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Movilidad

Plan para promover el uso de la bici en Ibiza, «donde todo está por hacer»

El informe advierte de que es necesaria la coordinación de todas las administraciones, locales e insular, para la ejecución de infraestructuras para la bicicleta, pues desbordan los límites de los términos municipales

Roberto Algaba y Ander Irazusta explican el plan a los representantes de los ayuntamientos. | ZOWY VOETEN

«Partimos de que no se ha hecho nada». Es la respuesta de Roberto Algaba, director insular de Transportes del Consell de Ibiza, cuando se le pregunta cuáles son las conclusiones del Plan de Fomento de la Bicicleta en la isla, elaborado por la empresa Biziker y presentado ayer en la sede insular a representantes de los cinco consistorios. El plan, cuya redacción fue solicitada por unanimidad en el pleno celebrado el 29 de mayo de 2020, en plena desescalada de la pandemia, avisa de que se parte prácticamente de cero, de apenas 29 kilómetros de carriles bici en toda la isla (la mayor parte desconectados), de que «la bicicleta apenas roza hoy el 1% del total de desplazamientos», y de que o bien Consell y ayuntamientos se ponen de acuerdo y trazan un plan conjunto o eso de ir sobre dos ruedas en este territorio seguirá siendo una utopía, algo que quizás agradezcan algunos consistorios, que tienen escasa sensibilidad por fomentar este medio de transporte.

El propósito de encargar el plan, señala Algaba, era que describiera, sobre todo, «en qué situación nos encontramos, tener una foto fija de cómo está la movilidad y que, además, aportara ideas para mejorarla». Y esa instantánea refleja lo obvio: que prácticamente está todo por hacer. «Nos dice que no estamos bien, que en cuanto a movilidad ciclista no se están haciendo las cosas bien», afirma el director insular, a quien han llamado la atención los datos que muestran un incremento del uso del coche: entre 2001 y 2017, los años que analiza el estudio, el peso del peatón se redujo del 43% al 21%; el de la bicicleta se mantuvo en el 1%, y el del turismo creció del 53% al 74%. Mientras, el transporte público aumentó su relevancia ridículamente: del 3% al 4%. El plan alerta de que el 57% de los desplazamientos en automóvil «se corresponde con viajes internos, es decir, dentro de los ámbitos urbanos de Ibiza, los cuales, por la distancia recorrida, podrían ser realizados a pie o en bicicleta».

Cinco municipios, cinco guerras

El plan propone 25 medidas e incide en que las administraciones deben ponerse «de acuerdo y empezar a fomentar el uso de la bici», indica Algaba: «O pensamos en su fomento como isla, o si cada administración hace la guerra por su cuenta no vamos a conseguir lo que necesita el ciudadano. La movilidad no puede dividirse en cinco ayuntamientos: tenemos que ir de la mano».

«O pensamos en su fomento como isla, o si cada administración hace la guerra por su cuenta no vamos a conseguir lo que necesita el ciudadano. La movilidad no puede dividirse en cinco ayuntamientos"

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El plan insiste en este aspecto: «Se requiere una intensa cooperación y coordinación para la ejecución, por ejemplo, de políticas e infraestructuras para la bicicleta que desbordan los límites de los términos municipales, pues, en caso contrario, como ocurre ahora, queda cuestionada la conectividad entre tramos ciclistas aislados y la aplicación de criterios técnicos coherentes en los proyectos». Y pone el ejemplo del Plan de Movilidad Urbana Sostenible de Vila (PMUS): «Tiene como ámbito territorial el término municipal, lo que podría ser un obstáculo para el desarrollo de una red ciclista homogénea de carácter urbano que supere esos límites, ya que la dinámica funcional y movilidad del área urbana que conforman la capital y algunos núcleos pertenecientes a Santa Eulària y Sant Josep, como Puig d’en Valls, Jesús y Sant Jordi, supera dichos límites».

En el Consell de Alcaldes

Por eso considera imprescindible que las propuestas y actuaciones de esos tres municipios «en materia de movilidad ciclista se coordinen entre sí y con el Consell, titular de varios de los viales que atraviesan el área». En este sentido, el plan propone usar el Consell de Alcaldes como «vía para establecer marcos comunes en políticas transversales como la de la bicicleta en las materias de interés común».

Algaba es consciente de que, a diferencia de otros municipios españoles, Ibiza parte «de prácticamente casi nada». «Hay que hacer -explica- más carriles, hay que dar seguridad al ciclista, hay que colaborar entre consistorios, hay que hacer planes de movilidad que incluyan menos coches y más carriles...». Su objetivo es que los ayuntamientos se pongan, al fin, de acuerdo y que la existencia de carriles para bicicletas no sea algo anecdótico: «Esto ya no es política de izquierdas o de derechas o de centro, esto es política para el ciudadano. Desde el Consell empezaremos a poner en marcha las medidas que contemple el plan», anuncia.

«Hay que hacer más carriles, hay que dar seguridad al ciclista, hay que colaborar entre consistorios, hay que hacer planes de movilidad que incluyan menos coches y más carriles...»

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«Más coche-dependencia»

El autor del proyecto, el geógrafo urbanista y director de la consultora de movilidad Biziker Ander Irazusta, cree que «la coche-dependencia en Ibiza ha crecido. La de la bici, no», y alerta de que «el modelo que habría que cuidar más es el peatonal», en franco declive en esta isla. Aboga, por ser «fundamental», por que los municipios «se pongan de acuerdo en desarrollar proyectos» relacionados con los velocípedos en un archipiélago que, reconoce, es principiante en esto del fomento de moverse sobre dos ruedas: «Ya hay 29 kilómetros de carriles inventariados en la isla. Hay una base de partida para empezar a trabajar, pero mucho margen de mejora». Ojo, porque de esos 29 kilómetros habría que descontar los que ha añadido del paseo marítimo de Portmany, que, en realidad, han sido borrados, literalmente: ya no hay marcas que identifiquen ese carril.

Otros planes enterrados

Irazusta considera que «hace falta que se concrete el plan de vías ciclistas insular. Existe un boceto que hay que desarrollar, marcando prioridades, trazados y formas de insertar los carriles en las vías, recuerda».

En ese sentido, el informe sobre la situación de la bici en Ibiza echa un rapapolvo a las instituciones, que legislatura tras legislatura (como si se tratara de ‘Atrapado en el tiempo’) anuncian planes casi idénticos que finalmente quedan enterrados en el fondo de un cajón. Por ejemplo, el Plan Director de Movilidad, aprobado en 2010 por el Consorcio Mobilitat x Ibiza, formado entonces por los consells, los ayuntamientos y el Govern. Proponía que, en un horizonte de un lustro, se desarrollara una red ciclista de algo más de 45 kilómetros: «Al carecer de carácter normativo, no llegó a desarrollarse».

Igual sucedió con el proyecto urdido en 2017 para crear un sistema público de alquiler de bicicletas isleño («no llegó a materializarse debido a diversos obstáculos legales»), y con la adhesión del Consell a la Red de Ciudades por la Bicicleta: «La participación inicial en las diferentes comisiones de esa red no ha tenido la continuidad deseada».

Además de promover «el apaciguamiento del tráfico y la integración con seguridad de la bici en la calzada», dado que «el principal cuello de botella de su empleo en Ibiza es la percepción de inseguridad e incomodidad», se insta a fomentar su combinación con el transporte público. Eso es lo más «inteligente», afirma: «Juntos son mucho más competitivos dado que la cobertura de las paradas y estaciones aumenta notablemente». El redactor del informe parece desconocer que los autobuses son tan exóticos en esta isla como los osos polares. Ahora sólo falta tener un buen transporte público.

También apuesta por que se promocione ir al trabajo en bicicleta, por ejemplo mediante «planes de acceso a los principales polígonos industriales, que quedan a distancias dentro del radio de acción de la bicicleta». Sugiere que esos planes sean promovidos desde el Consell «en colaboración con las empresas, a través de la dotación de infraestructura y la oferta de diferentes incentivos para los trabajadores».

El desarrollo de todas las medidas propuestas en el plan costaría 800.000 euros en los próximos cuatro años. Pero ese presupuesto no contempla el proyecto y ejecución de la red ciclista básica.

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