El pulpo, el gran enigma del océano

Tienen tres corazones, sangre azul, conciencia de sí mismos y un desarrollo cerebral que les otorga una inteligencia inusual y habilidades sorprendentes.

Pulpo en cautividad,

Pulpo en cautividad, / Agencias

Ana I. Montañez

El pulpo es uno de los animales más misteriosos que habitan en el fondo marino y, pese a que se lleva estudiando y observando desde hace siglos, aún mantiene importantes incógnitas por resolver.

Existen evidencias de que la comunidad científica lleva estudiando este cefalópodo (del griego, ‘cabeza-pie o pies en la cabeza’) hace al menos 2.400 años, ya que se han conservado anotaciones del propio Aristóteles sobre su capacidad de camuflaje.

Esa es precisamente una de sus habilidades más conocidas. Puede cambiar el color de su piel con la mayor rapidez de todo el reino animal, incluso en menos tiempo que el parpadeo de un ojo, tal y como explicaba la bioquímica de la Universidad del Noreste de Massachusetts, Leila Deravi, en la revista científica ‘Live Science’. En cambio, los camaleones pueden necesitar más de un minuto para completar la transición.

Ese cambio de pigmentación, que emplean para ocultarse de los depredadores o para cazar, se debe gracias a los cromatóforos (también leucóforos e iriodóforos), que en esencia son células llenas de pigmentos que reflejan la luz y que los pulpos albergan en su piel.

Sin embargo, este no es el único rasgo que convierte a las más de 300 especies de pulpo que existen en animales singulares. Por ejemplo, tienen tres corazones, uno central y dos branquiales, tal y como explica a este diario el investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO–CSIC), Eduardo Almansa, que recuerda que los pulpos respiran por branquias y ese par de corazones «más simples» contribuyen al bombeo de la sangre hacia ellas.

Por cierto que los pulpos tienen la sangre azul, ya que no es la hemoglobina la que transporta la sangre oxigenada por el cuerpo, sino la hemocianina, una molécula que contiene cobre. Es una característica que comparte con otros moluscos, con los que están emparentados y de los que se separaron a nivel evolutivo hace 500 millones de años.

En el planeta existen actualmente 300 especies diferentes de pulpos. Sin animales que asombran a la ciencia por su extraordinaria inteligencia y sensibilidad.

«En realidad están emparentados con los mejillones, con los caracoles... lo que ocurre es que su concha es interna; en realidad, la han ido perdiendo. En el caso del pulpo es muy pequeña, es una especie de tira semitransparente», explica Almansa, quien destaca que estos octópodos han evolucionado de una manera «bastante innovadora», desarrollando estructuras similares a la de los mamíferos, pese a ser «totalmente distintos».

Pulpo de anillos azules.

Pulpo de anillos azules. / PIXABAY

«Por ejemplo, tienen un sistema circulatorio cerrado como nosotros, los otros moluscos no lo tienen así y, además, tienen unos ojos que son muy similares a los de los vertebrados en general», añade.

Por otro lado, los pulpos son los invertebrados con mayor desarrollo cerebral, lo que les permite ejecutar comportamientos complejos o resolver ciertos problemas como, por ejemplo, abrir un bote para coger la comida que haya dentro.

De hecho, a menudo se dice que tienen nueve cerebros, aunque la realidad es que tienen uno central y un ganglio cerebral en cada uno de sus ocho tentáculos.

Cada brazo tiene «una agrupación de neuronas que es relativamente independiente al cerebro central, pero no totalmente. Se considera que el cerebro central manda una orden y los ganglios de cada brazo ejecutan esa orden, pero de manera independiente».

Para explicar hasta qué punto tienen capacidad de decisión esos ganglios cerebrales, el investigador del IEO añade que los brazos cuentan con sensores químicos que pueden detectar que hay alimento cerca.

«Un brazo se puede meter dentro de una oquedad y si esos sensores tocan algo que puede servir de alimento, el propio brazo atrapa ese alimento y lo saca».

Asimismo, los tentáculos tienen la capacidad de regenerarse si estos son amputados.

Otro sorprendente rasgo de dichos miembros es que están perfectamente diseñados para que no se enreden entre sí ni se peguen debido a sus ventosas.

Investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén en el Cell Press describieron en un artículo en ‘Current Biology’ que la piel de los pulpos dispone de una sustancia química que impide temporalmente a sus ventosas adherirse.

Es un animal tan fuera de lo común que un grupo de 33 científicos publicó hace cinco años un artículo en el que aventuraban el posible origen extraterreste del pulpo. La investigación (que recibió un aluvión de críticas) consideraba probable que un meteorito llegara a la Tierra hace 540 millones de años llevara huevos fertilizados de octópodos.

El lento avance en el bienestar de los pulpos

Un buceador junto a un ejemplar de pulpo. / Pixabay

Teorías atrevidas al margen, lo que sí está comprobado es que tienen habilidades sorprendentes. Un estudio de la Universidad Estatal de San Francisco concluyó hace dos años que los pulpos son capaces de sentir dolores emocionales complejos, como los humanos, los chimpancés o los perros.

Tienen conciencia de sí mismos

La Declaración de la Conciencia de Cambridge, firmada en 2010 por un grupo de neurocientíficos, incluye al pulpo entre los animales que tienen conciencia de sí mismos, como los humanos, los delfines, los grandes simios o los elefantes.También se ha comprobado que los pulpos son capaces de jugar por simple diversión con otros congéneres, e incluso con ejemplares de otras especies.

Son capaces de caminar a dos patas si se encuentra en peligro, tanto en tierra como en el fondo del mar, y de realizar tareas tan complejas como desenroscar frascos (desde dentro y desde fuera), desmontar el sistema de filtración de un acuario, preparar emboscadas a sus presas, lanzar objetos como si fueran proyectiles contra sus depredadores, navegar sin perderse a través de laberintos complejos o reconocerse en un espejo.

El rápido crecimiento de los pulpos (los adultos pueden crecer hasta un 3% al día y hasta un 10% en el caso de las larvas) permite que en un año o año y medio puedan llegar a pesar cinco kilos y Almansa apunta que se han llegado a ver ejemplares de hasta doce kilos.

No uno ni dos, sino tres cerebros posee el pulpo. Además, en cada uno de sus brazos tiene un ganglio cerebral que les permite actuar con gran autonomía, aunque no totalmente.

Este crecimiento veloz contrasta con su corto ciclo de vida, que solo dura en torno a un año o año y medio.

Una vez que la hembra pone los huevos, ésta deja de alimentarse hasta que acaba muriendo de inanición tras agotar sus reservas. «Ponen los huevos en cuevas y allí los cuidan durante un mes, hasta que salen las larvas», añade Eduardo Almansa. «En los machos ocurre algo parecido; llega un momento, cuando tiene un año y medio o así, en que, no se sabe muy bien por qué, también dejan de comer y mueren».

Almansa prefiere no calificarlo como un «suicidio» sino como algo «natural». «No es una decisión que tomen ellos, por decirlo de alguna manera, sino que hay una señal en el cerebro que le induce a dejar de comer», añade el investigador, que asegura que este comportamiento sigue siendo actualmente objeto de estudio para la comunidad científica.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que el pulpo es un cuerpo blando sin ningún tipo de protección (solo el pico, su boca, es de un material duro), por lo que están completamente expuestos a sus depredadores naturales, como los mamíferos marinos e incluso algunas aves.

A modo de defensa personal, también emplean su característico chorro de tinta oscura que liberan cuando se sienten intimidados para tener opción de escapar.

Ejemplar de pulpo

Ejemplar de pulpo. / Wallup

La pesca, principal amenaza

Además de sus depredadores naturales y los efectos del cambio climático, la principal amenaza que se cierne sobre esta especie es la pesca.

«Hay un aumento de la demanda, se está consumiendo cada vez más y, sin embargo, las pesquerías ya no dan más de sí. Se captura unas 380.000 toneladas métricas anuales, y eso está estable desde hace décadas. Pero si aumenta el consumo, aumenta el precio. Eso es un riesgo importante, porque cuando sube de precio es más rentable y hay mayor interés en pescarlo», alerta el investigador del Instituto Español Oceanográfico, quien asegura que la solución para salvaguardar la especie pasa por un cambio de hábito generalizado en el consumo del pulpo o bien empezar a cultivarlo en cautividad, eso sí, con todas las garantías.

«Una de las soluciones es intentar cultivarlo, pero ahí ha habido una serie de polémicas sobre si el animal va a sufrir. Nuestra postura al respecto es que aún no lo sabemos; hacen falta más estudios para saber si el animal va a sufrir en cautividad», recalca Eduardo Almansa, que ha liderado una investigación junto a científicos de los centros oceanográficos de Vigo y Tenerife, en la que se consiguió reproducir pulpos en cautividad tras dos décadas de investigaciones. «Pero, desde luego, tenemos que tener claro que, o cambiamos nuestros hábitos de comida y reducimos su consumo, o tenemos que producirlo de forma alternativa, porque, si no, las que van a sufrir son las poblaciones salvajes».

Almansa defiende que hacen falta más estudios para conseguir un sistema de cultivo que, por un lado, asegure el bienestar de los pulpos y, por otro, se reduzca la dependencia de, por ejemplo, la harina de pescado para alimentarlos, y se opte por alimentos «con un perfil adecuado de nutrientes que sean sostenibles».

El proyecto, aún en desarrollo, ha suscitado numerosas protestas de ecologistas y científicos de todo el mundo

El proyecto de la primera granja de pulpos del mundo, impulsada por la empresa gallega Nueva Pescanova en Las Palmas de Gran Canaria, ha suscitado un debate ético que ha dado la vuelta al mundo, con numerosas protestas desde los ecologistas y científicos. La oposición se basa en la «crueldad» con la que denuncian que serán tratados estos animales, así como las consecuencias negativas que podría generar incluso en el plano medioambiental.

Si el proyecto canario sale adelante, esta será la primera granja industrial de pulpos del mundo, a la que han precedido intentos fallidos en países como México y Japón. Algunos países y ciudades importantes, como Washington, han decidido prohibir o restringir la cría del pulpo. Entre las principales críticas al proyecto destacan los métodos de cría y sacrificio de los animales, mientras que la empresa defiende que su «prioridad es garantizar el bienestar animal» y rechaza los argumentos que critican esta iniciativa.