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Olga Merino

Olga Merino

Periodista y escritora

La ley del ‘solo sí es sí’ y las pastillas del freno

Hay días en que te despiertas con más apetito de leer que de escribir, pero no puedes leer porque tienes que ganarte el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Hay días en que, por ganas, te leerías hasta la etiqueta del champú o los rótulos de los vehículos que transitan sobre el asfalto, al otro lado de la ventana :«Grúas Lancha», «Albatros construcción», «Alcacer Mas S.L., Parets del Vallès». Pero tienes que escribir, tomar el pulso del mundo con una ‘polaroid’. Café, prensa, la radio. Buscas un tema sin demasiadas ganas de meterte en jardines, pero acabas tirándote a una piscina de lava incandescente porque, total, qué más da, la sangre ya te hierve cuando escuchas que el letrado defensor de uno de los miembros de La Manada ultima un recurso para solicitar la reducción de la pena… Pero ¿qué está pasando? ¿Nos hemos vuelto locos? ¿Se ha convertido la ley del ‘solo sí es sí’ en un coladero? Al menos en 15 casos, los condenados por delitos contra la libertad sexual se han visto beneficiados por la nueva legislación, que entró en vigor el 7 de octubre.

Ni soy jurista ni pretendo coronarme con el título de fallera mayor del tertulianismo. Tan solo llevo un par de días intentando comprender el desaguisado respecto de la llamada Ley de Garantía Integral de Libertad Sexual, y he sacado en claro más dudas que certezas. ¿Está mal redactada la ley? Creo que no. ¿Tiene fallos? Parece que habría faltado una disposición transitoria para evitar que los condenados por esos delitos saquen provecho. ¿Hubo prisas para colgarse medallas? Puede. ¿Actúan los jueces de mala fe? Tampoco; están obligados a defender el principio de retroactividad favorable de las normas penales. ¿Hubo advertencias previas de los expertos sobre lo que podría ocurrir? Sí. Entonces, ¿qué sucede? En este tremendo pandemónium, todas las partes parecen haberse instituido en abogados del diablo; esto es, en contradictores de una buena causa.

Somos ya grandecitos y sabemos que la magistratura es de natural conservador, que serán bien pocos los jueces que escondan la camiseta de Kortatu debajo de la toga. Pero de ahí a meter a toda la judicatura en la saca del machismo media un precipicio. Puedes hacerlo en la tertulia del bar, pero no cuando ocupas un cargo gubernamental. Pero tampoco es cierto que se esté linchando a los jueces para encubrir un error. Convendría que pisáramos el freno hasta quemar las pastillas.Si la ley no funciona, se cambia. Que unifiquen criterios la Fiscalía y el Supremo cuanto antes. El asunto es demasiado serio como para ponerle trabas o etiquetas de género, porque todos, hombres y mujeres, queremos que nuestras hijas vuelvan a casa sanas y salvas.

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