La viróloga e investigadora del CSIC Margarita del Val ha destacado este viernes que en esta pandemia hemos tenido «suerte» porque el SARS-CoV-2 es vacunable, pero ha recalcado que «tenemos mucho que aprender, dejar un legado de conocimiento y estar bien preparados» para el futuro porque «las próximas pandemias no serán por bichos tan fáciles».

Así, ha destacado, en la mesa redonda 'Ciencia en femenino' organizada por la Universidad de Alicante, que es «una maravilla que se hayan logrado muchas vacunas porque es una nota de gran esperanza en que esta pandemia acabaremos controlándola», ha recalcado.

En ese sentido, ha recordado que en la pandemia de 1918 en el campo de las arte y de la literatura «se reflejó demasiado poco para el impacto tan tremendo que tuvo en la población» por «la sensación de fracaso colectivo». «La gente se murió, el virus pasó y trataron de ignorarlo», ha constatado.

Por contra, ha recalcado que de esta pandemia «tenemos que salir con una sensación de que no lo hemos hecho todo bien, pero saber qué sí hemos hecho bien, aprenderlo y dejar un legado para aplicarlo en el futuro».

Así, ha apuntado, como ejemplo práctico, que la ingeniería civil debe aprender a construir edificios públicos y viviendas «más preparados para los virus, bacterias y enfermedades que se transmiten por vías respiratorias» de modo que se garantice «una mejor ventilación y de forma más sencilla sin que nos quedemos todos helados».

La viróloga ha apuntado que los países que han tenido mayor éxito y han sido «más ágiles» aplicando intervenciones quirúrgicas desde el principio son todos aquellos países que ya estaban entrenados para la situación porque tiene epidemias frecuentes que saltan de animales a humanos, algunas más graves que esta y que provocan la muerte de hasta el 60% de los infectados. «Pero que por suerte no se trasmiten nada bien y por eso no salen de allí y nosotros no nos enteramos», ha señalado.

En ese sentido, ha recalcado que la diferencia es conocer lo que puede ocurrir y saber que es mejor prevenir que curar», ha apuntado. De ahí, ha insistido en la importancia de dejar un legado con las enseñanzas de este «desbarajuste que hemos montado todos los países que no teníamos epidemias frecuentes».

No obstante, ha lamentado que España es «un sitio duro» para investigación por la falta de financiación y flexibilidad y ha reclamado que no se repita el error de la última crisis de 2009 de reducir los programas en investigación al considerarlos «un lujo», que no se recuperaron hasta que estalló la pandemia con planes de choque. Sin embargo, lo que hace falta es «una estabilidad a largo plazo para que los investigadores pueden tener un bagaje sustentado en años de conocimiento».

La investigadora ha descartado que los países gobernados por mujeres hayan gestionado mejor la pandemia como se apuntó en la primera ola como demuestran Ausralia y Nueva Zelanda, ni tampoco depende de si son sistemas democráticos o autoritarios, como Taiwan o china, ni de la edad media de la población, porque Japón con una sociedad envejecida lo ha hecho bien.

Asimismo, ha constatado que la eficacia de las vacunas no varía por sexo, aunque la enfermedad un 70% más graves en hombres que en mujeres. Además, otra «injerencia» que hay en la pandemia es en el personal sanitario: el 75% de los infectados es mujer.