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Exploración espacial

Nueve cuevas en el planeta rojo: la burbuja inmobiliaria llega a Marte

Un equipo científico selecciona los mejores hogares potenciales para la colonización

Primera roca de Marte de la que el robot Perseverance ha tomado muestras. NASA

Marte tiene su propio Idealista, un listado de inmuebles donde el ser humano podría vivir. Su autor es la NASA, puede consultarse en internet e incluye más de 1.000 lugares que reúnen algunas condiciones necesarias para que se instalen los primeros colonos. Pero el catálogo es demasiado amplio y la información que contiene demasiado escasa, al provenir toda de imágenes tomadas por satélite. Por continuar con el símil inmobiliario terrestre, allí puede haber tanto un palacio, al menos en potencia, como un palomar. Se necesita una criba.

Y esto es exactamente lo que acaba de hacer un grupo de científicos norteamericanos. “Ya hemos identificado nueve cuevas viables”, dijeron hace un par de semanas, durante la presentación de su trabajo, en una cita organizada por la Sociedad Geológica de América. 

La fiebre inmobiliaria ha llegado a Marte. No se sabe cuándo se establecerá el ser humano en el segundo planeta más cercano a la Tierra, después de Venus. Tampoco si llegará a establecerse. Pero la posibilidad está ahí, cada vez más cercana, y los científicos llevan tiempo investigando dónde podrían instalarse estos colonos espaciales. 

Las cuevas ofrecen indudables ventajas. La superficie marciana está repleta de amenazas: radiación, lluvias de meteoritos y brutales cambios de temperatura entre el día y la noche. Marte puede matarte de muchas formas. Un humano que llegase al planeta con lo puesto, sin ningún equipo, moriría primero, tras ocho meses de viaje desde la Tierra, por la baja presión atmosférica, que haría que su sangre comenzase literalmente a hervir. Después, si alcanza a sobrevivir, cosa imposible, se ahogaría al respirar una atmósfera compuesta en un 95% de dióxido de carbono. Más tarde, acabaría congelado en su primera noche marciana, con los termómetros bordeando los 100 grados bajo cero. Y por último, la radiación del planeta, que conduce de forma inexorable a un deceso por envenenamiento o cáncer.    

Vuelta al origen

Las cuevas permitirían al ser humano cobijarse de los peligros. Las terrestres ya cumplieron la misma función durante la Edad de Hielo. Pero no cualquier cueva. De forma similar a la del usuario que selecciona en internet las características de la vivienda que está dispuesto a comprar (con o sin ascensor, exterior o interior, etcétera), los científicos responsables de la selección inmobiliaria marciana cribaron los hogares potenciales mediante dos requisitos. 

Primero, que la cueva estuviera a un máximo de 100 kilómetros de distancia de un lugar apto para el aterrizaje de una nave, que a su vez debe estar a no más de 1.000 metros de altitud, permitiendo al vehículo espacial suficiente tiempo para ralentizar su llegada mientras atraviesa la fina atmósfera del planeta. 

Segundo, que hubiera imágenes en alta resolución del inmueble candidato a engrosar la exclusiva lista de mejores propiedades marcianas. El equipo científico contó aquí con las fotografías de la cámara HiRISE, que viaja a bordo de la sonda Mars Reconnaissance Orbiter. Con un peso de 65 kilogramos, el telescopio reflector, cuya construcción costó 40 millones de euros, es capaz de diferenciar objetos pequeños, de un metro de diámetro en adelante. Pero hasta el momento solo ha capturado un 5% de toda la superficie del planeta rojo. 

Aplicando estas dos condiciones, el catálogo se redujo hasta 139 cuevas. Los investigadores comenzaron entonces a examinar a conciencia el listado de inmuebles, seleccionando solo aquellos que tuvieran unas dimensiones subterráneas amplias, susceptibles de albergar humanos. Así llegaron a las nueve. 

Los vaticinios

Marte tiene agua en el subsuelo, casquetes polares, vientos, nubes, estaciones a lo largo del año y un día de 24 horas. Uno de los principales defensores de colonizar el planeta (y desde luego el más adinerado) es Elon Muskflamante dueño de Twitter y consejero delegado de SpaceX, la compañía de lanzamiento de cohetes. El pasado enero, la revista ‘Time’ le preguntó al magnate cuánto tiempo quedaba para que los humanos viajaran hasta allí“Cinco años”, contestó Musk, que quiere poblar Marte con un millón de personas en 2050. 

En un momento en el que se han disparado todas las alarmas por el cambio climático, mientras los gobiernos eluden su responsabilidad para detenerlo, la idea de un planeta B resulta muy atractiva. En un famoso vaticinio, Martin Rees, expresidente de la Royal Society de Londres, una organización científica que fue dirigida por Isaac Newton a comienzos del siglo XVIII, calculó que sin esa alternativa las posibilidades del ser humano de sobrevivir como especie se reducen hasta el 50%. 

Pero no todos los investigadores sienten la llamada de Marte. Importantes científicos dudan de su colonización como planeta de repuesto. Incluso en un escenario apocalíptico, argumentan, las condiciones de la Tierra, por muy catastróficas que sean, siempre serán más adecuadas para las personas que Marte, donde apenas hay atmósfera y la radiación de la superficie es 100 veces superior a la de aquí.

“Es importante recalcar que Marte, al principio no será un lugar lujoso –concedió Musk esta primavera-. Será peligroso, agobiante, difícil y duro”. También en las nueve cuevas recién seleccionadas.

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