Horizontes

Las falsificaciones saltan del top manta a las pantallas

España es el segundo país europeo, solo por detrás de Bulgaria, donde se registra un mayor consumo intencionado de productos pirata

Las falsificaciones saltan del top manta a las pantallas

Las falsificaciones saltan del top manta a las pantallas / Jordi Otix

Celia López

Desde colonias hasta alfombrillas para el coche, todo se puede falsificar. Pero el principal problema para las marcas es que en España hay muchos consumidores dispuestos a comprar productos piratas. Los datos muestran que los españoles son, tras los búlgaros, los segundos europeos más propensos a comprar falsificaciones de forma intencionada. Hasta el 20% reconoce haber adquirido a propósito una falsificación en el último año. Este porcentaje supone el 15% más que en 2020, según recoge un estudio reciente de EUIPO, la oficina de propiedad intelectual de la UE. «Es un tema cultural que se ha acentuado con el uso de las nuevas tecnologías. Algunas personas quizá no estaban dispuestas a hacer una compra en el top manta, pero cuando están detrás de una pantalla es distinto» asegura Gerard Guiu, director general de Andema, la asociación para la defensa de la marca. Cabe destacar que la mitad de los jóvenes entre 15 y 24 años compran deliberadamente falsificaciones.

«En el entorno digital resulta relativamente sencillo posicionar un producto y ponerlo a la venta sin necesidad de que ni siquiera cuente con una marca, de que el producto exista como tal o de que tenga un mínimo de calidad. Y el falsificador utiliza incluso los mismos materiales publicitarios, las mismas fotografías y un entorno similar al del producto original para confundir al consumidor», indica Carmen González, directora de Marcas y Brand Intelligence de Pons IP, consultora especializada en propiedad industrial e intelectual.

Las pérdidas que ocasiona la existencia de este mercado, dominado por grupos relacionados con el crimen organizado, ascienden a unos 5.753 millones de euros cada año, según la EUIPO. En el caso de los puestos de trabajo, se pierden cada año 50.000. «Además, todo el material que viola la propiedad intelectual tiene que ser destruido, eso supone pérdidas anuales de hasta 1.200 millones», señala Guiu.

Riesgo para toda la economía

Para González estas cifras son preocupantes. «Cada vez tenemos más información sobre las consecuencias negativas de las falsificaciones y de los riesgos que se corren al consumirlas, pero aun así el volumen de compra de productos falsificados continúa siendo muy alto», según la directora de Marcas y Brand Intelligence de Pons.

Guiu señala que no solo se adquieren productos de lujo falsificados. «Tenemos constancia de que se falsifican todo tipo de artículos de gama media, desde colonias hasta camisetas, pasando por cremas», indica el director general de Andema, que también hace hincapié en el coste que supone para las marcas esta práctica. «Se impide la inversión, se alimenta a las mafias y se deterioran las condiciones de trabajo. Tenemos que mimarlas, permitir las falsificaciones es un riesgo para toda la economía».

Guiu destaca que al proteger la propiedad de las marcas también se vela por los derechos de los consumidores. «Los juguetes para niños falsificados pueden causar asfixias en los menores. También se están vendiendo cremas y hasta medicamentos a través de internet sin ningún tipo de garantía para quien luego los consume», indica.

González apuesta por la concienciación de los consumidores como el camino para atajar el problema. «Las administraciones públicas tienen que seguir impulsando campañas que muestren las repercusiones negativas de las falsificaciones y la realidad que hay detrás». Por su parte, Guiu apuesta por crear complicidad con el consumidor. «Si conseguimos disminuir la demanda, también se reducirá la oferta de falsificaciones», explica. González destaca la responsabilidad de los titulares de las marcas para prevenir la compra inintencionada. «Hay que apoyar a los buscadores, los marketplaces y las redes sociales porque no hay que olvidar que los productos falsificados y los originales muchas veces utilizan los mismos canales de venta y esto hace que el consumidor adquiera de forma inintencionada un producto falsificado».

Inteligencia artificial

La automatización de los procesos industriales y la inteligencia artificial supone asimismo un riesgo para las marcas. «Vemos con preocupación el desarrollo de esta herramienta, ya que puede afectar a la propiedad intelectual y a la creatividad. Aunque también estas tecnologías nos pueden ayudar a identificar las falsificaciones de forma más sencilla», explica Guiu. En este punto coincide la abogada de la consultora Pons. «En mi opinión, la inteligencia artificial puede ser parte de la solución del problema de las falsificaciones. Precisamente, se han desarrollado herramientas basadas en esta tecnología que nos permiten rastrear una cantidad ingente de información en los entornos digitales y actuar de forma más eficaz», concluye.