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Halcones contra torcaces. Batalla en el cielo de Ibiza

Los inviernos suaves han provocado que las palomas torcaces no emigren y residan permanentemente en la isla. El incremento descontrolado de su población ha provocado las quejas de los agricultores, que son los principales perjudicados por su voracidad

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Halcones contra torcaces en Ibiza Vicent Marí

La paloma torcaz (Columba palumbus) o tudó es una ave parcialmente migratoria. De aspecto más robusto que otras especies de paloma, tiene un comportamiento parcialmente migratorio. En invierno, las bandadas de torcaces procedentes del centro de Europa suelen emigrar hacia el norte de África. El problema es que en Ibiza se encuentran tan bien y tan a gusto, que han decidido convertirse en residentes permanentes.

«Esto para ellas es el paraíso», comenta Eva Tur, técnica de caza del Consell de Ibiza, «tienen un clima suave todo el año, bosques en los que encuentran refugio, agua y zonas de cultivo donde tienen el alimento, y apenas hay depredadores».

Sánchez explica al presidente del Consell cómo actúa el halcón. Vicent Marí.

Esta descripción idílica tiene su contrapartida, y es que la superpoblación de torcaces -«crían hasta tres veces al año», señala la técnica del Consell- se traduce en campos de cultivo diezmados. Las torcaces son omnívoras y, además de devorar larvas de hormiga e insectos de todo tipo, también picotean granos, olivas, frutos y hortalizas. Se han convertido, en resumen, en una pesadilla para los agricultores de la isla.

Plan piloto

Para plantar cara a la torcaz, el Consell de Ibiza ha recurrido a su archienemigo: el halcón. Desde el pasado mes de julio y hasta finales de octubre se ha desarrollado un plan piloto de control de esta ave con un servicio de halconería. La empresa encargada de llevarlo a cabo ha sido Nebli Centro, de Burgos, y en estos meses seis halcones cruzados y tres águilas Harris han protegido más de cien hectáreas de cultivos.

«Nos pusimos en contacto con las cooperativas agrarias para que preguntaran a sus socios si estaban dispuestos a participar en esta iniciativa, y si nos daban permiso para que en sus fincas pudieran actuar los halcones», explica el presidente del Consell de Ibiza, Vicent Marí. Fruto de esta colaboración, se han podido proteger 52 hectáreas de cultivos de huerta -lechuga, sandía, pimientos y col-, 38 hectáreas de viña, 13 hectáreas de olivo y 4,5 de aguacateros.

Como el gato y el ratón

Para comprobar in situ cómo actúan los halcones, el Consell convocó ayer a los medios de comunicación en la finca de Can Rafalet, en el pla de Sant Antoni, donde el cetrero Juan Antonio Sánchez, de la empresa Nebli, desveló las técnicas de caza y el particular juego del escondite al que juegan el halcón y la torcaz.

«No se trata de cazar a la especie, sino de ahuyentarla», explica el cetrero. «Cuando la torcaz ve la silueta del halcón, el instinto le dice que tiene un enemigo delante y huye». Por tanto, la labor del halcón no es tanto matar, como asustar, aunque en ocasiones también caza a sus presas: «Las capturas han sido pequeñas, pero el resultado ha sido bueno», resume Sánchez.

Ahuyentar a las torcaces tiene su técnica, que nos desvela el técnico en cetrería: «En campos abiertos como este, todo es más fácil, ya que las torcaces ven de lejos la silueta del halcón y ya huyen y se refugian en el bosque. Pero hace poco estuvimos en un viñedo rodeado de monte y tuvimos que volver muchos días porque las torcaces no te ven venir».

En estos casos, hay que regresar a la misma zona cada día y siempre en horas distintas: «Si vamos varios días seguidos a la misma hora, por la mañana, por ejemplo, entonces ellas vienen por la tarde». La conclusión es que las torcaces no son tontas, aunque Sánchez lo expresa de forma distinta: «Ellas buscan su alimento y van probando, van modificando sus estrategias, tienen el instinto de protegerse».

Cazador de élite

Sánchez sostiene en su antebrazo un halcón bellísimo que mantiene con los ojos cubiertos con una caperuza para evitar que el animal se ponga nervioso. El cetrero nos aclara que se trata de una hibridación creada en el centro de cría de la empresa: una mezcla entre halcón gerifalte y peregrino.

«El gerifalte es el halcón más grande, y el peregrino el más veloz. Si los hibridas, logras pájaros más fuertes y resistentes, que tienen un batir muy fuerte y tenaz, que suben muy rápido y que a la hora de picar son rápidos como los peregrinos», explica el técnico, que compara el halcón con un «atleta de élite».

Y como todos los deportistas de élite, tiene que estar siempre en su peso ideal: en su caso, 725 gramos. «Si se pone a 760 gramos, se puede hacer una buena faena o no, pero si adelgaza a 650 gramos ya no te caza bien. Por este motivo, les controlamos la alimentación al detalle». También se le adiestra para que mantenga despierto el instinto cazador, que suele atenuarse en los animales criados en cautividad y que logran el alimento sin esfuerzo.

Anticlímax y vértigo

Ha llegado la hora de la verdad. Juan Antonio Sánchez camina por la parcela de cultivo, libera al halcón de su caperuza y lo suelta. Momento de expectación máxima. El ave extiende sus alas y levanta al vuelo, da cuatro enérgicas batidas, alcanza un poste de electricidad y se queda ahí, quieto, observando el paisaje.

Acostumbrados a los trepidantes documentales de animales, al frenesí de emociones que eran los programas de Félix Rodríguez de la Fuente, contemplar a un apático halcón sesteando inmóvil sobre un poste de la luz, es la imagen perfecta de lo que sería un anticlímax. Pasan los minutos, y el halcón sigue tomándose las cosas con calma, en una especie de huelga de alas caídas. No hay suerte y, resignados, los fotógrafos guardan las cámaras en sus estuches.

De pronto, el halcón alza el vuelo y da una serie de rápidas pasadas, volando en círculos. Hay que forzar la vista para seguirle la pista. Es solo un instante. Un destello, giro brusco. ¿Qué ha sucedido? «¡¡Le ha pegado un picotazo a una!!», exclama Vicent, fotógrafo de Diario de Ibiza. Efectivamente, el halcón se ha comportado como un Messi de los cielos. Se dedica a pasear, parece que no suda la camiseta, y de pronto te suelta un zarpazo mortal. En este caso, el halcón se ha cruzado en el camino de una torcaz y, con velocidad y precisión, le ha asestado un golpe mortal. Después, con su presa ya caída en el suelo, regresa a tierra para devorarla a placer.

El cetrero regresa, orgulloso, con el halcón en su antebrazo, todavía en pleno festín. Efectivamente, se trata de un cazador de élite.

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