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Miqui Otero

Fiesta en la tercera edad

Hace ahora un año, escuché un comentario en el que no he dejado de pensar desde entonces: «Por nosotros no os preocupéis, que ya estamos amortizados».

La frase, que dijeron varias personas mayores de mi entorno cuando estalló la pandemia, es dura por muchas razones: la elección del verbo, que alude a la productividad, la obsolescencia y la explotación capitalista, el intento de no contagiar preocupación, la renuncia a la pataleta y el colocarse siempre civilizadamente a la cola de la solución. Quizá podríamos intentar aprender un poco de su dignidad.

Después de haber sufrido como nadie, ahora que en teoría recibirán antes la vacuna propongo que todo el ocio y la cultura se vuelque en ellos. En un mundo al revés en el que por suerte los únicos inmunes o invencibles, los únicos sin miedo, fueran ellos, yo organizaría un Primavera Sound con El Consorcio, Rumba 3 y Juan Pardo como cabezas de cartel y con Luis Cobos en el Auditori. Cortaría la Diagonal para montar un gigantesco autocine donde pudieran ir en coche las parejas para ver en pantalla gigante películas de vaqueros dobladas al catalán mientras duermen la siesta con el mejor sonido. En los parques, picnics con food trucks donde se vendiera pulpo à feira, cazón, capipota o lechazo con grupos regionales de las zonas desde las que emigraron. En el CCCB, videoinstalaciones con las mejores telenovelas de los años 80, cuando aún fumaban y sonreían más. ¿En el Camp Nou? En lugar de partidos de solteros contra casados, de abuelos contra liberados de cuidar a nietos. Por supuesto, en cada pub habría conciertos de bandas de tributo de Los Brincos y The Beatles, y en los teatros, monólogos de un holograma de Gila llamando al pasado para explicar lo de las mascarillas.

No hay ni pizca de ironía en todo esto. Por una vez que la diversión fuera exclusivamente suya; que el mundo fuera suyo, que para eso lo construyeron; que pudieran vivir la vida sin zozobra ni interferencias. Como cantaban Hidrogenesse: «Los viejos son el futuro». No creo, pero a ver si damos la talla nosotros cuando en el futuro nos toque serlo a nosotros.

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