay gente que no puede cambiar de trabajo ni alejarse de problemas familiares.

Ahora el estrés lo padecen hasta los adolescentes, el adulto joven, el de 30 a 50 años… Estrés, ansiedad, depresiones, crisis de pánico... Es algo global. Preocupante. Cuando empecé veía pacientes de más de 50 años, ahora de 20, 30, 40, 50... De todas las edades.

¿Cómo se le dice a un paciente joven que sufre del corazón?

En el paciente joven destacan las arritmias. Y taquicardias debidas al consumo de tóxicos y de bebidas energéticas. La mayoría producen taquicardias. Al paciente se le sale el corazón. Llega con palpitaciones. Son como una raya de coca.

¿Cuál ha sido su peor momento?

Hace cinco años. Tenía dolor de espalda y con inspección laboral no me fue muy bien. Salud Laboral me eximió de trabajar, pero en inspección, sin verme, me dijeron que tenía que volver. Estaba con muchos problemas físicos, de espalda, de ciática… Hasta me compré un bastón. Tuve que perder peso. Cambió mi vida y pude volver al trabajo. Y hasta ahora.

¿Y el mejor?

No tengo uno concreto, pero organizar durante 25 años el Congreso Nacional de Insuficiencia Cardíaca ha sido una motivación. Es uno de los más reconocidos a nivel nacional.

¿No va a venir al congreso aunque sea por vicio?

No. No, no… Te he dicho antes que me corto la coleta y va a ser así. Desaparezco. Le he dado muchos años de mi vida a la cardiología y a la medicina y ahora quiero dedicarme a mi esposa y a mí.

Siendo cardiólogo, ¿ha tenido miedo a sufrir del corazón?

Nunca. Sigo mis controles, tomo la medicación y más o menos lo he llevado bien, aunque tengo mis factores de riesgo. Ahora me encuentro fantástico de salud.

El tema del corazón a la gente, en general, le da miedo.

Ya, pero al corazón no hay que tenerle miedo, hay que entenderlo y cuidarlo. Si lo cuidas, no te falla. Es muy importante controlar los factores de riesgo y llevar una vida saludable. Alimentación y hacer una actividad física no deportiva, pero de acción: caminar, bailar, nadar, ejercicio estático… Todo eso ayuda a que el corazón no se sobrecargue, porque tampoco puedes forzarlo mucho a partir de los 50 años. Hay gente que corre maratones o hace carreras en bicicleta de muchos kilómetros y luego viene a Cardiología y más de uno... El deporte no es tan sano como la gente se piensa.

¿Qué me dice?

Últimamente nos están llegando deportistas con fibrilación auricular. Sin factores de riesgo. La sobrecarga de estar a 160-170 pulsaciones cuando vas corriendo el corazón la aguanta, pero pasada una edad… No hay ningún jugador profesional de más de 40 años que siga haciendo deporte. Se ha acabado. Porque a los 40 años puedes hacer tu deporte, tu actividad física, pero no sobrecargar.

¿Cómo ha sido su relación con los pacientes?

Cuando alguno fallece sientes muchísima pena. Es una carga de conciencia. A cada paciente lo tratas y lo valoras individualmente. Para mí, cada caso es único y a cada persona la tienes que tratar de una manera. Tienes que escuchar. Lo más importante es el interrogatorio.

El doctor House dice que todo el mundo miente.

No, la gente no miente, pero siente unos síntomas y los expresa como puede o sabe.

¿La forma de entender la medicina por parte de los profesionales ha cambiado?

Totalmente. En mi generación nos educaron para trabajar en equipo. Piensa en películas antiguas. Iba el jefe y veinte detrás de él por una sala llena de camas. Ahora la formación no es la misma que la nuestra. Fuimos descubriendo todas las técnicas, ecografías, pruebas de esfuerzo… una por una. Ahora van en un único paquete. La industria farmacéutica ya no invierte en formación, a nosotros nos dieron posibilidades de cursos, congresos… Eso se ha acabado. Y el ministerio de Sanidad nunca ha invertido un euro en formación de profesionales. Nunca me han dicho que la inscripción a un congreso estaba pagada, aunque yo me pagara lo demás. Nunca. Recuperar la docencia es muy importante. Recuperarla. Los médicos de cabecera tampoco van a congresos y hace falta reciclaje. Ahora el Colegio de Médicos está organizando unas formaciones, si se hacen es por este fraile [se señala a sí mismo].

¿Y la forma de atender a los pacientes? ¿Ve diferencias entre cómo lo hacía su generación y las nuevas?

Mucha. Al estar girado hacia el ordenador mientras el paciente está al otro lado… Nadie mira al paciente. No hay contacto como antes, que entraban y era directo. El paciente ve que el médico no le mira y se pierde un poco de tacto en la consulta.

¿Alguna vez se ha arrepentido de haber escogido cardiología?

Nunca. Y si volviera a nacer sería cardiólogo. O astrofísico. [Ríe].

El corazón está cargado de metáforas. ¿Cómo lo define usted?

Es la primera maravilla del mundo. No reconocida. Sin él nadie viviría. El corazón es lo máximo.