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Diario de Ibiza

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Crisis sanitaria

Restauración de Ibiza: «El pase covid estaría bien si se aplicara a todos los restaurantes»

Empresarios del sector en Ibiza se quejan de que la medida del Govern de exigir a la clientela el certificado covid «perjudica económicamente a los establecimientos grandes y beneficia» a aquellos locales con menos de 50 personas de aforo en el interior

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Pasaporte covid para el acceso a los restaurantes de más de 50 personas

«Intentamos hacerlo lo mejor posible siguiendo la normativa, pero somos conscientes de que hay clientes que se irán a otro restaurante más pequeño del pueblo si allí no tienen que presentar el certificado covid». Esta observación la hace Vicent Roig, uno de los propietarios del Bar Costa, en Santa Gertrudis, durante la jornada (ayer) en la que entra en vigor la medida del Govern que obliga a exigir el pasaporte covid a los clientes en discotecas, salas de fiesta, bares de copas, cafés conciertos, pubs, locales con celebraciones que reúnan a más de medio centenar de asistentes y establecimientos de restauración con aforo en el interior de más de 50 personas. Roig deja claro que no está en contra de la medida del Ejecutivo balear, pero cuestiona algunas de las condiciones detalladas hoy (por ayer) en el BOIB, en concreto la que que indica que «los responsables de los establecimientos tendrán que disponer de personal en su entrada para llevar a cabo el control de acceso». «Si esta medida ayuda a reducir la expansión de la pandemia me parece muy bien, pero su aplicación es complicada porque habrá mucha clientela que esté en contra y, además, estamos muy limitados en cuanto a personal como para poner a alguien expresamente para controlar esto», explica el responsable del Bar Costa. En este establecimiento emplean la aplicación del Govern verificacovid.ibsalut.es para escanear los códigos QR de los pasaportes covid. Vicent Roig pide el certificado a un grupo de amigos que se disponen a entrar en el local. Lo tienen todos, excepto Samuel. Sus amigas le explican cómo descargarlo en el móvil. «Me parece bien que no se obligue a la población a vacunarse pero que los establecimientos exijan el certificado covid», comenta este joven ibicenco. Valentina también ve bien que se pida esta documentación si eso «da más seguridad a la restauración», pero Nuria no sabe cómo posicionarse ante esta exigencia. «Si sirve para que la gente se vacune me parece bien, pero también entiendo que genere rechazo», apunta. Entre la clientela de este popular establecimiento de Santa Gertrudis hay opiniones para todos los gustos. «Me parece una medida fenomenal que debería haberse implantado antes», asegura Jesús. Sin embargo, Ángel, que comparte mesa con otro amigo, ambos de Barcelona, se muestra totalmente en contra: «Me parece un problema para los clientes y los dueños de los establecimientos de restauración tener que estar con esta fiscalización», lamenta.

Nuria muestra su pasaporte covid, descargado en el móvil, en el Bar Costa, en Santa Gertrudis. J.A. RIERA

Los responsables del Bar Restaurante Santa Gertrudis, justo al lado del Bar Costa, acatan la medida del Govern con resignación. «Por un lado nos parece bien, sería mucho peor tener que cerrar el interior de los locales, pero por otro nos parece demasiado radical», comenta Xico Torres, hijo de los propietarios. «Creo que es una medida extremada tener que poner a alguien expresamente en la puerta para pedir el certificado covid como si fuera un control de acceso y lo de solicitar el DNI para comprobar la identidad me parece un compromiso, no soy un policía. No me voy a pelear con la gente, que ya va bastante quemada. Yo lo que quiero es que mis clientes se sientan a gusto en mi establecimiento», añade. Su hermana, Maria José, ha consultado esta mañana el BOIB y le informa de todos los detalles. El día anterior (el viernes), explica, estuvo por la tarde en el restaurante para ayudar a todos los camareros a descargarse la aplicación verificacovid.ibsalut.es.

Un camarero del restaurante Santa Gertrudis lee el código QR con la aplicación del Govern. | J.A. RIERA

En el interior del local, en una mesa de cuatro, están sentados Milagros Pierna, su marido, Paco Torres; su suegra, Maria Escandell, y su sobrina Lourdes Pierna. Todos están conformes con que se exija el pasaporte covid. «Me parece bien si es la única forma de garantizar que la gente se vacune», señala Lourdes. «Somos prudentes y gente concienciada»; añade su tía.

«Un portero de discoteca»

En la puerta de acceso al restaurante Can Caus han colocado el letrero en el que se informa a los clientes que deben presentar el certificado covid. Gustavo Gutiérrez Venero, el hostess del establecimiento, le pide esta documentación a una pareja que acaba de llegar. Los dos han sido previsores y la han descargado en el móvil. «Parezco un portero de discoteca», comenta con humor el responsable de dar la bienvenida a los clientes de Can Caus y de llevarlos a su mesa. No está muy contento con la medida que acaba de entrar en vigor. Para él significa «el doble de trabajo». «Mañana (por hoy) a las 14 horas llegarán 250 comensales, se me va a hacer una cola impresionante», se queja.

«Lo de solicitar el pasaporte covid me parecería bien si se aplicara a todos los locales de restauración y no solo a los que superan el aforo de más de 50 personas en su interior. Se está perjudicando a la economía de los establecimientos más grandes porque al final la gente se irá a los locales más pequeños, donde no se exige este certificado», apunta José Escandell, responsable de Can Caus. «Todo lo que podamos hacer para que no se extienda la pandemia está bien, pero es que parece que la tienen tomada con la restauración», se lamenta.

En un margen de apenas veinte minutos una pareja se queda con las ganas de comer en Can Caus porque no tiene los certificados covid y un hombre da media vuelta en cuanto escucha que hay que presentar este documento.

«Entonces ¿puedo pasar o no?», pregunta poco después al hostess de Can Caus Adrián, que tiene comida de Navidad con cuatro compañeros de trabajo. Lleva el certificado covid en su móvil, pero la aplicación del Govern al leer su código QR informa de que hay un error e indica que la pauta de vacunación no está completa. El joven aclara entonces la situación: «Mi primera vacuna fue con AstraZeneca, pero como pasé el covid me dieron un plazo de seis meses y ahora me he puesto una segunda dosis, en este caso de Pfizer. El sistema todavía no ha cruzado los datos y cuando ayer descargué el certificado covid todavía ponía que tenía una sola pauta». Gutiérrez, comprensivo con esta «situación anómala», deja entrar a Adrián en el restaurante después de bromear con él mirando su calzado: «Si llevas zapatillas de deporte no entras».

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