«Pablo estaba convencido de que todo saldría bien»

La madre del joven con diversidad funcional lamenta que el sí de la conselleria haya llegado tras tres años de sufrimiento de la familia

Lola Penín, de Apies, levanta los brazos al salir de la reunión.

Lola Penín, de Apies, levanta los brazos al salir de la reunión. / Irene Vilà Capafons

Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Ayer por la mañana, Pablo, el joven con diversidad funcional que lleva tres años ansiando estudiar jardinería, salió de casa, rumbo a sus actividades de verano convencido de que la reunión iría bien. «Tenía claro que todo saldría bien», afirma su madre, Carmen Ortuzar, minutos después de saber que su hijo tenía razón. «Él sabía que tenía la reunión y me dijo que no me preocupara, que todo saldría bien», comenta. Un optimismo totalmente antagónico a lo que sentía su madre. «No confiaba nada. Después de todo lo que llevamos, ¿cómo iba a hacerlo?», continúa Carmen, que recuerda que lleva tres años de recibir una negativa tras otra a la petición de que su hijo se pueda matricular en la FP básica de jardinería.

Tan convencida estaba de que la respuesta sería negativa que ayer prefirió quedarse en casa, esperando que Lola Penín, presidenta de la Asociación Pitiusa por la Inclusión Educativa y Social (Apies), la llamara para informarla de la resolución. «El último día salí fatal de la reunión, hecha polvo. No me sentía ni persona», explica la madre para justificar por qué tenía tan claro, desde hace días, que no iba a estar presente en la reunión en la que la conselleria les comunicara la resolución. «Al final ha sido una buena noticia», recalca. Diciéndoselo más a ella misma, como para convencerse, que a los demás.

Cuando Penín salió, emocionada, enarbolando el documento en el que queda claro que Pablo podrá estudiar jardinería, ella aún no sabía qué había pasado. En el interior de la delegación apenas hay cobertura y la conversación se cortaba. «No ha entendido qué le he dicho. Debe estar mordiéndose las uñas y subiéndose por las paredes», bromea Penín mientras llama a Ortuzar, con el altavoz, en la acera, para que lo escuchen los medios. «¡No me lo creo!», exclama la madre. «Ya te lo puedes creer, lo has conseguido, le dice la presidenta de la asociación. «Lo hemos conseguido», matiza Ortuzar, que se deshace en agradecimientos para todos los que la han acompañado en esta lucha. «Ahora tendrás que invitarlos a todos», bromea Penín, una sugerencia que la madre acoge encantada.

Sólo lamenta que el sí de la conselleria haya llegado tres años más tarde de lo que debería. Tras tres años de sufrimiento. El suyo, por ver que el sueño de su hijo se topaba una y otra vez con la insensibilidad de la Administración. Y el de su hijo, que para mantenerse escolarizado ha cursado tres veces seguidas cuarto de Secundaria, alejado de quienes eran sus compañeros. Y de su mejor amiga. «Esto se tendría que haber hecho hace dos años, sin tanto esfuerzo. Pero estoy supercontenta porque ahora Pablo puede estudiar para ser lo que él quiere ser, jardinero», indica la madre, ansiosa por que sean ya las dos de la tarde, recoger a su hijo y comunicarle que el día 22 van a ir al instituto. A matricularle en la FP básica de Agrojardinería y Composiciones florales con la que lleva años soñando.

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