Suscríbete

Diario de Ibiza

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Gracias, señor Wilder

Gracias, señor Wilder POR Luis M. Alonso

Si como se ha dicho tantas veces debajo de la risa está el dolor, el humor fue la armadura y al mismo tiempo la liberación para Billy Wilder, uno de los más grandes directores de cine de todos los tiempos. Jonathan Coe (Birmingham, 1961) ha escrito una estimulante y maravillosa novela sobre el gran cineasta estadounidense de origen austriaco ganador de seis premios Óscar. El señor Wilder y yo, que acaba de publicar Anagrama, es una obra reconfortante y nostálgica sobre la mayoría de edad, que explora los años crepusculares de Hollywood. El autor de El apartamento se convirtió al llegar de Europa a Estados Unidos en uno de los protagonistas de la de Edad de Oro de Tinseltown, cuando en la posguerra los estudios disponían de abundante dinero para invertir en comedias y cine negro. Escribió y dirigió algunas de esas obras maestras, 'Con faldas y a lo loco' y 'El crepúsculo de los dioses', entre ellas. Pero en la novela de Coe, Wilder no se encuentra en su apogeo sino en la década de los 70, visto a través de los ojos muy abiertos de la narradora, Calista Frangopoulou, una anglogriega veinteañera que busca abrirse paso en la música, contratada para ejercer de intérprete en una de sus películas de menos éxito, Fedora, acerca de una estrella que envejece. Calista traduce en Corfú las preguntas estúpidas sobre sus películas antiguas que hacen los periodistas y, por primera vez, siente lástima por él.

Gracias, señor Wilder

Gracias, señor Wilder POR Luis M. Alonso

Coe, empedernido cinéfilo, siempre tuvo debilidad por Wilder; en una ocasión escribió que el director judío austriaco había ejercido en él mayor influencia que ningún novelista. Su propio humor, irónico, el que ha esgrimido a lo largo de toda su carrera, vuelve a aparecer en estas páginas al presentarnos una figura trágica y a la vez divertida, que los estudios rechazan, y no deja de preocuparse por la nueva generación de cineastas, Scorsese, Spielberg…Wilder los llama los niños con barba que obtienen grandes sumas con los tiburones y que cada vez los necesitan más grandes y peligrosos. Aparece entonces la figura del judío atormentado por el pasado que huye de Europa antes de la guerra sin saber lo que le ocurrió a su madre y que se tortura con las imágenes de los campos de concentración. El dolor y la risa. A Calista le dice que la vida es fea, todo el mundo lo sabe, no hace falta ir al cine para aprenderlo, pero que esas dos horas proporcionan chispa y válvula de escape. Su trauma aleja de él a los que le rodean; solo la narradora, la joven intérprete, permanece atenta. Wilder mantiene también diferencias con su pareja creativa, Iz Diamond. Juntos han escrito los guiones durante años, sin embargo ahora Diamond prefiere la comedia agridulce de sus películas anteriores, mientras que Billy pretende que Fedora sea un drama más serio, con un tono melancólico y un sentido de la elegancia y de la belleza que ha pasado a mejor vida en el mundo del celuloide. Los estudios parecen haberse olvidado de esas cualidades a medida que comienza a surgir una nueva ola de directores.

Después de su inmersión en la Inglaterra del Brexit, Coe nos transmite un perfilado retrato del director en el ocaso de su carrera: del hombre que siente una profunda decepción porque el cine ha avanzado renunciando a valorar el estilo. Es una carta de amor al viejo Hollywood, al romance y al alma, a la belleza y la elegancia, encarnadas en sus películas. Incluso con una especie de homenaje al trabajo de Wilder y Diamond, incorporando un miniguion dentro del libro, una pieza conmovedora y evocadora, que captura perfectamente el entorno cultural en el que Billy circulaba a principios de los años 30. Ahí está precisamente uno de los grandes aciertos de la novela; Coe recurre al guion para parcelar la historia que está contando. En él, la narración vuelve al director que relata sus experiencias en la Segunda Guerra Mundial, cuando trabajó para los británicos con el fin de editar un documental del Holocausto a partir del metraje filmado en los campos de concentración. Siempre buscando a su madre, quiso filmar La lista de Schindler y no pudo lograr que el proyecto despegara; de ello se beneficiaría Spielberg. Envejecido, se da cuenta de su irrelevancia y ve en Fedora la oportunidad de volver a demostrar lo que es; igual que la propia Calista, que rememora el momento en que todo empezó para ella mientras lucha por encontrar su propósito de vida. El señor Wilder y yo es la última y hermosa novela de un Coe tan pleno en su madurez como inspirado.

Compartir el artículo

stats