El‘boom’de las terapias de pareja

En 2021 hubo 147.823 matrimonios y 90.582 divorcios

Cada vez se recurre más a terapias para solucionar problemas de pareja. | SHUTTERSTOCK

Cada vez se recurre más a terapias para solucionar problemas de pareja. | SHUTTERSTOCK / PoR patricia martín

Patricia Martín

El mito del amor romántico y para toda la vida ha caducado. Ante ello, al igual que ha aumentado el número de personas que van al psicólogo y se ha normalizado pedir ayuda para mejorar la salud mental, se ha disparado la cifra de personas que acuden a terapia de pareja, buscando el bienestar de ambos o la resolución de problemas concretos afectivos, sexuales o simplemente por las complicaciones del día a día.

El‘boom’de las terapias de pareja

El‘boom’de las terapias de pareja / PoR patricia martín

«Llevo 14 años dirigiendo un centro especializado en terapia de pareja; al principio me costaba conseguir clientes y ahora todo lo contrario. Hay un boom de personas que piden información o que acuden a sesiones en busca de ayuda, se ha normalizado que eso no significa que la pareja sea un desastre, sino que se quiere estar bien y solucionar un malestar», explica Núria Jorba, psicóloga, sexóloga y divulgadora.

Antes las parejas permanecían unidas por una necesidad económica, de procreación o por presión social. Pero ahora, «tener pareja está asociado al bienestar o al deseo y a la mínima que se pierden una de las dos cosas, deciden acudir a terapia», añade.

También influye que «las parejas son cada vez más complejas y tienen conflictos que antes no existían o se tapaban, porque ya no hay un patrón tan marcado de cómo deben de ser las relaciones, los roles de los hombres y las mujeres. Ahora hay que acordar desde si se quiere tener hijos hasta si se mantienen en los límites de la monogamia», continúa la también autora de Parejas imperfectas y felices.

«Vivimos en la sociedad del bienestar y buscamos también el bienestar con nuestra pareja», corrobora Ana Yáñez, de la Federación Española de Sociedades de Sexología, que también han notado la mayor demanda asistencial en el Instituto Clínico Extremeño de Sexología que dirige.

«Tenemos más conciencia sobre la importancia de la salud mental y quizá debido a la influencia de las redes sociales, cada vez sabemos que existen más opciones de ayuda, también para nuestra vida en pareja», refrenda desde el ámbito de la sociología Cecilia Bizzotto.

Hasta los Obama (Barack y Michelle, expareja presidencial de Estados Unidos) han confesado que la terapia salvó su matrimonio. El perfil mayoritario de los que solicitan ayuda profesional son parejas, como los Obama, de mediana edad, heterosexuales, que llevan al menos cuatro o cinco años emparejados, pero también hay usuarios muy jóvenes y que acuden a terapia porque tienen problemas en sus primeros contactos sexuales. Y parejas homosexuales, dado que «las dinámicas y las necesidades son las mismas que en las parejas heterosexuales», precisa Jorba.

La especialista resume en tres grupos los motivos principales para acudir a la consulta. En primer lugar, están las parejas que están en un cambio de etapa, debido o bien a que han sido padres, o bien han entrado en una fase de estabilidad, monotonía o falta de pasión. En segundo lugar están aquellos que tienen un conflicto concreto. Y hay un tercer bloque de parejas que no saben acoplarse.

Además, hay dos motivos que suelen sobrevolar, o bien los conflictos con la familia —sobre todo si hay hijos— o bien las infidelidades, aunque cada vez es un motivo menos frecuente de consulta porque «acuden antes de que llegue ese momento».

También solicitan ayuda parejas que quieren abrir la relación, es decir, tantear a mantener con otras personas contactos sexuales o afectivo-sexuales puntuales o permanentes, pero que necesitan una guía sobre cómo gestionar la nueva dinámica de la relación o los posibles celos. O bien uno de los dos quiere dejar atrás la monogamia y el otro no.

Los divorcios

No hay datos ni oficiales ni oficiosos de cuántas parejas piden ayuda en sus relaciones. El único dato contrastado que existe es el del número de divorcios. En 2021, tras la fase más dura de la pandemia, aumentaron el 13% (hasta los 90.582), pero desde 2012 experimentan una tendencia a la baja, senda a la que se volvió en 2022.

En cualquier caso, los datos de divorcios y la terapia de pareja no están intrínsecamente relacionados. Para empezar, para acudir a terapia no hay que haber pasado antes por el altar. Y no todos los que se separan piden ayuda profesional antes. Además, acudir a sesiones con expertos en relaciones no siempre garantiza que no se acabe en el juzgado. Aun así, las expertas consultadas aseguran que el porcentaje de éxito de estas sesiones, en las que se enseñan «técnicas avaladas científicamente», es de entre un 80% y 90%.

Los testimonios

Una pareja que acudió al consultorio de Núria Jorba, que prefiere mantener el anonimato, asegura que su experiencia fue «extraordinaria». «Veníamos desgastados por temas de pareja-familiares y dispuestos a romper con todo. Gracias a la terapeuta encontramos un punto intermedio y aunque al principio teníamos dudas, hemos podido resolverlo. Hoy en día trabajamos en equipo e incluso podemos llegar a ser uno», relata.

Sin embargo, el éxito de la terapia no está siempre asociado a que la pareja continúe unida, sino a que ambos miembros logren un bienestar y si deciden separarse, que lo hagan sin hacerse daño a sí mismos o a sus parejas.

Las terapias que suelen fracasar son aquellas en las que uno de los dos miembros no quiere ir o que ambos no ponen de su parte. Es lo que sucedió a una persona, que ha dado su testimonio en la red social Joyclub. «Acudimos a terapia y los profesionales nos recomendaron cuidar nuestra intimidad y vivirla cada día. Pero las obligaciones diarias y la imposición arbitraria de tareas impidió seguir sus consejos y acabó en nuestro divorcio», relata, también de forma anónima, porque aunque se haya normalizado pedir ayuda profesional para mantener la llama de las relaciones afectivas, todavía es un tema que se esconde, que no se cuenta salvo en entornos íntimos.