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Diario de Ibiza

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Despoblación

Bienvenidos a Valdediós, el pueblo que ya no existe

Los últimos vecinos de la localidad fueron a renovar su DNI y la Policía Nacional les confirmó que el núcleo en el que viven no está en el censo

Mari Luz López, su hijo Fernando Rancaño y su marido, Virgilio Rancaño, los últimos vecinos de Valdediós.

Bienvenidos a Valdediós, el pueblo que ya no existe.

Hace décadas, los vecinos reclamaron alargar la carretera unos metros para que llegara a la aldea. Nunca les hicieron caso.

Hace años, unos operarios cortaron por error las conexiones de los puntos de luz del alumbrado público. El pueblo se quedó a oscuras.

Hace días, Mari Luz López –la última vecina de la localidad, junto a su marido y su hijo– fue a renovar el DNI. La respuesta de la Policía Nacional la dejó temblando: Valdediós ya no aparece en el censo.

“No nos extraña que esto se esté quedando vacío”, apunta Mari Luz. “Esto” son las Cuencas mineras. Los valles del Nalón y el Caudal suman ya cerca de 700 pueblos abandonados, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). El concejo de Aller, uno de los más castigados por la pérdida de vecinos, tiene una densidad poblacional de 27 habitantes por kilómetro cuadrado. Balance similar al de los países del cuerno de África –idéntico al de Somalia–.

Pero dice más un paseo que todas las cifras del mundo. Así que empieza el viaje, eso sí, con calzado cómodo: a Valdediós solo se llega andando. Hay dos accesos, ninguno está asfaltado. Desde La Godina, el camino es más corto (cerca de medio kilómetro), más pendiente y más resbaladizo. Desde La Primayor, hay que dar un buen rodeo por un bosque y escuchar los ladridos de perros enfadados.

–Es guapo, pero está pendiente, ¿Eh?

Recibe a los visitantes Mari Luz López desde su casa, que corona el valle. Es una bonita vivienda azul. Y tiene historia. Quizás no de la que aparece en los libros, pero sí de la que está cargada de amor. “Llegamos a esta casa hace ya cincuenta años. Las escrituras, y todo, están inscritas en Valdediós”, explica ella. Agarra la mano de su marido, Virgilio Rancaño: “Tuvimos cuatro hijos. Fernando, de 47 años, nació aquí mismo”, añade con una sonrisa. “Sí, fui el último que nació aquí”, matiza el hombre.

Eran mejores tiempos para Valdediós. El pueblo tenía entonces cerca de treinta vecinos: “Estábamos nosotros, y otra familia que vivía un poco más abajo. Aquí al lado, habían unas casas en las que había varios matrimonios que tenían unos cuantos hijos”, señala la mujer. Había vida “en les caleyes”, dice Rancaño. También ilusión: “En 1996 nos decidimos a comprar la casa, porque estábamos de alquiler, y la arreglamos con muchas ganas”.

Ganas y trabajo. Porque tuvieron que transportar todo el material con carretillo. “Hasta aquí nunca hubo carretera. A pesar de que pedimos muchas veces que la alargaran un poco, para poder llegar con el coche”, apunta Mari Luz. Se asoma a una esquina de su antojana, señala con la mano: a menos de cincuenta metros, está la carretera de acceso a La Primayor: “No les hubiera costado nada”, añade, encogiéndose de hombros. Luego llegó el episodio del corte de la luz: “Andaban unos chavales trabajando, con una motosierra, y cortaron los tres puntos de luz que teníamos de alumbrado público. Quedamos a oscuras y, desde entonces, nadie ha hecho nada por reponerlos”. Hay algo de cansancio en las palabras de Rancaño.

Interviene el hijo del matrimonio: “Ahora será ya muy difícil que hagan nada, salvo que arreglen esto…”. Agita en su mano derecha el nuevo DNI de su madre: ubica el hogar de la mujer en Moreda de Arriba. “Eso no es así, esto es Valdediós, siempre lo ha sido”. “En todos los documentos que teníamos, hasta ahora, así lo ponía”, añade. Entra en la casa, abre y cierra un cajón. Muestra su antiguo DNI: se muestra Valdediós, en letras claras.

Censo

La familia no sabe cómo ha pasado. Pero Valdediós ya no está en el censo. Acudieron a la Policía Nacional, que los remitió al Ayuntamiento. En la Administración local, según su versión, tampoco les dieron respuesta. “No queremos perder el nombre, porque era ya casi lo único que nos quedaba”, señala Mari Luz. Mira una piedra, que tallaron con dedicación su marido y sus hijos cuando terminaron de arreglar la casa: “Valdediós, 1996”, reza el grabado a mano.

Se queda un rato pensativa, hasta que las primeras gotas de lluvia la sacan de los recuerdos. Se dirige a las visitas: “Cuando llueve, es mejor que vayáis por La Primayor. Por el camino de Godina es casi imposible bajar, resbala mucho”. Se despide en la portilla de la antojana. La mano en alto, la vista al valle, el gesto triste.

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