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Raíces nuevas de almendros para Ibiza

Vecinos del Pla de Corona, como Miquel Boned y Mariano Costa, participan plantando almendros en la iniciativa de la asociación de vecinos de Santa Agnès para repoblar la zona, afectada por la DANA

Raíces nuevas de almendros para Ibiza Maite Alvite

«Todos los almendros que hay en este terreno son centenarios, los plantó mi abuelo», comenta Miquel Boned señalando algunos ejemplares, ya en plena floración. Es el propietario de la finca, Can Batle, y uno de los 28 vecinos de Santa Agnès que se ha apuntado a la iniciativa de la Associació de Vesins de Corona de repoblar con savia nueva la zona, afectada por la tormenta DANA en 2019. A su lado, en una carretilla, están los plantones que le entregó este colectivo. Son cerca de medio centenar y ya ha empezado a plantarlos con la colaboración de un joven ayudante, Elder. Contemplan la operación algunas integrantes de la asociación de vecinos y su presidenta, Maria Ferrer.

Mariano Costa con la carretilla en la que están algunos de los plantones de almendro, que son de la variedad Marta. Toni Escobar

«El año pasado decidimos invertir el dinero que teníamos en comprar 500 plantones de higueras, algarrobos y almendros para regalarlos a las familias de Santa Agnès que lo solicitaran. El proyecto ha tenido muy buena acogida», asegura Ferrer. La agrupación vecinal, que cuenta con el asesoramiento del técnico de Agricultura del Consell de Ibiza Josep Lluís Joan, recibió este martes los 230 plantones de almendros, que son de la variedad Marta, «apropiada para terrenos de secano y resistente a los hongos, entre otras enfermedades», detalla la presidenta.

Mientras Ferrer explica los objetivos de la iniciativa, Boned y Elder toman medidas con la cinta métrica. «Hay que dejar ocho metros entre hileras y otros seis entre árboles para que pueda entrar la máquina recolectora de la Cooperativa de Sant Antoni», detalla el propietario de Can Blatle.

Catalina, de 79 años, echa abono a la tierra donde Mariano acaba de colocar uno de los plantones. Toni Escobar

El pasado noviembre la finca, de tres hectáreas, ya se dejó prepara para poder llevar a cabo la plantación. Se labró el terreno y con una retroexcavadora se hicieron medio centenar de hoyos de un metro y medio de profundidad y dos metros de diámetro en los que se introdujo un poco de abono. «Lo primero que hay que hacer es trabajarla tierra, si puede ser a finales de verano, antes de que llueva. Es imprescindible para que cuando el árbol crezca las raíces encuentren tierra suelta y se puedan desarrollar bien», explica Boned. Acaba de fijar en el suelo una estaca de madera a la que se agarrará el plantón. Elder cava con la azada y el propietario de Can Batle coloca el plantón, después de echar un poco de abono ecológico. No hay que poner más de la cuenta porque, advierte, «eso podría quemar el árbol». «El esqueje no puede quedar enterrado porque ahoga el almendro y puede coger enfermedades», comenta dirigiéndose a Elder. A continuación hacen unas pequeñas zanjas circulares para que se acumule el agua. «Regaremos hoy o mañana», detalla Boned.

En el Pla de Corona ya prácticamente todos los almendros están en flor. Toni Escobar

«En estos terrenos de secano (la gran mayoría de los del Pla de Corona lo son) cuando el almendro es joven hay que regarlo cada semana. A medida que crece lo que se hace es un riego de mantenimiento. Si llueve un poco, en invierno no hace falta hacerlo. En verano se puede regar una vez al mes», prosigue con sus explicaciones este vecino de Santa Agnès. Calcula que en cinco años los nuevos árboles empezarán a dar frutos

En Can Batle, afortunadamente, la DANA no hizo destrozos, pero los almendros ya son muy viejos.

Boned comenta que él no se dedica a la agricultura. «Mis padres han sido payeses toda la vida y mi padre, con 91 años, todavía hace sus pinitos. Yo, aunque no soy agricultor, me he dedicado a conservar todo esto, lo hago por respeto al patrimonio natural y a nuestros antepasados, que nos han dado todo esto», señala. Con labrar el terreno cada dos años y podar los árboles, detalla, ya es suficiente para conservar un paisaje que, recuerda, es un gran atractivo turístico.

«El campo está abandonado»

Este vecino de Santa Agnès lamenta profundamente el abandono que sufre el campo de Ibiza y se queja de que «las nuevas generaciones no sean capaces de conservar lo que han heredado de sus ancestros». Eso sí, reconoce, al igual que Maria Ferrer, que ahora se empieza a notar cierta inquietud entre «la juventud por recuperar el campo».

Boned puntualiza que el Pla de Corona es de la zonas que «menos descuidadas están», gracias, apunta, a la labor de recuperación que está llevando a cabo la Associació de Vesins de Corona con el apoyo del Consell, y a la subvención de 3.000 euros anuales que desde hace cinco años destina el Ayuntamiento de Sant Antoni a los vecinos del Pla de Corona para que labren sus terrenos.

Boned alaba la resistencia de los almendros del Pla de Corona. «Habría que hacerles un monumento porque con el abandono que han sufrido y las sequías es un milagro que siga uno vivo», afirma. En este valle, explica, prácticamente todas las plantaciones de almendros tienen más de cien años, exceptuando dos, que, indica Boned, «tendrán cerca de medio siglo y otras dos, las más recientes, que son de 2018». Precisamente él y Toni Boned son los propietarios de los terrenos, uno de secano y otro de regadío, donde están creciendo los almendros más jóvenes del Pla de Corona.

Maria Ferrer recuerda que hace tres años ambos vecinos decidieron plantar en sus fincas casi trescientos almendros de distintas variedades. como la pau y la espineta. Contaron para ello con el asesoramiento y la coordinación de la conselleria de Agricultura del Consell de Ibiza, la subvención de Ibiza Preservation Found, que aportó 10.000 euros, y la implicación total de la Associació de Vesins de Corona, que se ha volcado en la difusión y preservación de la almendra.

La tierra no debe tapar el esqueje para evitar enfermedades al árbol. Toni Escobar

Tras la visita a Can Batle, Ferrer acompañada por otras integrantes del colectivo vecinal, se dirige a la finca de Mariano Costa. Allí la tormenta DANA sí hizo estragos. «El vendaval se llevó por delante cerca de ochenta almendros del terreno», explica su dueño. Lleva ya un rato trabajando con la azada la tierra. Mide la distancia entre árboles con sus propias zancadas, «siete metros de separación», calcula.

«La asociación de vecinos nos propuso renovar la plantación y nos pareció una idea muy interesante. Aquí no habíamos sembrado nuevos almendros desde hace unos 45 años», explica. Sigue prácticamente los mismos pasos que Miquel Boned, aunque a él la cinta métrica le sobra, toma las medidas a ojo. El terreno ya estaba trabajado previamente y ahora lo que hace es colocar y sujetar los plantones. Calcula que hoy plantará «23 o 24» de los 35 que le ha regalado la agrupación vecinal de Santa Agnès. A última hora regará, «30 litros más o menos por cada ejemplar», detalla. A su lado, echándole una mano y dándole algunas instrucciones está su madre, Catalina, que tiene 79 años. Está cortando los cordeles para sujetar los plantones a las estacas para que los árboles crezcan derechos. «A estas alturas ya trabajo poco. Hacemos lo que podemos», afirma con un gesto, oculto en parte por la mascarilla, en el que se puede adivinar una sonrisa.

Catalina, confiesa, está encantada. Estar al aire libre, en su salsa, y encima con un día tan magnífico como el de hoy le sienta bien. «Yo me divierto en el campo», comenta. Después de tanto tiempo encerrada en casa sin ver apenas a nadie a causa del coronavirus, esto, dice, le da la vida.

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