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Entrevista
Gabriel Escarrer Juliá Presidente y fundador de Meliá.

Gabriel Escarrer: «No hay que mezclar política con turismo, por eso me entendí con Fidel Castro»

Gracias «al carácter inquieto de los baleares y a nuestro don de la oportunidad, nos aventuramos en otros destinos», repasa el veterano hotelero y pionero del turismo en su libro de memorias

Gabriel Escarrer Juliá, presidente no ejecutivo y fundador de Meliá Hotels International. | MELIÁ

El pionero del turismo español, «una persona hecha a sí misma» que se inició primero en la turoperación, publica sus memorias. La presentación del libro tuvo lugar ayer en uno de sus hoteles, en Palma, en la isla en la que arrancó una industria de la que «unos cuantos visionarios» supieron aprovechar su desarrollo.

Gabriel Escarrer Juliá (Porreres 1935) responde a un cuestionario enviado por este diario con motivo de la salida a la luz de su libro de memorias. El empresario creó «sin experiencia ni dinero» la mayor compañía hotelera española.

¿Es cierto que todavía cada día sigue yendo a su despacho?

Sí, salvando los meses de pandemia, claro. Es cierto que no voy tantas horas como antes, ni mi agenda está tan repleta, pero tengo la sana costumbre de ir a mi despacho casi todos los días y mantener el contacto con el equipo y el pulso del negocio y el sector.

La publicación de ‘Mi vida. La historia del hombre que creó el mayor grupo hotelero español’ significa que se retirará definitivamente?

No, en absoluto, continúo siendo y ejerciendo como presidente no ejecutivo y dirigiendo el Consejo de Administración y la Junta General. Como fundador, para mí la empresa es más que un trabajo del que te puedas jubilar, es como un hijo del que nada puede impedir que me siga preocupando, aunque desde que delegué las funciones ejecutivas no he vuelto a intervenir en la toma de decisiones, y estoy enormemente seguro y satisfecho con mi hijo Gabriel al frente.

¿Qué supuso para su trayectoria empezar desde cero?

Yo no tenía experiencia, ni tenía dinero y ni siquiera pude cursar una carrera universitaria por falta de recursos, ya que en aquella época había que irse a Barcelona o Madrid y era muy costoso. Pero siempre he tenido tres grandes activos que suplieron con creces aquellas carencias: mi constancia, tenacidad y afán de superación. Soy una persona hecha a sí misma y me siento afortunado y orgulloso por ello.

¿Cree que en la coyuntura actual podría volver a repetir la gesta de crear una compañía de la envergadura de Meliá?

Eran tiempos diferentes; en los años sesenta y setenta el turismo era casi una hoja en blanco y los empresarios y las administraciones tuvimos que aprender de manera rápida y muy intuitiva, innovando y haciéndolo lo mejor posible. Fue un momento de grandes oportunidades para los emprendedores dispuestos a comerse el mundo como era yo, pero había que echarle valor, y valor le eché. Creo que si volviera a empezar hoy volvería a intentarlo, pero de manera diferente pues la realidad del negocio y el entorno social son completamente distintos.

¿Cuál considera que es el mayor hito de la trayectoria de Meliá, quizás su salida a Bolsa en 1996?

No podría señalar uno solo, diría que hay cuatro momentos clave para la historia de nuestra compañía: la compra de Hotasa [cadena adquirida en los ochenta], la adquisición de Meliá y el inicio de nuestra internacionalización, con el Meliá Bali como primer paso, además de la salida a Bolsa.

Los grandes hoteleros españoles son baleares. ¿Cuál ha sido la fórmula de su éxito?

Las islas reúnen todos los ingrediente necesarios para el turismo europeo: cercanía a las principales ciudades del continente, belleza natural, clima, seguridad, infraestructuras, cultura y gastronomía, etc… Esto impulsó el temprano desarrollo turístico de Mallorca y de Ibiza y generó una serie de oportunidades que unos cuantos jóvenes de la época, algo visionarios, supimos avizorar y aprovechar, poniendo las bases de un gran desarrollo posterior. Después, el know how que nuestras empresas habían acumulado, sumado al carácter inquieto de los baleares y a nuestro don de la oportunidad, nos llevó a aventurarnos a desarrollar otros destinos turísticos de tan alto potencial como la República Dominicana, México o Cuba, desde prácticamente cero.

«No es coherente odiar a una industria que ha puesto a Balears en el mapa internacional»

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¿Se imaginó alguna vez que el turismo se llegaría a paralizar por el efecto de una crisis como la del covid?

Esta crisis era algo inimaginable para casi nadie, incluso le diré que el concepto de una pandemia global no estaba siquiera entre los veinte mayores riesgos estimados por las compañías turísticas a nivel internacional. El golpe al sector turístico fue devastador, y en ¡una semana! tuvimos que cerrar la mayoría de nuestros hoteles, asistir a los viajeros pendientes de repatriación, acoger a los contagiados o aislados en cuarentena y ofrecer hoteles enteros como centros medicalizados o alojamiento de los héroes en la lucha contra la pandemia. Fue como una pesadilla hecha realidad, de la que nos costó más de quince meses despertar.

¿Considera que las administraciones balear y central se han volcado con el sector durante esta crisis?

Creo que, aunque en todos los países puede haber habido algunos errores en la gestión de una situación tan crítica y sobrevenida, las administraciones se volcaron con la sociedad, en su seguridad y su salud, y de manera destacable en el proceso de vacunación. En cuanto a lo que podría haberse hecho mejor, como venimos reclamando desde el sector, señalaría la aprobación y gestión de las ayudas a las empresas, especialmente turísticas, que han sufrido de manera excepcional y hasta las recientes ayudas ofrecidas por la comunidad autónoma, que son sin duda agradecidas, en España no habíamos recibido compensación alguna, como sí obtuvimos en otros países.

«Más que límites hay que poner orden, regulando el alquiler turístico y la llegada de cruceros»

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Meliá fue la primera hotelera en llegar a Cuba. Usted fraguó una relación tan cercana con Fidel Castro..., representando ambos dos mundos antagónicos. ¿Cómo fue posible?

Una de mis máximas ha sido siempre la de no mezclar la política con el turismo, y a lo largo de mi vida he comprendido que el turismo es un motor de paz, progreso y hermanamiento de los pueblos. Por ello Castro y yo nos entendimos a la perfección, porque ambos deseábamos un excelente desarrollo turístico para Cuba, cosa que logramos de manera satisfactoria.

Recientemente han tenido que enfrentar la batalla abierta por Estados Unidos con el expresidente Trump y a la aplicación de la ley Helms-Burton por presuntamente beneficiarse de bienes expropiados por la revolución llegando a prohibir la entrada de su hijo Gabriel Escarrer Jaume. ¿Cómo ha vivido esa otra crisis?

No me gusta comentar ese tema, que atañe a cuestiones políticas y a las relaciones internacionales entre países, más que a cuestiones empresariales.

«Ni siquiera pude cursar una carrera universitaria por falta de recursos, había que irse a Barcelona o a Madrid»

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En Asia también han sido pioneros, precisamente valiéndose de su ADN de empresa familiar. ¿Se imagina que Meliá deje de serlo algún día?

La verdad es que desde nuestra salida a Bolsa hemos convivido con los dos mundos, el del mercado de valores y el de la empresa familiar, y es una fórmula que ha funcionado muy bien y que no tenemos previsto cambiar. Para nuestra familia, Meliá Hotels International es mucho mas que una empresa, es también un proyecto íntimamente unido a nuestra familia.

El turismo pasó de ser el gran eje transformador de la economía balear a ser cuestionado por parte de la población balear. ¿Qué opina de la demanda de diversificar la economía de Balears y de sentimientos como la turismofobia?

En cuanto a diversificar la economía, siempre es positivo, pero en ningún caso debemos penalizar por ello al turismo, sino potenciarlo, puesto que es un sector tractor de otros muchos subsectores económicos.

Por otra parte, creo que la turismofobia es un fenómeno basado en la desinformación, ya que no es coherente odiar a una industria que ha puesto a las Balears en el mapa internacional, y que proporciona cerca del 40% del producto interior bruto de la comunidad. También es cierto que el sector tiene que seguir invirtiendo en calidad, por encima de la cantidad, lo cual sin duda beneficiará la imagen de los ciudadanos, al reducir la saturación que se produce en algunos lugares y épocas del año, y redundará en una mayor rentabilidad social y económica, ya que el turismo de lujo genera más ingresos con menos turistas, y también crea más empleos.

Por último, me gustaría apuntar que para evitar la turismofobia sería también importante regular (al igual que se regula al sector hotelero) el negocio de alquiler vacacional, que ha sido el de mayor crecimiento desde hace diez años, y que si no se regula, puede contribuir de manera importante a la saturación en los destinos y a disfunciones en el funcionamiento del mercado inmobiliario, por ejemplo.

«Hemos convivido con la Bolsa y el mundo de la empresa familiar, no tenemos previsto cambiar»

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¿Cree que hay que poner límites a la actividad turística?

Creo plenamente en la colaboración público-privada, y más que límites, creo que hay que poner orden, en el sentido de una adecuada planificación y regulación, como se hace desde siempre con los hoteles, que no han incrementado apenas su número de plazas en las últimas dos décadas. Por ejemplo, regulando el número de plazas en viviendas vacacionales, u ordenando la llegada de megacruceros a las islas, etc.

Por otra parte, entiendo que el objetivo sería limitar el consumo de recursos, paisaje, etc. que realizan los turistas, pero no los ingresos. Y para lograr un turismo más selectivo y más rentable, el mejor ‘límite’ que podemos poner es subir el listón de la calidad, de modo que tengamos un sector más rentable y con menor consumo de recursos, menos saturado y mejor distribuido a lo largo del año. En este sentido, el Palau de Congressos ha sido un paso importante al atraer a un turismo de alto poder adquisitivo durante todo el año.

¿Considera que hay suficiente unión entre los líderes del sector turístico?

En mi opinión es fundamental la colaboración, ya sea privada-privada, entre instituciones, o público-privada. En este sentido, creo que a nivel balear sí existe una buena colaboración a través de la Federación hotelera y de CAEB, entre otras, y a nivel nacional tenemos a Exceltur como referencia, que actualmente preside mi hijo, y que realiza un excelente trabajo.

¿Qué le ha dado y qué le ha quitado el turismo?

El turismo me ha dado una carrera de éxito y una vida plena. Me ha permitido realizarme como persona y como empresario y ha proporcionado a mi familia un proyecto único y muy querido para todos. En cuanto a qué me ha quitado, evidentemente, me arrepiento de no haber pasado más tiempo en casa viendo crecer a mis hijos, pues siempre he dedicado infinitas horas y esfuerzos a mi trabajo. Es difícil encontrar el equilibrio, pero afortunadamente, y gracias en gran parte a mi esposa Ana, hemos creado una gran familia, además de una gran empresa.

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