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Diario de Ibiza

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Estefanía Navarrete Ibáñez
Estefanía Navarrete Ibáñez Comisaria y experta en atención al maltrato

Estefanía Navarrete Ibáñez, comisaria y experta en atención al maltrato: «El acoso escolar es un caldo de cultivo perfecto para el abuso machista»

La comisaria de la Policía Local de Valencia y coordinadora del Grupo de Atención al Maltrato (GAMA) ha participado en una jornada sobre el acoso escolar

Estefanía Navarrete Ibáñez, en el Palacio de Congresos. JUAN A. RIERA

Cuanta más diversidad e igualdad de género haya en un aula, menos posibilidades hay de que se produzca un caso de acoso, afirma, convencidísima, Estefanía Navarrete poco antes de la conferencia que impartió este sábado en el Palacio de Congresos.

Comisaria de la Policía Local de Valencia, responsable de la segunda unidad del distrito, coordinadora del Grupo de Atención al Maltrato (GAMA), licenciada en Derecho y Criminología y diplomada en Ciencias Policiales. Es, reducidísimo, el currículum de Estefanía Navarrete Ibáñez, que este sábado participó en la jornada contra el acoso escolar organizada por la Policía Local de Santa Eulària. Un tema del que habló en su segunda visita a la isla, donde también participó, hace un tiempo, en la conmemoración de la entrada de las primeras mujeres en la policía de Ibiza.

Conocemos el grupo GAMA por la atención a las víctimas de violencia machista. ¿El acoso escolar es también un maltrato?

Trabajamos mucho en prevención porque evita las actuaciones policiales posteriores. Vamos a colegios e institutos para que los niños, nuestra ciudadanía del futuro, tengan unos valores que eviten relaciones de acoso en las aulas que pueden ser el germen de conflictos sociales cuando empiecen sus primeras relaciones y a integrarse en la sociedad como adultos.

«El acoso escolar es un caldo de cultivo perfecto para el abuso machista»

Mirar las estadísticas, con cada vez más acoso y violencia machista en adolescentes, da miedo.

Más que miedo tenemos que estar prevenidos. Hay una diferencia generacional en cómo se relacionan nuestros niños y niñas y cómo lo hacíamos nosotros y nosotras. No teníamos internet ni posibilidad de ver una serie de cosas que ellos tienen a un click. Hay que potenciar la igualdad y la diversidad en el aula como eje protector de abusos y acosos. Cuanto menos los predispongas a tener prejuicios, más salud psíquica y menos problemas de convivencia. Un aula en la que haya diversidad cultural, sexual e igualdad de género es muy poco propicia a que haya un caso de acoso.

Hay que trabajar desde que son muy pequeñines, en Infantil, ¿no?

Sí. A esa edad tienen muy pocos prejuicios. Hay un estudio americano que dice que las niñas, a los seis años, ya consideran que lo que dicen sus compañeros varones es más importante que lo que dicen ellas. Esto nos tiene que hacer darnos cuenta de cómo nos van educando a las mujeres y la predisposición a la violencia, con cierta permisividad, por el propio rol masculino. Otra cosa que nos tiene que hacer pensar: cuando en un aula de tres años dicen «los niños, que salgan al patio», sólo salen los niños, pero en una de seis años dices lo mismo y salen todos y todas. Ellas ya se consideran incluidas. Tenemos que tratarnos como personas, cada una con nuestros valores, pero no por los roles y eso es lo que hay que trabajar desde muy pequeñitos. Que todos y todas podamos hacer lo que queramos, independientemente de lo que espera la sociedad. Es difícil porque estamos en una sociedad que aún no ha avanzado mucho en esto.

« La diversidad y la igualdad en el aula protegen de los acosos y abusos entre los escolares»

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En el colegio se trabaja todo esto, pero después se van a casa.

Sí, ese trabajo no sólo debe entrar en las aulas, tiene que entrar en las asociaciones de familias y en el colectivo docente, que cumple una labor fundamental y está muy poco valorado, aunque está criando a nuestra futura ciudadanía. Cada uno, desde su rama, debe formarse en perspectiva de género, sin dejar de lado a los padres y madres porque la casa, la familia, es muy importante y, además, los niños y las niñas no hacen lo que les dices, hacen lo que ven. Si a una niña le estás diciendo que como mujer puede hacer lo que quiera, pero luego ve en la tele que todos los presidentes son hombres lo que piensa es que no podrá ser presidenta. Le estás poniendo cortapisas. Luchar contra todo eso es muy complicado.

La sociedad también educa.

Sí, la sociedad, las redes sociales, las canciones, la televisión, el cine... Parece que vas a contracorriente de todo eso. Hay una lucha gestual de una parte de la sociedad que no quiere que esto cambie. No sólo hay que tener un discurso con perspectiva de género, luego hay que materializarlo en acciones, políticas públicas, dotación presupuestaria, formación, sensibilización... No hay que vencer, sino convencer. Hacer entender que en una sociedad más igualitaria serán más felices todos, hombres y mujeres. Nosotros somos la tirita de una sociedad enferma. Piensa que tenemos a casi 1.300 mujeres bajo protección en la ciudad de Valencia. Imagina que fueran 1.300 taxistas, 1.300 políticos, 1.300 militares... Hay un fracaso relacional entre hombres y mujeres y lo pagan todos. Lo que vemos en el acoso escolar es que los agresores no son felices. Necesitan ejercer violencia para sentirse por encima de la otra persona. Uno de los rasgos característicos de un maltratador de mujeres es, independientemente de cómo ejerce la violencia o de su clase social, que es una persona machista. Hablas veinte minutos con él y ves que, como dice Sonia Vaccaro, es un hijo sano del patriarcado. Los niños bullies también son víctimas. ¿Porqué ejercen esa violencia? La aprenden. Cuando investigas ves que no tiene un entorno de socialización positivo para un menor. Seguramente vendrá de una familia con problemas, con algún rasgo que hace que la socialización del menor no sea adecuada.

Entorno con problemas no quiere decir una familia con pocos recursos, ¿no? En colegios privados hay acosos.

Exacto. En un centro privado hay muchos prejuicios. Muchísimos. De qué vas vestido, qué móvil tienes, no estás al nivel de los demás... Si tienes tal móvil, por ejemplo, eres un muerto de hambre. Cuantos más prejuicios hay en un aula, más posibilidad de que se produzca un acoso. En una clase en la que hay alumnos de diferentes partes del mundo, culturas y condiciones a los niños y niñas no les parece raro nada y el diferente, el vulnerable, el débil, son los perfiles a los que ataca el acosador. El ser humano tiene un instinto natural no de odiar, pero de, al principio, estar en guardia ante lo diferente. Por eso la diversidad y la igualdad en el aula son básicas, porque son un mecanismo de defensa. También los programas que potencian la inteligencia emocional, los sentimientos. Se nos ha educado en que los niños no lloran, inhiben mucho los sentimientos, y eso deriva en una dificultad para gestionarlos cuando son adultos.

¿Los casos de acoso llegan a la Policía?

La figura del agente tutor o tutora en las aulas es fundamental para acercar la Policía Local a los colegios. En el ámbito escolar, hablamos de víctimas refiriéndonos tanto al acosado como al acosador. Son menores, hay que reconducirlos, no deberían entrar en la parte penal. Cuando la situación es muy grave y hay una denuncia sí que llega, pero en general se trabaja a través del agente tutor o tutora en el aula. Captan cualquier indicio para que no llegue a ser un tema policial stricto sensu.

« Hay similitudes entre el ‘bullying’ y la violencia machista. Es lo mismo. Un patrón de persona dominante»

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¿Quién lo detecta primero?

Varía. Un buen maestro o maestra que está implicado en el trabajo emocional es el que primero lo ve, normalmente. Sabe cuando un nene o una nena se encuentra mal. Hay que estar muy atentos a lo que nos pueda indicar que ese niño está mal. Las familias también. Cuando el menor no quiere ir al colegio, por ejemplo, porque igual al instituto no, pero al cole siempre quieren ir porque están entre iguales. Si no es así, algo pasa. Hay que hablar mucho con los hijos. Aunque estemos muy ocupadas y ocupados hay que dejar el móvil a un lado y darle importancia a lo que cuentan. Si un amigo le ha dicho algo o no le ha dejado jugar no hay que pensar que son cosas de niños. Para ellos lo es. Están sufriendo como si fuera la peor pesadilla tuya de adulta. Debe haber un nexo entre los adultos de la familia y los menores, porque así, cuando suceda algo grave, también te lo contarán.

¿Cuál es la diferencia entre detectar un acoso al inicio o pasado un tiempo?

La detección primaria es fundamental. Significa pasar de tener una víctima y un victimario a tener el germen de un posible conflicto. Supone solucionarlo antes de llegar a eso. La predisposición que tenemos los que nos relacionamos con los menores para captar los primeros atisbos de un acoso es fundamental para que no se agrave y podamos solucionarlo. Un acoso es un fracaso de la prevención. Los maestros y maestras tienen el entorno perfecto para captar cualquier cambio de comportamiento en sus aulas. Pasan muchas horas con los menores y saben cómo se relacionan. Los conocen más que las familias. A veces te dicen algo y tú respondes: «¿Mi hijo? ¿Mi hijo hace eso?». O son el Doctor Jekyll y Mister Hyde o algo pasa ahí.

¿Y las familias?

La formación de las familias y su integración en los colegios es fundamental. Hacer actividades, participar en un cuentacuentos, ir a las aulas... Es positivo porque los niños y las niñas sienten que todos los adultos están unidos, trabajando con los mismos valores. Que haya una desconexión entre el centro y las familias es un problema.

¿Las víctimas de acoso se sienten culpables, como las de violencia machista?

Hay similitudes entre el bullying y la violencia machista. Llevo 25 años viendo víctimas y agresores y las similitud es brutal. Es lo mismo. Un patrón de persona dominante que no puede estar junto al otro, que tiene que estar pisándolo para sentirse más poderoso, fuerte y dominante. Para sentirse bien. ¿A quién van? A los más débiles y vulnerables. Por eso se habla de víctimas potenciales. Con una sociedad igualitaria no podríamos diferenciar quién podría ser la víctima porque todos seríamos iguales.

¿Un niño acosador tiene más posibilidades de ser un maltratador en el futuro? ¿O una niña que sufre bullying de ser víctima de violencia machista?

No hay estudios que hablen específicamente de esto, pero lo que está claro es que esos niños y niñas acosadores tienen más oportunidades de mejorar al crecer que si detectamos estos casos cuando ya son adolescentes y tienen sus primeras relaciones. El acosador tiene problemas que debe solucionar en su infancia para no ser un adulto con problemas. Un acosador no va a ser un adulto feliz. Tendrá problemas. El acoso escolar es un caldo de cultivo perfecto para el abuso machista, por eso hay que trabajar mucho en las aulas. Todo el trabajo que se haga en prevención se ahorra en policía reactiva.

¿Qué se hace cuando alguna familia se niega a ver que su hijo es el acosador?

Con los menores, en nuestra legislación hay una norma que es el interés superior del menor. El acosador es una víctima y si su familia no se quiere implicar tiene que intervenir la Fiscalía de Menores. Debe tomar las decisiones oportunas sobre el entorno en el que está ese niño. Igual ese entorno le está perjudicando para cuando sea adulto. Si no hay una implicación de la familia puede haber una desprotección del menor. Imagina una familia que dice que ahí no pasa nada y que no le llamen más. Se niegan en rotundo a ver las evidencias y hay que intervenir desde un punto de vista público porque el interés superior del menor pasa por encima de sus padres. A ese niño o niña hay que reeducarlo para que esos comportamientos no se conviertan, ya de adulto, en delicuenciales.

¿Es optimista?

Creo que necesitamos tomar partido todos y todas. No sólo hablar sino también poner cada uno nuestro granito de arena. Cada institución, entidades públicas y privadas. Si todos y todas hiciéramos nuestra parte, esto sería un éxito seguro. Todos en la misma línea, por si no nos lo creemos no lo vamos a poder implementar. Por eso hay que trabajar mucho la sensibilización. Y la coherencia: pensar una cosa y hacer otra, aunque sea sin darte cuenta. Debemos pensar si ésta es la sociedad que queremos y ponernos en el lado del cambio. La sociedad tiene que cambiar radicalmente, ser más igualitaria. Las cifras están ahí y el comportamiento entre hombres y mujeres es un auténtico fracaso. Hay muchísima violencia. Algo estamos haciendo mal cuando educamos a nuestros hijos e hijas. No estamos todos en el mismo barco.

Mucha gente cree que darle un me gusta a una campaña o retuitear alguna cosa ya es hacer algo.

Pero es que también le han dado me gusta a una campaña no igualitaria o se han reído de un chiste machista. De lo personal a lo público hay un paso. Si desde la parte personal y profesional influyéramos en lo público, al final se produciría un cambio. En el barómetro del CIS ves que, por desgracia, la violencia de género está casi en el puesto 40. Ésa es la sociedad en la que vivimos, una sociedad a la que no el importa que se asesinen decenas de mujeres cada año, por eso insisto en la sensibilización. No basta decir «estoy en contra de la violencia» o «soy feminista». Hay que ser vehemente con eso, pero muchas veces se queda en un discurso cuando debemos pasar a la acción cada día. La implicación de los hombres es básica. Si no te quieres bajar del burro porque estás muy a gusto mientras tiró de él... Para que yo me suba tú te tienes que bajar y empujamos un rato cada uno.

En la sociedad del postureo en la que vivimos...

Es muy complicado, efectivamente. La situación es compleja. Estamos en una sociedad en la que se están intentando romper una serie de valores y roles porque vemos que son un fracaso y que no nos podemos relacional así. Pero hay una parte que no quiere. Venimos de donde venimos y romper con eso es complicado. Como dice Dua Lipa: «Los chicos siempre son chicos y las chicas serán mujeres».

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