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Prats, Xescu

El arte, otra víctima del cambio de modelo

La semana pasada tuve oportunidad de participar en una mesa redonda sobre la precariedad en el arte, dentro del Territori Festival, un certamen insólito que ha vuelto a traer a la isla conceptos inéditos y que generan debate. En aquella jornada aprendí cosas como, por ejemplo, que algunos artistas de vanguardia reniegan de conceptos clásicos como belleza, arte social o genialidad, y que incluso defienden que todo arte es político. Yo acudí para hablar sobre la evolución del arte en la isla y allí sostuve la tesis de que el cambio de modelo turístico que se ha producido en los últimos años también ha repercutido negativamente en el colectivo isleño de artistas.

A mediados del siglo pasado, Ibiza vivió una época esplendorosa, con una comunidad de creadores rica y multicultural, en la que una generación extraordinaria de ibicencos coincidió con grandes pintores y escultores de múltiples procedencias. Este fenómeno, insólito en un territorio aislado y en plena dictadura, se inició en los años 30 con el exilio ibicenco de algunos artistas alemanes asociados por el nazismo a lo que ellos denominaron ‘arte degenerado’. Su llegada alumbró un periodo fecundo que años después siguió creciendo con la creación del Grupo Ibiza 59, el Grupo Puget, las galerías de Ivan Spence y Carl van der Voort y el Museu d’Art Contemporani d’Ibiza, entre otros ejemplos, que situaron la isla en el mapa de las vanguardias.

En las décadas posteriores ya existían numerosas galerías de arte, en las que sobre todo se exhibía la obra de creadores nativos o establecidos en la isla. Incluso había negocios de arte en los pueblos y junto a las carreteras. Ya en el siglo XXI, muchas de estas salas privadas han ido cerrando a través de un goteo constante, hasta el extremo de que ya van quedando pocas.

Deben ser muchos los factores que han provocado que ahora los artistas dispongan de menos lugares de gestión profesional donde exponer, encontrarse con su público y vender el fruto de su creatividad. Pero la realidad es que este cambio ha tenido lugar en paralelo a la implantación de un nuevo modelo turístico, que sustituye progresivamente el turismo familiar de estancias largas por otro vinculado al segmento del lujo, que hace escapadas de tan solo dos o tres días y que, sobre todo, llega atraído por la oferta del ocio. Los turistas de antaño, al contrario que este nuevo perfil, frecuentaban las galerías y muchos volvían a casa con una obra en la maleta.

Hay dos razones por las que este nuevo perfil de turista, con un elevado poder adquisitivo que le permite adquirir las botellas más caras, reservar villas y suites a precios disparatados y acceder a las zonas vip de discotecas y beach clubs, no consume arte local. Una es el tiempo: al hacer escapadas más cortas, prioriza el motivo principal del viaje, que es la fiesta. La otra causa es el desinterés: este tipo de viajero, a nivel general, ya ha demostrado reiteradamente su escasa preocupación por la cultura local y la producción artística, sobre todo si lo comparamos con el turista tradicional. Si el arte siguiera siendo interesante en el marco de este nuevo modelo, muchas galerías seguirían abiertas.

Es cierto que en los últimos años se han inaugurado algunas salas, que en cierta manera compensan el gran número de las que han cerrado, pero poseen un modelo de gestión completamente distinto. Apuestan por un catálogo de artistas foráneos reconocidos internacionalmente, cuya obra se adquiere por inversión, y apenas establecen vínculos con la comunidad local de artistas. El arte, en algunas de estas nuevas gale-rías, se constituye como otro producto de lujo, al mismo nivel que puedan ser los muebles, la alta joyería, la moda o las villas.

Ante este panorama, el sector público, con sus espacios expositivos, se erige en el principal eslabón entre la comunidad de artistas y el mercado, pero su labor es insuficiente. Es cierto que algunos hoteles del sector lujo han habilitado espacios para el arte donde tiene cabida la obra de Ibiza, pero constituyen la excepción que confirma la regla.

Durante todo el siglo XX, el arte tuvo una importancia capital en la imagen que se trasladaba al mundo sobre Ibiza y en la conversión de nuestro territorio como destino turístico interesante y único. Hoy por hoy, las vanguardias artísticas locales han perdido parte de la visibilidad que tenían antaño. Recuperarla debería representar uno de los grandes objetivos de las políticas públicas destinadas a la cultura. Se requiere mayor colaboración público-privada y, de la misma forma que desde las instituciones se fomenta, por ejemplo, la cultura gastronómica, debería potenciarse el arte.

@xescuprats

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