El escaso kilómetro por el que se prolonga la carretera de Cala Gració es la constatación de la fuerza imparable de la naturaleza.

A pocos minutos de las 15 horas, el sonido de motosierras, a ambos lados de la carretera, no cesa en ningún momento. Un ruido que se une al trajín de los vehículos autorizados que discurren por la zona. La Policía Local de Sant Antoni había restringido el acceso al tráfico rodado para solo dejar acceder a los servicios básicos y de emergencias como bomberos, vehículos con brazo dispuestos a retirar árboles u operarios de empresas de electricidad.

A un lado de la carretera, una casa con un frondoso jardín desde donde sale el ruido de la primera motosierra. Roberto, el dueño de la vivienda, explica que el tornado que ayer arrasó, de forma literal, la costa de Cala Gració duró apenas cinco minutos. «Es la fuerza de la naturaleza, todo se puso oscuro y vino el viento muy fuerte», apunta Roberto, de origen alemán, en un forzado español. En total, el tornado le ha arrancado diez árboles y le ha volado parte de la valla perimetral, pero resalta que la vivienda no sufre daños y, lo que es más importante, no hay que lamentar daños personales. Unos metros antes, un vehículo aparece debajo de un gran pino, arrancado de raíz.

El tornado, según indica Roberto, comenzó alrededor de las 12 horas y, a partir de ahí, el caos.

Un poco más adelante de la casa de Roberto, la imagen continúa siendo desoladora. Un vecino de la urbanización Brisas del Mar, fregona en mano, intenta poner orden en su balcón. Abajo, en el portal del edificio, se encuentra Francisco Jiménez, constructor y residente del mismo inmueble formado por 20 viviendas.

«Hemos pasado un miedo atroz, pensábamos que salíamos volando», narra Jiménez, mientras acuerda con los operarios de limpieza sacar todos los desperfectos a la calle para que sean retirados. Jiménez accede a mostrar cómo ha quedado el residencial: cristales por todos lados, mobiliario de terraza esparcido por cualquier lugar y la valla perimetral, de hierro, arrancada de cuajo.

Lo que debía ser una vivienda idílica, con vista al mar desde primera línea y piscina comunitaria, ayer se convirtió en una pesadilla para sus moradores. «El epicentro del tornado ha pasado por aquí a 250 kilómetros por hora, por lo menos», precisa Jiménez.

La mayoría de las viviendas están sin los cristales, que horas antes lucían a modo de barandilla y que marcan el perímetro de cada casa e, incluso, uno de los bajos presenta un gran agujero en la cristalera del comedor de la vivienda como resultado del golpe de algún otro cristal. «Es horrible, creía que esto no se lo llevaría nunca», apunta aún estupefacto.

Tres trabajadores heridos

Justo al lado de Brisas del Mar se encuentra la obra desde donde tres operarios resultaron heridos al salir volando la caseta de obra en la que se refugiaron. Los trabajadores fueron trasladados a la Policlínica Nuestra Señora del Rosario ya que dos de ellos resultaron heridos leves, mientras que el tercero presentaba heridas menos graves y fue trasladado en una UVI Móvil, según informó el 061. Pasadas las 15 horas, la obra permanecía parada y con las vallas publicitarias que promocionaban la construcción al otro lado de la carretera, arrancadas por el viento.

El temporal en Sant Antoni

El aspecto del tramo final de la carretera de Cala Gració no mejora y se sucede la imagen de decenas de árboles caídos mientras las motosierras continúan trabajando. En el Hotel Cala Gració, la puerta de entrada está bloqueada por dos árboles y un poste, mientras que el acceso a la playa se mantiene cortado. En el interior del hotel, la pista de tenis está totalmente impracticable al estar invadida por pinos tumbados por el tornado. El tendido telefónico, por su parte, que discurre por un lateral de la carretera se encuentra totalmente inclinado por la fuerza del viento.

De regreso y ya por la zona costera, en la que decenas de turistas aprovechan para sacar fotos a un mar enfurecido, el Sol Bahía también presenta daños por el tornado. Un contenedor, que debía localizarse en la calle, se encuentra derribado a pocos metros de la piscina, mientras que la valla metálica de la urbanización anexa también ha ido a parar a la terraza del hotel.

Can Coix

La zona de Can Coix no tuvo mejor suerte. El viento levantó parte del techo del polideportivo, rompió las vidrieras de las pistas de pádel y varias puertas de cristal. En los alrededores, el temporal provocó la caída de varios árboles, de contenedores y de un poste de luz que obligó a cerrar uno de los accesos a las instalaciones deportivas. A causa de los desperfectos ocasionados por la tormenta, desde Sant Antoni anunciaron la suspensión de todas las actividades deportivas en las instalaciones municipales, mientras que el complejo deportivo de Can Coix permanecerá cerrado hasta nuevo aviso.

Los consellers Mariano Juan y Salvador Losa, junto al concejal de Sant Antoni, Joan Torres, visitaron la zona durante la mañana de ayer.