Arte en Ibiza: Un Territori sin encorsetar

El Espacio Micus acoge la segunda jornada del Territori, el festival internacional de ‘performance’ que ofrecerá hasta el domingo 19 acciones por toda la isla. Tras dos ediciones anteriores limitadas por las restricciones del covid, sin apenas capacidad de interrelación entre artista y público, el certamen ahora cobra su sentido real.

Josep Àngel Costa

Josep Àngel Costa

Las restricciones por el covid llegaron a crear imágenes tan estrambóticas como la de un artista desarrollando parte de su actuación dentro del mar con la mascarilla puesta para cumplir el protocolo. Esta escena se dio en la primera edición del Territori, el festival internacional de performance que nació en Ibiza en plena pandemia.

Un repaso por las imágenes de aquel certamen deja patente la frialdad a la que se veían abocadas algunas intervenciones. Durante varias de las primeras jornadas, aparecía la gente ordenadamente sentada en medio del campo y muy distanciada entre sí, hasta el punto de que, más que formar una entidad a la que llamar público, se quedaban en meros espectadores sin ninguna interrelación. Como si siguieran el espectáculo desde una cabina.

Nada que ver con el ambiente que se vive en el Espacio Micus en Jesús para acoger las performances de la menorquina Ivanna Ray Singh y la italiana afincada en Ibiza Annalisa Rinaldi. La galería que fundó el pintor alemán Edward Micus en 1989, en la cima de una colina en Can Portes, en pleno campo y rodeada de pinos, regala una ubicación privilegiada para cualquier actividad, pero es el llenazo de público el que realza a las artistas.

«Como si hubiera explotado»

En este mismo espacio y por estas mismas fechas, el año pasado pasó la artista lituana Zidrija Janusaite con la perfomance ‘¿Cuánto tiempo se necesita?’, en la que se mantenía sentada de rodillas, hierática, mientras le goteaba agua en la coronilla. En aquella ocasión, apenas una quincena de personas contempló esa intervención, frente al más del centenar que sigue a Ivanna Ray mientras va leyendo y pasando las páginas de un ejemplar de La Vanguardia en llamas.

En un rincón de la sala, observa atentamente la imagen el Premio Nacional de Literatura Antonio Colinas, que pasa unos días en su casa de Can Fornet. Tras la acción de la menorquina, ‘Hiperstición/Nutrición’, aparece de inmediato en escena Annalisa Rinaldi con su performance ‘Recordando el futuro’

Acompañada de brochas y pinceles elaborados por ella con fibras vegetales, Rinaldi va mezclando pigmentos naturales para pintar un gran lienzo que cuelga de una rama de pino seca. Al final, la propia artistas se convierte en lienzo. Se empieza a embadurnar, con sus manos, hasta finalizar en un in crescendo de danza butoh.

Las dos performers han podido sentir al público junto a ellas, sin espacios vacíos en la sala, buscando un escalón o un rincón donde contar con mejor perspectiva. «Es como si hubiera explotado el festival, porque el año pasado la gente aún estaba como encerrada aunque ya hubiera menos restricciones», valora la directora de Territori, Isa Sanz.

«Ahora la gente está más cerca y, además, hay piezas participativas donde pueden tocar al artista», destaca. Sanz admite tajante que se puede decir que el festival ha quedado desencorsetado, tras nacer en un momento en que no se podía ni repartir folletos del programa. «Hemos llevado a cabo una campaña de promoción y comunicación muy grande con material impreso, porque en los dos años anteriores no se podía», indica.

Sanz sigue así con la satisfacción de la jornada inaugural del sábado en es Caló de s’Oli, que se salvó de la tormenta que afectó al resto de la isla. «Tuvimos un microclima», bromea.

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