Ganas «contenidas» de Viernes Santo en Santa Eulària

La procesión, que empezó a las 20 horas en el Puig de Missa y finalizó dos horas después, recorrió las calles adyacentes por las cuales desfilaron las cofradías

Noemí Martínez

Noemí Martínez

Los nervios estaban a flor de piel minutos antes de las 8 de la tarde en los alrededores del Puig de Missa. Estaba a punto de comenzar la procesión del Viernes Santo tras dos años de parón por la pandemia y las ganas de los asistentes podían, incluso, palparse en el ambiente.

Isabel Riera, miembro de la cofradía del Nazareno, le colocaba el capirote a Isabella apenas un par de minutos antes de que diera el pistoletazo de salida. La pequeña, a sus ocho años, asistió a la cita por primera vez como cofrade. Sus enormes ojos mostraban las ganas que tenía de que empezara, aunque supiera que el recorrido podría alargarse unas tres horas. Finalmente fueron dos. «No estoy nerviosa porque solo tengo que bajar y volver a subir la montaña», dijo convencida. Además el tiempo acompañaba, a diferencia de días anteriores, y los primeros pasos coincidieron con la puesta de sol. La panorámica desde el Puig de Missa era inmejorable.

Al lado de Isabella, y sentada sobre el pequeño muro que rodea a la iglesia, estaba Maria Roig. Miraba de izquierda a derecha impaciente para no perder detalle. Dos años sin celebrar el Viernes Santo era demasiado tiempo para ella. «Ya está bien», dijo, «lo he echado muchísimo de menos». Tanto que afirmó que no volvería a casa hasta que el recorrido finalizara. «Dure lo que dure, no me voy a ir», añadió. Y así debieron de pensar las decenas de personas que se agolparon a lo largo de la calles del Sol, Sant Jaume y Sant Vicent en la que fue una de las procesiones más multitudinarias, en cuanto a público, de los últimos años.

Semana Santa en Santa Eulària

Noemí Martínez

La cima de la pequeña colina fue el punto de salida para las cofradías del municipio: el inicio lo marcaron los romanos seguidos de Santa Marta, el Cristo Atado a la Columna, el Nazareno, el Cristo de la Oración, los legionarios, el Cristo Yacente y la Dolorosa y sus ‘manolas’ fueron desfilando al ritmo de los músicos. Sacerdotes y autoridades cerraban la procesión.

El recorrido no es sencillo y por eso la procesión de Santa Eulària es diferente a las demás. Los cofrades no tienen que sostener las imágenes a pulso, sino arrastrarlas, por lo que con cuatro de ellos para bajar la colina y seis para subirla es suficiente. Y es que el desnivel dificultaría mucho cargar con una de ellas, que ronda los 300 kilos.

Las cofradías del municipio llevaban un mes preparando el Santo Entierro con el objetivo de «volver a poner en marcha» la Semana Santa. Así lo dijo José López, presidente de la cofradía del Cristo Atado, quien añadió que «ha habido un pequeño bajón porque hay gente, que pertenece a las cofradías, que tiene miedo a salir por la pandemia, otros que están de vacaciones y algunos que nos han fallecido». Aun así, más de medio millar de personas participaron para que Santa Eulària brillara con luz propia precisamente el día previo a la luna llena de abril.

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